La Selva de Próspero

Sapere aude!

25.8.25

 Por lo visto, he desaparecido de Google. Respiro. Escapo al sistema. He sido excomulgado. Soy John Wick, pero a lo bestia y en lo filosófico.

5.4.24

 ¿Creéis que volveremos a leernos? Hemos usado este medio, porque pertenecimos a otra generación. Algunos os habréis actualizado, otros quizás no y unos pocos... no sabemos. Imagino un cuerpo jugado, sentado en una residencia, con vida dentro, leyendo lo que fue escrito. Ni siquiera se llegó a conocer a gente que dejó sus comentarios. A los que se conoció de algún modo, quedaron por ahí y a ese "ahí" le ponemos el topónimo de "olvido" -para calmar la necesidad de justificación o para perdonarnos a falta de un redentor en quien confiar-. Quizás se comienza a leer a alguien por asombro y se le deja de leer cuando ya se cree haberlo juzgado hasta apaciguar el asombro. No sé realmente la razón. Lo que compruebo es que de las muchas realidades que nos asedian, esta del blog fue más respetuosa a la hora de reclamar lo que se pensaba de las cosas. ¿A dónde quiero ir a parar? Estoy parado, detenido, estancado y en descomposición; residente, en suma, por tanto no voy a ninguna parte con estas letras. Me he acordado de aquel tiempo en que la invectiva se creía gloriosa y me ha dado por soltar este barro. 

4.12.23

Cosas por las que abrirías un agujero en frente ajena, si supieras disparar

 La publicidad desmedida, falsa, acosadora, despiadada; los tertulianos vacíos, huecos, grasientos, de halitosis retórica y rebuzno quejumbroso; los que marcan tendencia y abdominales de romano recomendando salud, medios para la salud, sustancias para la salud, métodos para la salud y todo lo que no sirve realmente para la salud; los fariseos - escribas - publicanos y republicanos (influencers los llaman) que tienen el graznido justo para provocar mareas entre los alelados sin criterio (followers los llaman); los tiktokers macho indiscernibles de las tiktokers hembra en el agobiante ansia de banalidad;... 

El pensamiento

Si te paras a recordar, a lo mejor estoy en ese tiempo donde quedaba algo por delante; quizás puedas situarme ahí un pequeño rato. Ahí yo era la solución y el problema, una frontera puesta por ti para que sólo hubiera dos países: el tuyo y el mío. Desde ahí, ¿qué ha pasado después? Creo que nos metimos en la niebla y nos pusimos a decorar en la niebla, sin ver y, por tanto, sin sentir como hay que sentir: sin que importen las consecuencias. La niebla nos ha dejado sin causas, sin consecuencias, sin momentos; y para eso sólo ha hecho falta que la maldita niebla desaparezca. Somos Don Quijote en el último capítulo, con la cabeza sobre las doloridas cervicales que la unen a los hombros. No sé a ti, pero a mí no me ha quedado ninguna "concepción del mundo" que llevarme a ultratumba. Para mí las cosas sin piel nunca han dejado mucha concepción. Hace frío. Queda un jergón para quejarse y para cagarse en el arrepentimiento que queda cuando no se ha quedado satisfecho. Es un jergón manchado con las impurezas que nunca se practicaron y con los pecados que nunca se cometieron, un jergón sucio de pureza. No hemos sido lo suficientemente cochinos como para que nos admiren como a cerdos. Pero ahí, en ese pequeño rato del tiempo, no hubo pensamiento del que pudieran desencajarnos, era un pensamiento que no dejó ni un solo resquicio como para que pudieran bautizarlo como "obsesión". En ese pensamiento todo estaba fundido de un modo seminal y uterino, uterino y seminal, a conciencia. Podemos decir que nos quedamos en el preludio de un génesis sin relato ni criaturas que recrear. Quedó todo en pensamiento regado de copitos de nieve y mermelada de higo, mientras un humo de asar castañas intentaba calentarlo con realidad. Es posible que tus imágenes sean otras, que tu ciudad sea otra, pero buscábamos una frontera que poder atravesar cada noche. Sin embargo, el jergón demuestra que acaba por imponerse una castidad políticamente correcta y aburrida como la muerte. 

8.6.23

¿Usted es la pequeña molestia que acaba las cosas? Me dijeron hace años que si usted llegaba en el momento oportuno, no me importaría. Así que este el momento oportuno y a la indiferencia me remito. 

Cae fuerte, ¿verdad? Una tormenta más, agua brava, ruido y algún estornudo. Esta lluvia de tarde noche no da estructura, es como usted y como yo, inconstante, de estar por casa ajena. Da gusto poder notar que llueve y que cae la noche y que los truenos aún despiertan no sé qué, señor, no sé qué. Dentro de unos días, el temido calor -lo digo como si la epidermis no fuera susceptible de hacerse antes ceniza-.  Pero mientras las gotas (ploc, ploc, ploc) en el patio me distraigan, da todo igual y da lo mismo; mientras las gotas caigan. 

¿Y lo importante? ¡Qué pregunta! ¡Y a estas horas fuera de horario! Mire ahí, en el contenedor "Nueve de agosto", mire. Fíjese también en el armario "Treinta y uno de octubre".  ¡Como para que me pregunte usted por lo importante o por lo urgente! Y la lluvia, ¿lo ve?, ajena a la sequedad de cualquier respuesta para el pingajo de la importancia. Aun así, la serenidad de la indiferencia que no se busca es lo importante. Le respondo con el corazón bajo las alas, sin plumas y con barro en la mirada. Demasiados mensajes, mucha carga, sobrecarga de dimes distorsionados y de diretes inconexos. ¿A que sí? Cosas de esta edad que, en el núcleo, es como las otras. Nada nuevo bajo el sol, ni nada solar en cada novedad. ¿Cerramos los ojos? Si lo hacemos, dejaremos de vernos y nos sentiremos, no sé cómo, pero nos sentiremos. El caso es que así, palabra a palabra, la sensación de que algo queda ocupa el vacío. 

2.9.22

 Cincuenta y siete años y dos meses. 

Lo que sucede parece repetición. Cuando se vive la repetición, hay que irse, habría que irse. De verdad. Dejo que sucedan las cosas. Los nervios dejan de jugar. Nada, no hay nada, es así. Cada cosa tuvo su momento, muchos se han ido, todos han sido olvidados. Lo de ahora y lo de antes no pueden parecerse, la continuidad no se da siempre. La continuidad no es continua ni continúa. Puede haber algo que quiera ser dicho o repetido, pero es un síntoma o un reflejo sin vitalidad. 

Aquí está el punto. De aquel "Quise amar desde tantos planos que me convertí en un punto", esto es lo que queda: el punto. No dejé de pensar, hasta ahora. Intenté no dejar de vivir, hasta ahora. Es el punto. 

¿Cuándo vais a venir? Nadie vendrá. En la calle oscura está Manojito de Huesos, una imagen hecha cenizas. El que fue mi vehículo está aparcado en la calle de un conquistador. En el maletero hay una urna. Manojito escribió que volvería a La Piedra, allá en los cielos. Una cuestión de fe, una realidad para él. Mi padre y mi madre no cometieron un error, mi conciencia es el error.


27.8.22

 Cuidamos de aquella niñita como pudimos, hasta que cumplió la edad de dieciocho. La tratamos como una más de la congregación y se adaptó perfectamente a sus compañeras y hermanas. Aunque de padre ignoto y de madre por todos tratada y conocida, la carencia de tales elementos no la afectó. Tanto mis ovejas y yo supimos darle lo que todo animal necesita para subsistir con dignidad y sin penuria en las tierras de este pueblo. Pero con la edad que mencioné María Plata Dólar no podía continuar en el rebaño y la envié a la ciudad donde recibiría el sacramento de la urbanidad y donde aprendería la virtud de la hipocresía. 

Me dicen que está aprendiendo el respetuoso oficio de su mamá y que lo desempeña a niveles de alto standing sin comprometer su corazón y poniendo técnica y cerebro en la profilaxis que sus tareas requieren. 

Quizá algún día este pastor que os habla se acicale y vaya a la ciudad para visitar a su antigua ovejita y recordar los felices momentos en que fue parte de mi rebaño.

 Me bebí litro y medio de Santolín, porque una samaritana de Jaraíz del Hoyo Fresco me aseguró que ese agua era de la que llamaban "de la vida eterna". Como soy tan arriesgado como crédulo y estúpido, a prueba puse la inmortalidad del fluido cosiéndome a mí mismo a puñaladas secas con un recién comprado machete de Santiago del Campo. Sajé hasta la amputación mi brazo izquierdo y la pierna derecha hasta quedar tendido en el parking como fruto de virtud gitana en medio de un pantano de sangre negra. No cicatrizaron heridas ni a reunirse volvieron los mutilados órganos con su antiguo cuerpo. Tuvo a bien el Fauno de Talaván, que por allí pasaba, obrar con su magia y encanto el prodigio de mi reconstrucción a cambio de componerle un grimorio de elegante hechura una vez estuviese yo nuevamente entero. 

Han pasado dos semanas y yace a mis pies la samaritana del lugar antes citado con sus puertas absolutamente abiertas y sus fuentes despechadas. Antes de mi factura le di a beber dos litros de Santolín para esa eternidad que el verbo de su boca garantizaba. Pero ahí está, muñonada y cárnica, en reposo mortis y lejos de vía que lleve a eternidad alguna. 

19.8.22

    

1. La inminencia se presiente, no se percibe; el presentimiento es más inconsistente que la percepción y ésta tampoco garantiza cosas demasiado firmes. Dedicado a los hipocondríacos que hacen de la inminencia una constante.

2. Hacer testamento da una apariencia de completud a lo vivido hasta ese momento. 

3. El sofá que tras muchos años se muestra intacto representa haber llevado una forma de vida incómoda y de una moral pública impecable.

4. Saber el día y la hora obliga a una puntualidad insoportablemente austera. El engaño de la esperanza es el paliativo para sobrellevar una certeza así. 

5. Algunos ven una misma película infinidad de veces, pese a conocer el desenlace y no se toma por absurda tal cosa. De igual modo, no es absurdo vivir o sobrevivir, aunque se conozca ese desenlace en el que el protagonista muere. 

6. La jubilación es el punto de fuga de los inmotivados y anodinos actos cotidianos.

7. El ocaso es el final de autovía que da entrada al casco urbano de la dependencia. 

8. Hoy ser erudito no cuesta nada; de ahí la mediocridad de la erudición actual.

9. ¿Quién quiso oír mi voz? Dicen que un sordo que gustaba de ver mover los labios.

10. Te sientes llamado cuando te hacen sentir que eres el último.

11. No se puede culpar de todo, pero sí responsabilizar de todo; de cada parte del todo alguien conoce la respuesta a la pregunta que plantea. 

12. Hay pensamientos de fin de fiesta y de aventura acabada que lucen como epitafios.

13. Apagarse, consciente de ello, es antinatural. También la conciencia se apaga con el cuerpo que se consume.

14. Si el ser humano me hastía, soy yo el que se ha redimido de esa condición. 

15. El domingo, sin señor, no hay borrego que lo resista; pero hay más lobos cada ocaso que pasa y el lobo sabe celebrar ese día.

16. Hay un género que se enorgullece de mostrar los días como si fueran piedras preciosas y duraderas. Los roedores no actúan así y sobreviven.

17. Cuando veo caer la noche, lo que realmente cae es el día.

18. Sin la suficiente ventilación que permita el paso de un oído a otro, no conviene escuchar ni saber hacer tal cosa. La acústica de nuestra sociedad favorece la indiferencia. 

19. Los protocolos, los algoritmos, lo acostumbrado -y por ello moral- han permitido esa comodidad de muertos en vida que agrisa a los que nos rodean. 

20. Celebrar es un acto envenenado de interés con fecha de caducidad.

21. Los zapatos en el suelo del salón desordenan el viejo principio del orden.

22. Mi madre se apagó al nacer mi padre.

23. Una pared blanca, una mente oscura, distancia y una taza de agua fría: ese es el cuadro de una vida perdida.

24. Las chanclas ya no pueden sostener al que como ceniza está junto a los restos de su madre; pero pueden pasear la imaginación del que desaloja la casa para embargarla.

25. En una pequeña bolsa de plástico, estrechamente abrazadas, muchas estampas de santos con oraciones al dorso son el único legado para el hijo del beato.

26. Sólo la mirada habla y dice sobre el manojito de huesos desahuciados lo que nada más puede expresar. 

27. Funcionar es vivir, aunque ignore la función de su maquinaria. Para funcionar no hay que saber funcionar.

28. El incienso produce alergia en el oficiante; es un alérgeno que, para los presentes, transporta el espíritu del ausente. 

29. Enterrar a los muertos es obra de misericordia. La obra de la justicia ofrece los restos para esa misericordia. 

30. “Ha fallecido”, pretérito perfecto.

31. Los que ven el mar no quieren retornar si están vivos en vida. 

32. Es lo que queda de cincuenta y seis años de vida: un perro, su amigo y el ángel de la guarda que les une.

33. Las cuestiones prácticas son problemas que, como la basura, se acumulan y dan aroma y relleno a un patio moribundo.

34. Maldecir es inútil y el diablo es un ángel que rueda sobre las pautas del papel mojando todo. 

35. Los que eran ya no son como eran, han ido llevando al acto el veneno que eran en potencia.

36. Mientras pensaba un aforismo mi padre ha fallecido. Setenta y dos horas después las palabras se han perdido en un laberinto de incertidumbres, miedos, impotencia y penas. La muerte próxima extravía, altera y confunde. Es otro tiempo, corto, que se puede vivir con otra hondura. Ahora, sin embargo, busco sin saber.

37. El perro mira con ojos suplicantes de niño para que no se cumpla su imaginario temor de poder ser abandonado. ¿A quién suplica el abandono de quien se abandona a sí mismo?

38. Muchas palabras formales hacen de piedra el tímpano, insonorizan y llevan a esa despersonalización tan horrible de sentir.

39. La profesión de ayudar es de amplio espectro y poco eficaz para el hueco vacío de este tiempo.

40. Ninguna alegría se desnuda por completo para evitar la metamorfosis del aburrimiento.


25.6.21

 En mis diarios ya no leo recuerdos. Cada cuaderno guarda en el formol de la tinta una parte del cadáver que se fue desmoronando en vida. Lo que llega sobreviene y no dirán de algunos que nos hemos ido. No hay una liga de solitarios ni el dolor es único. He cruzado la medianoche, cada cual sabe quién es tras ignorar lo que ha sido y será: así se sobrevive como visitante de asépticas estancias. Ni se balbucea ni se suplica el adiós: lo otorga el ser. 

Ansetobeah

13.7.20


Se ha depositado todo, en ese Occidente que vendió su alma al dólar y al euro, a la seguridad. Queremos la aséptica seguridad de hijos, seres queridos y demás bienamados. Pero, ¿es consciente la gente de lo que significa desear la asepsia y la seguridad absoluta a quienes queremos? Esa torre de marfil, esa tumba de diamante, ese cadalso impoluto en el que todo es diagnosticado y peritado por máquinas y analíticas... ¿Qué ofrece? ¿Qué preserva? ¿Qué garantiza? ¿Qué se da a cambio? ¿Qué se recibe?... Hay quien dice que es cosa de filósofos. Mientras las cosas que más nos importan sean cosas de filósofos, poco importa que la gente viva o muera. Si vivir es el acto mecánico de mantener las constantes vitales y no sentir dolor, y a ese vivir le ofrecemos la libertad, el dinero y firmamos por que nos lo preserven, habría que cuestionar si ese vivir es la vida que ni hemos pedido ni hemos deseado.

Se habla de cuántos contagiados o muertos ha habido de coronavirus. Y, ¿sabéis una cosa? Os engañan, se burlan de vosotros, os toman por miedosos y timoratos, os toman por protegidos y amparados. Decid a esos, cuestionad a esos que os dicen la estadística diaria de fallecidos y contagiados por un virus, cuántos se suicidan a diario: en nuestro país, en el mundo. Preguntad cuántos se suicidan cada día en el mundo. Y, cuando la curva se estabilice y mueran al día menos de diez mil personas en el mundo por causa de sí y por voluntad y desprecio de sí, daros por contentos, porque esa cifra sigue sin bajar. Y se trata de gente "sana", sin virus, con plenas facultades, sin depresiones, conscientes de la barbaridad que el hombre está cometiendo contra el hombre.

25.6.20

Los Purificadores del Paraíso


Los Purificadores del Paraíso combinan el ahora popular virus con el no menos popular ébola. El objetivo es evidente para los que entiendan el significado de las palabras del grupo. Hace tiempo uno de sus componentes, compañero de instituto, me habló de sucesos acaecidos y por acaecer, vinculados a sus estudios sobre inteligencia artificial. No puedo referir aquí el nombre, es evidente. Me relató el presente en el que temporalmente estamos, sin desvío alguno en la verdad de la realización de los acontecimientos que me fueron relatados, pues doy fe de tal cumplimiento. No me ahorró detalles, ni cayó en el frecuente escrúpulo de no alarmar. Para X "alarmar" no es un verbo que concierna a la ciencia y sabe que él y yo servimos, cada cual a su manera, a la ciencia pura.
Supe de los Purificadores en un escondido y nocturno bar de Madrid, donde antiguamente quedábamos un grupo de amantes de la filosofía para divagar y ahondar en todos los vacíos y en el vacío. Éramos aprendices de pensador proscritos por lo actual y su futuro. Cada uno de nosotros intentaba hace crecer el germen antes de tiempo, pero la precipitación acaba por ceder a la educación y a la formación que ésta proporciona.
Con el paso del tiempo dejé de saber de mis compañeros, hasta que una tarde de sábado de un fin de semana que aproveché para visitar a mi padre en la residencia, coincidí con el viejo X. Sin pretenderlo, se me dio noticia de los Purificadores: su creación, su objetivo, sus métodos, su misión. Fue un relato que no podría reproducir tal cual me fue narrado; y sólo puede ser narrado sin escatimar nada, salvo que aceptara el innecesario riesgo de distorsionar algo absoluto y valioso sin distorsión alguna.
Este es un fragmento de una de las cartas de X en las que habla de su trabajo:

"Hemos conseguido reducir la supervivencia al 32% en el intervalo de una semana de incubación en una población de cien elementos. No es suficiente. Orientamos nuestros esfuerzos al plazo máximo de veinticuatro horas una vez que la combinación viral penetre el cuerpo de la cría humana. La eficacia del ébola y el camaleónico tránsito del SARS - CoV - 2 son dos cualidades que nos permiten estimar como factible ese plazo. El grupo no pretende crear un intruso con el que convivir demasiado tiempo; al contrario, nos basta una presencia que garantice el colapso global, un tiempo que podría estar entre las tres o cuatro semanas. Si ese intervalo queda garantizado científicamente en una probabilidad cercana al 100%, instilaremos en nuestra creación un código de auto eliminación. El universo de discurso al que nos dirigimos son las crías: esa es la clave. El resto vendría de suyo..."
Me vino a la mente un nombre para ese proyecto de Los Purificadores del Paraíso, saltó como una chispa en mi mente contaminada por las lecturas e ideas del viejo mundo: Proyecto Herodes. El nombre no hace justicia a la claridad y distinción del objetivo que mueve a la élite intelectual de referencia en estas líneas.
¿Relativistas? ¿Escépticos? ¿Nihilistas? No me parecen calificativos para ellos. Se dedicaban a estudiar la vida y, sin cuestionar la premisa de que la vida es valiosa en sí misma, apostaron por más vida y mejor vida: eso excluía el género humano e incluía el resto de géneros y especies que se limitaban a vivir, sin otra extralimitación que atentara contra la vida. Los vivientes, sin embargo, no eran hábiles ni fuertes para seguir viviendo si no erradicaban la causa, la causa humana -para algunos, para el grupo, la inhumana causa del hombre-.
No concibo el tiempo que pueda quedar; no lo concibo, porque no me importa. Mi responsable irresponsabilidad de ser humano también me condena a los experimentos de los Purificadores y acepto lo inevitable con una gustosa voluntad. Hay paz en la guerra contra el hombre; sobre todo, cuando la guerra es científica, empírica, demostrada por el abanico de razones conocidas desde que la razón es razón, y aun antes.
Los informes recibidos -dádiva de un admirador de mi antigua inteligencia- muestran que la nueva criatura está preparada para el viaje final. El nombre es lo de menos, es el nombre de un combinado mortal al que llaman "el limpiador". No han caído en la fácil y vulgar mezcla de nombres de los factores originarios (el SARS CoV 2 y el ébola); saben que sólo los efectos cuentan y que el resto es un mal relato.
Me sentía mal en los últimos tiempos. El exacerbado miedo a la muerte era obsesivo y no reaccionaba al tratamiento farmacológico ni al ritual psicológico. El encuentro con X y la noticia de su trabajo fue premonitorio y salvífico. Cuando más informado estoy del plan y del avance de los resultados, mejor me encuentro. El miedo ha desaparecido y, algo que jamás creí posible en lo que me restaba de vida, tomo la muerte propia como algo natural y la de los demás como algo urgente y necesario para que el planeta siga su rotación y su traslación sin el parásito que lo está consumiendo.
La fecha no es cierta aún, sólo un rango es, más que probable, matemático. A principios del próximo de año “Herodes” (así lo he bautizado) comenzará su justicia y la Tierra renacerá. El dinosaurio humano desaparecerá en un mes y sólo dejará restos que habrá que incinerar para la asepsia de las restantes especies.
Por mi parte, he visto todo y, en el día a día, se repite todo. Pero la repetición de lo mismo se tolera y se sonríe ante el mismo porque la naturaleza me ha mostrado que la muerte es el regalo de quien se compadece de ella. Y es esa inteligencia de las cosas, esa sabiduría de la naturaleza, la que me hace sentir también un elegido, como Los Purificadores del Paraíso. En breve la Tierra volverá a ser eso, un Paraíso; y el hombre ni siquiera será un recuerdo.

14.6.20

El hospedante del depredador amigo

Ayer... ¿dónde?... en televisión... epidemiólogos... La Sexta... lo decían: Está aprendiendo, se oculta, se divide y se aparenta mutilado el virus para ocultarse... Aparenta ser más débil para residir mejor y procrear en el habitado, como en un caballo de Troya, como en el texto épico, para librar su batalla contra los fuertes... Ya no le interesan los débiles: son premio o paga asegurada... Se camufla, se hace débil, él también puede vestirse con desnudos para que le juzguen como una nueva cepa sin interés... Pero aprende, se congrega, para que el arrendador no padezca síntomas hasta el momento marcado... Tiene su fecha, tiene su día "D" y su hora "H" para mujeres, niños y adolescentes... Lo saben... El estudio está... en laboratorios... españoles... Intuyen la estación, la saben... No saben el mes ni los días ni el día ni la hora. Pero le han aislado, han creado en laboratorios un entorno de vida similar al que se da entre hospedadores vicariantes y lo han visto: el coronavirus quiere propagarse sano, no quiere gente enferma ni débil que, al morir, hace que el coronavirus muera con ella. El parásito coronavirus ha aprendido a hacer temporalmente las paces para reproducirse en los troyanos fuertes como un aqueo... Ahí están, preparando una ofensiva en la que sólo quedarán individuos sanos que hayan pactado una relación hospedador y parásito que les una para crear una raza que sea superior en la naturaleza... Por eso, ninguna vacuna en la que se está trabajando matará o engañará a la nueva cepa que aprende, que ya ha aprendido... Los elegidos serán aquellos con los que el parásito o el vicario, como sucede con los vicarios de los tiburones, establezcan un pacto biológico. La única condición vicariante y vicario es no padecer una enfermedad: eso rompe el pacto. Quedarán los elegidos, los hospedadores y los hospedados que creen una vecindad. El resto, morirán. Yo ya estoy muerto; sólo queda que encuentren el cadáver. ¡Y qué descanso eterno la muerte, esa transformación de las pocas energías que me quedaban!

19.2.19

"Morirás solo; hombre o mujer, adulto o niño, anciano o recién nacido, morirás solo. En ese instante, ni te darás cuenta. No verás una luz ni te vendrá toda la morralla vivida a la cabeza; estarás grogui por el cansancio de la enfermedad o del accidente -ni reconocerás a los próximos, a los cuerpos que estuvieran más cercanos a ti-. Lo que en el estado de conciencia actual crees que es permanente, con una identidad y con una forma, ni siquiera constará en los archivos del cerebro mutilado por los medicamentos o por la técnica que utilicen para transitarte al depósito.

Que morirás solo, no quiere decir que vivas también solo. Es raro vivir solo, cuando estás en una sociedad. Sí, hay gente que vive sola y que muere sola en un continuo sin alteración. Pero si tienes algo que ofrecer a la economía o al cotilleo, nunca estarás solo: el buitre siempre sobrevuela sobre la carne -viva o muerta-. (¿Conoces algún buitre? El buitre y la hiena son compañeros honestos: no torturan, van a tiro hecho. Mejor un buitre o una hiena que un hombre. Creo que digo evidencias de perogrullo. Perdóname). 

Tienes que sufrir menos y despreciar más. Debes buscar la cárcel por algún motivo que no sea quitar la vida ni herir a nadie. En la cárcel descansas, si tu conciencia entra tranquila en presidio. Pero un verdadero presidio, una cárcel de verdad, una cárcel de diccionario, no un zulo en el que te hayan recluido para diversión y tortura. Eso no es una cárcel, es un cadalso. Nadie merece eso, animal racional o irracional, no lo merece. Es una razón para legalizar la eutanasia: liberarse de la esclavitud revestida de libertad que te ofrecen torturadores adocenados, gente de medio pelo, que conspira contra ti y están bien vistos. 

Recuerda: morirás solo, vendrá la muerte y tendrá tus ojos."

16.1.19

Si muero hoy... 16 de enero.

Antes de salir a la calle pienso que hoy el mundo estallará. Pocos se van a dar cuenta. Quedará Dios con todos sus nombres y nada más. 
Si muero hoy y el mundo no estalla, nada pierdo. Mi opinión y mi juicio sobre el mundo no merece mi esfuerzo -sería un acto solitario-. Ninguna persona merece una emoción. La naturaleza, en cambio, merece que no haya hombres ni mujeres; para subsistir. Yo creo que la naturaleza usa la prótesis del hombre para purgarse, el hombre es un purgante; por eso la naturaleza acaba con hombres-mujeres-y-niños. 
Es hora de salir. Dejo aquí el corazón.

7.1.19

Estrella

La pronta calma
del invierno más frío
se llama muerte.

3.8.18

Venus deja su pañuelo

Venus deja su pañuelo y nadie lo recogerá. Ese paño es una tela que flota en la madrugada vacía. Una tela rosa y azul, un claro azul, un rosa rosa. La madrugada, aunque ardiera, es fría. La madrugada es el plato de una ducha y un hombre acurrucado protegiendo un vaso de vino, al que mima como a un bebé que fuera a nacer. Nada se romperá. No hay pedazos que antes no hubiera. El cable de la ducha forma un dogal que quiere abrazar a un niño. El niño necesita el vino para ser niño, tinto vino, roja sangre, lágrimas sin aire. No verá el pañuelo. ¿No esperó lo suficiente? El trago más intenso convierte los pulmones en un mar tranquilo que todo lo colapsa. 

1.8.18

En la recta de la calle

Cada paso es un ascenso y tensas los pies, subes, piedra a piedra. Por horizonte todo y nada; porque da lo mismo y se ha superado el obstáculo del miedo. ¿Quiénes? Preguntas que bajo el sudor desaparecen. ¿Por cuánto? ¿Desde dónde? ¿Por qué? Ráfagas de aire y una mirada hacia arriba, pisando rápido, en obsesiva ascensión. Y todos juntos, ordenados, sentados en el ala oeste de la conciencia, velando experiencias sin recuerdo. Las voces callan, el genio dirige. Pasos y pasos, concentración, sin obstáculos. El Genio ha matado a todos. ¿Y qué ahora? Lo mismo de antes: nada. Cumplió su promesa y hoy prepara los últimos derramamientos. "Te lo prometí". Esa es la metralla que hace pisar hasta romper los tendones. "Pagarían. Te lo prometí". Y no pienso en él, no existe, no hay misterios, no hay ángeles ni genios; porque no puede ser, porque ha matado a todos. "Te ofendieron gravemente, te ignoraron". No, no fue así; los pasos aplastan las piedras, el aire parece faltar, pero la respiración sigue el ritmo. Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda. No pararé. "No fuiste tú; fui yo. Tú solo me pediste justicia, equilibrio de la balanza. Quedaste perdido por su desprecio y su mala fe. No eres culpable". Y no basta. Los abductores no pueden insuflar más sangre al paso; entre el trote y la carrera, los pulmones resoplan, el sudor resbala por el cuerpo y él continúa. "Los maté; sí, señor. Y no es una canción de Chavela: soy El Genio y no puedes entrar en cuestiones que superan tu estable normalidad. Ya quedan menos y, en breve, segaré sus juncos y la sangre volverá al río... Mira... Mira el río... Ahí... Es limpio, cristalino, sereno... Disuelve la sangre sin que nadie sepa si la muerte es muerte". Respiro, con ritmo, con fuerza, trago saliva, trago tramos de respiración y sigo; toda la fuerza en abductores, en tendones, en rótula. Flexiono los pies, fuerzo los abdominales, el cuerpo es una perfecta máquina y el corazón un motor perfecto; pero el aire entra hasta lo más hondo a través de los oídos, se escucha, se hace de nuevo palabras. "Nemo me impune lacessit! Y no por tu deseo, sino por los actos de otros que te arruinaron. Tu padre tenía el don; y tú lo consideras una maldición. También tú morirás, pero antes ellos recibirán la saliva de tu epitafio". No puedo más, el horizonte es infinito, no acaba; los pasos rápidos, muy rápidos, quebrando mis pies, rompiendo y explotando los tendones, los pulmones ardiendo y silbando la agonía. No quiero más, no puedo más, no escucho más: sólo el silencio de la marcha, del ascenso, concentrado, solo sudor, solo una sudorosa lágrima que mancha las piedras, las aceras, la solitaria calle, la cortante recta. Los pasos se acumulan, ¡todos!, se hacen uno, el último: ni un traspiés. El corazón vomita su sangre en la recta de la calle. 

5.5.18

Sin título.

Calculo horas planetarias, busco la emoción y el sentido que oculta cada hora. Calculo qué emociones y qué sentimientos han de ocupar cada minuto; y cuento para ello con los astros y con el movimiento de la Tierra. Busco en mi búsqueda el momento, ese momento de lo que debe ser y de lo que debo hacer... ¡Como si estuviera escrito! ¡Como si pudiera adivinar lo que ha de ser!
Empleo mi tiempo en el tiempo. Encuentro señales, perfecciono el arte de la bibliomancia, practico a diario una especie de lectio divina para no olvidar quién soy y que soy. 
Han cambiado las cosas, porque han variado las fuerzas. Algo de debilidad es necesaria para sentir la verdad. Cuando la debilidad es extrema y llego a percibir el umbral que separa realidades distintas, más cercana es la verdad y más se vive. En ese momento -el momento de lo que debe ser y de lo que se debe hacer- el cansancio se convierte en serenidad. Hay un cansancio que suelta lastre y aligera la vida. 
Los momentos de la conciencia no son los momentos de la vida. Cuando la conciencia lamenta y recuerda, le dice "no" a los momentos que vendrán. Cuando la conciencia busca en el horizonte algo y deja de pensar, la vida se acerca y el pensamiento siente un cansancio que lo eleva hasta el sueño. 
Calculo en mi soledad cuánta soledad puede caber en ua hora. 

28.4.18

Demasiada tierra para tan pocos mundos.

31.3.18

La carretera mata. El sol se mete en la cabeza y conduce en lugar del piloto: así mueren muchos. El viaje acaba. Por eso las aseguradoras tienen en cuenta ese detalle cuando alguien compra un automóvil: prevén que el comprador pueda morir en carretera y dan de alta pólizas para el caso de que el piloto pierda la vida. Según Estadística mueren mejor los acompañantes. ¿Conoces algún acompañante de cuya muerte seas culpable? Si es así, ¿cómo es sostenible tu vida? ¿Tan importante es lo que te ata? Lo dudo mucho. Toma un calmante, serénate y acaba el viaje por tu cuenta.

Acédicos

Hay personas que vampirizan el entusiasmo. Les gusta que seas un instante para ellos, aunque luego quedes en la cuneta. Tienen sus justificaciones; ni siquiera necesitan, realmente, justificar. Este juego es un círculo que se repite. Lo doloroso es que se acaba desapareciendo para todos en uno de esos empeños. A posteriori da la impresión de que la víctima no es madura y no sabe asumir los golpes. Recuerdo lo que dice Jimmy (Sean Penn) a Dave (Tim Robbins) en Mystic River cuando le apuñala y Dave afirma que no está preparado para morir: "Ya te lo dije, Dave, siempre se muere solo". A continuación dispara. Es una escena que deja mal cuerpo si hay sensibilidad. Esas personas de las que hablo -da igual el género: masculino o femenino- son como Jimmy o como Celeste, la mujer de Dave. Crueles como uno o cobardes como la otra vampirizan el entusiasmo y arrebatan la vida. También ellos mueren solos. 

30.3.18

Los ocultos están ahí.

La lluvia es agua de siempre. Las ruedas girarán sobre el agua de esa lluvia y te llevarán ahí, donde ahora mismo estás pensando. Y te quedarás allí, tumbado, sin eso que llevas dentro y con un respiro dirás lo que quieres decir. Así me hablo. Usted ya tiene su vida; vívala, si puede. Usted no es mi problema como yo no soy el suyo. Hable con Dios. Y si no hay Dios, entierre a sus muertos; siempre hay algún muerto al que enterrar. 
Y a usted (o a ti) que se maneja en el subsuelo: no se calcula el tiempo del hartazgo y del hastío. ¿Qué importa cuánto sea el tiempo? Lo que importa es la muerte de lo vivo; y cuánto tiempo lleva muerto lo vivo, haciéndose el vivo. 
Si usted (o tú) se metiera aquí dentro, se sorprendería de no sentir ningún miedo por lo que se pudre. No lo sentiría. Se manejaría con florecitas de primavera o con crucecitas de pasión. Se comportaría como el cadáver que es y que transpira. 
Si un rayo de luz rompiese esta ventana y me partiera en mil pedazos mostraría todas las motitas de polvo que uno es. Usted es esas motitas a millones. 
Abrid las celdas.

21.3.18

Impresión

Así, destartalado, farraguas, como clochard y de reptil; así, enemigo o camarada, sin nadie y con nada, lento y pesado; así, desentusiasmado y sin raíces, arrancado y en exilio; así, sin pretextos ni justificaciones, obligado, señalado por las circunstancias; así, bajo efectos secundarios de la soledad, indeciso, machacado; así, jironado, malogrado y en declive, en el último suspiro; así, de infarto, a sabiendas de los otros, inevitable; así, perdido, sin otros, nada y nadie, al vacío; así, con el gorrito, trastabillando por aceras y entre coches, como mi padre; así, sin merecimiento, indigno y ni siquiera indignado; así, diana de impostura, semoviente impecune, saco de paliativos; así, cero en olvido, caso imposible, hueco en la conciencia ajena; así, miserable tolerado, equívoco explicable, fruto de culpas; así y con el gorrito, bajo el frío y la alucinación, así, así; así se despide aterradoramente un brote de la vida. 

20.3.18

Lo que te define es lo que se va

"Fuiste pintado con colores muy oscuros". Lo fui y son los colores que la vista pierde de vista conforme los años y los días pasan. Ningún color predomina. El color es cosa de sentidos: poca cosa. También el sonido lo es; pero me cuesta escribir que el Stabat Mater de Pergolesi es poca cosa. Y me parece traición escribir que el golpe del frío en la cara sea poca cosa. Me entiendes, desde donde me leas o me sientas, me entiendes. Colores oscuros, Sísifo, colores oscuros para una mirada única como la tuya que supo ver esos colores y definirme. Este Stabat Mater se eleva para ti con mi recuerdo. "Todo está bien". ¿Sabes? Este es el tiempo, el inicio de la primavera, el frío inicio de la primavera, para recordar el círculo en el que creemos estar y exclamar ese "Todo está bien". En ese círculo de estaciones nos definimos mientras nos vemos como desde fuera. 

Me meto en el Vidit suum dulcem Natum y saludo a la primavera: efímera, simbólica, flor de un día. ¡Ay! Siempre estaba quejándome. ¡Hasta en primavera! ¡Sobre todo en primavera! Pero tú sabes que las primaveras son revolucionarias. Ese mayo del 68 y esa Primavera de Praga muestran que la primavera huele a libertad y a lucha: después todo se agosta (nunca mejor dicho: aquel 20 de agosto del 68, por ejemplo). Lo que queda son palabras. Pero, ¡qué palabras! Esas palabras que tú barajabas con el don de conocer todos los juegos. Fue en una primavera cuando ventilé la obra de Kundera en mi cerebro. Me obsesioné tanto (con las lecturas me suelo obsesionar) que me olvidé -siempre, siempre, siempre me olvido- que luego no hay nadie con quien poder comentar lo leído. Siempre he olvidado aquella revolucionaria decisión del 88: ser ángel y repartir mensajes -la función mensajera del ángel, pero con cartera o carrito-. Un ángel obedece, no crea. Y si cree que crea, no puede ni debe hacerlo. Lo angelical esta reñido con el humano proceder que crea. Las creaciones humanas brotan con la finalidad de ser destruidas. 

Aquí hubo una primavera; tú aún eras flor de este enrarecido mundo. La gente se tiró literalmente en la puerta dedicada al sol y creyó imaginar una alucinación de rebeldía. Lo que salió de ello ya lo viste. Nunca supe tu opinión. Pero lo que salió de allí fue un color oscuro, Sísifo, aunque ese color escondía falsedad, comunión con la traición y una burla hacia aquellos que creyeron imaginar una alucinación de rebeldía. La loba democracia, en este caso, amamantó hienas y convirtieron el parlamento en un auditorio de chillonas y apestosas risas moradas. Ahora callan y hacen tertulias: el destino es justo y castiga con la humillación. Cuando algunos nombran la palabra "intelectual" el diafragma se contrae en una carcajada. Al final nos definen los carroñeros: gaviotas o hienas. También hay una rosa podrida y negra que canta la palinodia de cuarenta años perdidos. Y allá, en el fondo, una naranja joven y hermosa, tentadora como una manzana para algunos necios, me hace entonar el Mignonne, allons voir si la rose. Sí, la primavera es la rosa como el gusano es mariposa; después el invierno congela las larvas de todo. 

¡En fin! Todo comenzó con ese "Fuiste pintado con colores muy oscuros". Aún no sé por quién. Un psiquiatra diría que por mí mismo. Un sacerdote que por Dios. Y un científico que por mis genes. Me definen los colores oscuros y lo que me define se va. 

19.3.18

La nave de las almas

Sueño con niños de nieve que queman con risas de lluvia. Cabalgan sobre caballos de todos los colores mientras el frío me impide moverme. Se ríen, me nombran, señalan mi coche. "¡Es un caballo de lata! ¡Es un caballo de lata!" Yo sonrío, sonrío porque son inocentes y la inocencia me hace sonreír con ternura. "Eres el señor del caballo de lata". Se acercan, tocan el "supuesto" caballo de lata y el "supuesto" coche. Ellos no saben que esa nave ha sacrificado miles de estrellas y que oculta infinitos agujeros negros en el corazón de su motor. "Tu caballo no tiene vida". Sonrío y recupero algo de movimiento. Juego con los niños. "Sí, claro que tiene vida: ¡tiene muchas vidas en su interior! No os riáis de él. Es muy susceptible. Es bueno, cariñoso, amigable; pero en ciertos instantes, imprevisibles, pierde la razón y absorbe la energía de las estrellas". Los niños de nieve se sorprenden y cesan las risas de lluvia. "¿Qué hace tu caballo de lata?" Me hago el interesante, me insisten, hago como que cedo:
"Veréis. Yo imagino un lugar, un lugar de esos que aparecen en los rectángulos de luz que la gente lleva en sus bolsillos. Entonces, este "caballo de lata" encuentra el camino sin necesidad de que esos artilugios le guíen. ¿Sabéis por qué? Porque este "caballo" ha visitado todos los mundos de la tierra. ¡Todos! Y su memoria es prodigiosa e inmortal como su alma".
"¡Pues parece que no sabe hacer nada!" Vuelvo a sonreír. Me rindo a los niños de nieve. "Está bien, quise hacerme el interesante. Es sólo un caballo de lata". Los niños ríen de nuevo porque creen que han acertado al saber que mi nave no es una cosa del otro mundo.
¡Ay, mis niños! Verdaderamente todos los mundos están en esa nave. Si vierais lo que sus "faros" han visto, dejaríais de ser niños en el acto y os convertiríais en demonios.

Errando

La tinta quiere hacer las paces con los nervios cuando nota la página en blanco. ¿De qué escribir cuando la pluma está herida? ¿Cuando todo está herido? Cualquier ruido es grande si el silencio es enorme. Veo algo en uno de mis cuadernos escritos:

Un día lees
y ves que eres tú en eso
que yo hube escrito.
Para esto vine
y no me volví loco
hasta el final.

Lo escribí antes de una gran migraña. Lo sé por lo que escribí después:

Se rompe el sol
brillante en mi cabeza.
Es el invierno.

¿De qué tu miedo?
No respondas, lo ves
cuando respiras.

Es otro lado.
No estuve aquí, recuerdo
sin recordar.

Veo en el cuaderno trazos y tramos de cosas vividas como manchas de pintura. Hay textos que se resumen en la mancha de la fecha. Por ejemplo: Diecinueve de enero de dos mil dieciocho. Escribo sobre una vara que se consume en el incensario: "Equilibrar fuerzas es sostener el tiempo que una vara tarda en consumirse sin oscilar, vacilar o dudar. Permanecer firme en la densa danza de este humo es firmeza y equilibro".  Debió gustarme eso, porque lo firmé con nombre y dos apellidos.

Luego muchas hojas arrancadas. Hoy he escrito en las siguientes hojas en blanco. Nada que importe. Escribí sobre "El Día del Padre".  Más de lo mismo, cierta languidez. Pero, lo que escribo es cierto, un mosquito estuvo bastante rato dando vueltas a esa página de densa tinta negra. Le hubiera podido matar. ¡A mi único lector! ¡Ni hablar! Revoloteaba sobre las líneas:

"Si es el día del padre, y no lo soy, ¿qué puedo hacer? Nada. Ser padre, dicen, es una experiencia increíble. Asguran que lo grande tiene que ver con eso.
Tal vez ser padre es... una experiencia. ¿No es eso ya bastante? Dejemos de calificar experiencias y dejemos de señalar al que las padece. Seamos más simples. Aprendamos cosas, por aprender, sin engrandecerlas ni disminuirlas.
Lo que importa es la experiencia. No valoremos experiencias, disparemos -ahora que está de moda disparar- contra las comparaciones que cotejan experiencias para calificarlas.
Cada experiencia es única. No conoces por primera vez a alguien varias veces. ¡Es de cajón!
Si fuese padre, tú, lector sin mirada, me regalarías una corbata y te vestiría con ella. Es la única manera de poder tener legítimamente una corbata."

El mosquito revoloteaba sobre esas líneas, sin posarse, como tomando perspectiva de lo que estaba ahí petrificado en palabras. No me vais a creer, se acercó a mi oído derecho y me dijo:

"¡Qué pena no haberrr essstudiado! No entiendo lo que ha essscrrrito".


17.3.18

Las aguas del deshielo están anegando nuestro amor, amor mío. Aguas de tiempo que nos arrebatan todo a este paso. He detenido el movimiento del mar esta noche de viernes; lo ha detenido el ángel del Señor. Escucha. Viene del sur y habla con voz de arena: es el dolor por lo amado. Escucha: canta y llora como si se hubiera secado la sangre, pero no la herida. Alto es el grito, caliente el aire y fría la piel: ¡oh, amor mío! La piedad moja la madrugada. Mira esa niebla: es el aliento del viento, que también llora. Ha llovido demasiado, no quedan alas ni la saliva se puede tragar. ¿Podremos cantar aún viendo llorar nuestras soledades? El ángel agita alas sin color y la niebla cubre una noche negra. Apenas hemos tocado fondo. La madrugada será salvaje con sus hijos. Siempre nacemos en una madrugada en la que todo está por decir. Pero nosotros dos aún seguimos en silencio y el tiempo ha pasado. ¡Cuántos deshielos bajo este mar sin mar! ¡Cuánto amor y cuánto viento! Todo repetido, vida mía, menos el dolor -que siempre es nuevo y recién nacido-. Luchando por abrazarnos y ahora esto: un viento de marzo que presagia el fuego del infierno. Nos negarán las aguas del deshielo y nos anegará otra nueva lluvia y otro nuevo temporal que seguirá las letras del abecedario. ¿Podrás continuar un calvario que no ofrece una cruz para apoyarse? Amor mío, el ángel del Señor se arrastra por la arena y no encuentra lugar entre la niebla. ¿Qué harás tú? Yo fuerzas no tengo. Me he perdido en los aparcamientos de este submundo y deambulo buscando el lugar donde dejé mis propias alas. Tú aún estás sobre la ciudad. Deberás arriesgar, porque eres más fuerte. Tu fuerza será viento y traerá el nuevo mar. Usarás, como el ángel, las espadas del recuerdo y del olvido. Olvidarás lo inolvidable, la herida cicatrizará en una cruz; recordarás el mar de viento que un día te ofrecí entre risas y dichos: es mucho, ahora que el vacío muestra su invisible y siniestra cara. En tu obstinada y enamorada fuerza, amor mío, está el nuevo mundo. El viernes ha dejado cenizas de oro en la madrugada del sábado. ¿No las ves? Debes componer la sinfonía que siempre temí formar con mis emociones; porque conoces y sientes los sonidos que hay en mí. Amor, las luces se van a apagar en un beso y todo desaparecerá: se hará la claridad en esto que atravesamos sin un nombre que poder darle. Estamos enamorados por nuestras raíces, nada importan los frutos; por las raíces habrá tierra. Sí, mujer, tú surcas, tú mueves, tú elevas.

16.3.18

Majerit

Madrid es una foto; pero una foto especial, como las de antes, una foto que conservas como única porque es difícil conseguir una foto. Y lo es: es difícil. Esta vez no he recorrido Madrid, pero basta un tramo de calle, un café, una barra de bar o una terraza para renovar su esencia. ¡Qué contraste! La aplastante soledad de dentro, la del volcán bajo el que uno está sin ser Malcolm Lowry; y la vida de fuera, la que se opone sin enfrentamiento. Me pregunto si es la misma vivencia a solas, como puzzle, o acompañado, como ser vivo.
El hotel está plagado de lenguas, preferentemente italianos y americanos, y repleto de juventud. El ascensor es un cubo de esencias en el que te asfixias: un grupo de adolescentes vacían los frascos de perfume -el mejor veneno: el perfume-sobre sus escotes y por su cuello. Algún día aprenderán que la piel tiene su olor y su temblor, tan sagrados y respetables que no se pueden vulnerar con cualquier fragancia.
En Madrid, si hubiera paseado, me hubiese sentido como un jinete solitario. Si hubiese cogido el coche, hubiese quedado hipnotizado ante el volante; pero ya he cabalgado hoy bastante para hablar con los emisarios de la ausencia. Prefiero estar aquí, en la habitación del hotel -ahora en silencio, porque los inquilinos están en la caza del viernes y en la lucha por la vida-. Aquí parece que las palabras son carne y piel; y las camas, perfectamente hechas y amplias como explanadas, dejan poner encima de ellas lo que sientes para poder imaginarlo mejor. "¿Y qué siente?" Que la vida es oscuridad y luz, ambas, indisociables. Y le digo otra cosa: hay quien vive de penumbras y quien vive de contrastes extremos entre luz y oscuridad. Como el día de hoy en Madrid: granizada, lluvia a cántaros y sol deslumbrador para acabar en un crepúsculo perfecto, ¡perfecto!, con los contrastes de luz más misteriosos y enigmáticos que nadie pueda imaginar.
Ahora es la habitación, a oscuras, la que hablará: hablará del río de la sangre, de los emisarios de la ausencia y sus consultas, sus citas y la prolongación de la caída. La habitación a oscuras, fría a pesar de la calefacción, será más elocuente que las luces de esta ciudad. Vendrá Satriani, vendrá Magnum, vendrán los grupos que hubiera deseado ver; pero no viene el que quisiera ser espectador. "¿Por qué, señor?" No todo tiene un por qué; ni siquiera un para qué. No interesan las razones, porque van hacia el pasado, y el pasado ya no es. Tampoco el futuro es. Sólo es lo que es, aunque necesitemos esas elongaciones que miden el pasado y el futuro.
Uno ya no es nada y eso se quiere olvidar. Lo quiere olvidar todo el mundo -cada cual a su modo-.
La habitación a oscuras del hotel querría un aura, pero no el aura de una neuralgia, sino el aura que se arriesga, que osa, que adivina un átomo posible de lo que imaginó. Pero, pienso, y no es la habitación la que quiere nada. Pero entrecierro los ojos, hago como que me adormezco, y surgen imágenes del cine francés, la sirena que atraviesa la ciudad para dar con quien sabe que ha de ser redimido por su amor. Eso solo lo puedes sentir entrecerrando los ojos. "Fui buscando señales". Es cine. Todo es cine; sí, Aute, también en eso tenías emoción.
Madrid es un conjunto de raíces que perduran; los frutos, ¡ay, Madrid, Madrid!, nos vamos pudriendo. Pero tu luz oscura me hace recordar y creer.



11.3.18

Como un rigodón.

Rigodón. ¿Sabes lo que significa? Es un baile; pero leer "Rigodón" significa trenes arrollando cuerpos muertos en vida para devolverlos al lodo y al barro ensangrentados. "Rigodón" es una vía, un hombre lisiado y perdido, un loco que gracias a su locura puede reír sobre los cadáveres que tildan la vía. "Rigodón" es esperar un tren y recibirlo hasta ser roto en mil pedazos. "Rigodón" es un silbido permanente, fijo, estridente en la cabeza; agotamiento de años, mentiras, delaciones, ensañamiento. Un baile de ruedas que no descarrilan por mucha carne que cubra los raíles, eso es "Rigodón". La población, perdida, vacía, contempla trenes y trenes y trenes; cadáveres, cadáveres y cadáveres: y es real. Aquí no hay ficción, esto es siglo XX en vivo y en directo: el cuerpo como carne, como vísceras, reventado y otros sonriendo, babeando, disparando, cortando a trozos lo que pueda quedar de un ser humano. En esta escapada nada vale menos que el hombre ni es más irrisorio. Niños despanzurrados, tripas sin continente, música perdida; pero música -bélica, mecánica, estridente, pulida en la guerra, con la belleza de una danza macabra-. Todos bailamos el rigodón; algunos con mucha conciencia, con mucho dolor, sin anestesia, torturados día a día durante años: él lo sabía. Él vio muchos cuerpos y muchos trenes y maquinistas sin vientre y ferroviarios metiendo los intestinos en los bolsillos por si en alguna ocasión todo se reconstruía. Trenes y sangre; trenes y música, trenes y guerra: todo veloz y con un ritmo impresionante, con un ritmo que hace que toda esa escena sea bella, que tenga la macabra belleza de una realidad en la que la muerte se hace natural, automática, estratégica y metódica. "Rigodón" habla de un tren de vida en el que estallas y mueres sin percibirlo y sin ser percibido. Incluso siendo percibido este dantesco monumento, nadie siente, es la ley del hombre, una ley macabra; y es el hombre de ley el que no puede coger las piernas que se han separado de su cuerpo al pasar esos trenes en los que Céline camufló su maltrecho cuerpo para abandonar una Europa de muertos vivientes. Bailemos el rigodón, con voz quebrada, rota, de viejo, de anciano próximo al aneurisma; bailemos el rigodón viendo pasar barcos sobre el Sena y no trenes sobre raíles rojos de sangre. Rigodón es lo que nos queda a los burlados y parias de la vida que se mofa de los cuerpos que la arrastran. Una sucia taberna, un bandoneón, una bebida fuerte y cantar, cantar desafiante y orgulloso, que no eres de los que quedaron atrapados en los trenes de la muerte. Ese baile queda.

10.3.18

Arrumaco de finde

Recuerdo cómo se enamoraban nuestros padres. Tengo noticia de cómo se enamoraban nuestros abuelos. Antes me extrañaba, al comparar, cómo han cambiado tanto las costumbres. De lo que fue, de nuestros padres y abuelos, algo sabemos. De lo de ahora no sé explicar muchas cosas. Sé cómo llamarían padres y abuelos a la conducta de algunos y de algunas en eso que llaman "seducción" -y les doy toda la razón, con una precisión: nadie suele cobrar en euros-. Nos hemos acercado a esa Utopía de Tomás Moro en la que antes de cualquier coyunda has de conocer el ganado o no hay trato. De nuevo el santo tenía razón. Alguien dirá que la jodienda no es amor: ¡vale! Pero aquí y ahora sin jodienda solo queda llenar la panza, broncearse el cutis de alcohol tras haber maquillado la senectud que aflora, pillarse una gastritis, poner verde a los que no están en la reunión; alardear de un par de lecturas y de alguna visión habida en una sala oscura... y poco más. Y eso cuando lo permite la semana en su cola, en su week end, al final de su tracto digestivo. Eso es amor, eso es gozar, eso es (infle usted el pecho hasta que se remarquen los pezones, sea hombre o mujer, y pronuncie exhalando con un deje de glorioso ente): amistad. ¡La más perfecta forma de amor! La amistad es la grasienta tapa y la mal tirada caña que saben a maná y ambrosía; la amistad es la risa de varios segundos con suficiencia de cigüeña aposentada en un poste de alta tensión; la amistad es el "¡Y no digas que yo te lo he dicho, pero es así, como te lo cuento! ¿A que no lo sabías? ¿Ves? ¡A ver si se lo vas a decir!"; la amistad es el "¡Llámame y te digo! Creo que te lo puedo solucionar; veré qué puedo hacer. Dame otra caña" -y después no hacer nada, excepto olvidar con hábiles excusas-; la amistad es preguntar por los vástagos que te importan un comino y por los congéneres con aire de inquietud -sin necesidad de ensayar previamente en el espejo-; la amistad es visitar algún sitio para repetir el ciclo tapa-caña-risa-murmurar, pero con monumentos más bellos y en parajes de ensueño. Sí, la amistad y quizás el amor, ha quedado en eso. La parada o cubrimiento no tienen tanta trascendencia; y hay más gratificación en compartir un solitario que en atravesar el vacío con la espada. Lo que hace serio el cuento del amor es lo que se evacua, porque ahí entra en juego el peculio que compensa el desaguisado de hacer participar en esa imbecilidad a otro ser. 

9.3.18

La palabra del ángel

Acabo de hablar ahora con el ángel y estas han sido sus palabras: "Cuantas menos fuerzas tengas más predispuesto estarás a esa estabilidad que da la debilidad". 
Son el resumen de una íntima conversación. 
Puede que haya una razón para que yo haya sentido esa necesidad de escribir las catorce palabras. No sé por qué escribo esto. Me sabe extraña esta confesión. No importa; no puede y no debe importar. Ahora la palabra del ángel es la fuerza que tengo.

7.3.18

Espejo

Quien busca juegos -hombre o no hombre- es jugado. Usted -le trataré de "no hombre"- quería y quiere juguetes. La seriedad le falló, como a todos, pero en su caso estrepitosamente. Lleva usted sus hilos atados al cuerpo y colgando de la cruceta que le mueve: con eso le sirve para jugar. Trata al otro de esa manera: cual títere y sin mayor propósito. Su vida está hecha: el resto puede ser o no ser, ¡para lo que importa ya! Es usted un "no hombre" muriendo en vida, ¿cómo le va a importar que se mueran los demás? Tiene sus estrategias, sus cebos, sus prótesis para ir tirando; pero poco más. Estadísticamente esos aperos le darán para mucho siempre que no sea selectivo. Usted tiene su cajita de contactos: de madera, inanimados, solícitos como lo muñecos que son... ¡Y tiene muchos! ¡Muchos! Si se le cuela algo vivo, coge el dedito y lo tira. ¡Será por alcornoques bonsai! Se pega las etiquetas de identificación de la mayoría: "bueno", "inquebrantable", "sincero", "honesto"; y alguna que otra. Después pinta las etiquetas con predicados, las une y ya tiene una identidad que asumir soportablemente. Cuando "la vida" golpea, coge las tablitas de madera y juega a "los fines de semana". Si el golpe es fuertecillo moja las tablas en alcohol y se echa un poco para acompañar, así las endorfinas se desperezan un poco. El resto de los días coge la etiqueta de "responsable" y hace el papel. Es una vida como cualquiera que quiere ser cualquiera y, por tanto, justa en cierta medida. Conforme pase el tiempo tirará más de recuerdos, los abultará, hará que un solo recuerdo valga por todo el camino y así hasta el final. Es un juego que para usted es el juego.

18.2.18

Domingo. Febrero. ¡Dos mil dieciocho ya! Perdonad que abra la tapa del ataúd. (No sé si sabíais que estoy enterrado en el parque del psiquiátrico de Lubrivag). Con el viento, el ataúd ha salido a flote y ha reventado la tapa. Ya no hacen los ataúdes como antes: hasta la madera nace podrida ya desde los aserraderos. ¿Sabéis? Estar muerto no es lo que han escrito muchos. De quien menos debéis fiaros es de los literatos. La muerte que pintan es una vida mucho más prolífica y feraz que la vida misma que nos aqueja. ¡Os lo dice un muerto bien muerto! Pero, ¡en fin! Veo que las cosas no han cambiado mucho. Las nuevas tecnologías de cuando palmé están obsoletas y ahora hay otras que ya están en periodo de obsolescencia. Me ha dicho un interno que ya hay clones a los que se les puede trasplantar la identidad, que reside en el córtex cerebral. Se ha hecho, funciona, se puede perpetuar la identidad de alguien hasta que el sol se apague. Pero, si se apaga el sol, habrá otras colonias en otros planetas. Me lo ha dicho un interno llamado Cárpel. A Cárpel le conocí en primero de corrida, en la universidad.... ¡Ay, ay, ay! Como en vida, ¡vuelvo a perderme! Me lío, me despliego, me abro, tiendo a irme del centro y me hago centrífugo. Perdonad a un muerto, por favor, perdonad a un muerto. Sólo miré un poquito cómo estaba el día. Antes, hace unas horas, vi a una mujer. Le cedí los derechos de todo esto; es decir, le cedí los derechos de una pocilga a la que bauticé como selva. Pero sé que hará buen uso de esos derechos. Para un buen gestor, hasta en la mierda hay beneficios. ¡Y en este lodazal que arranca del 2005 hay mierda para aburrir! La mierda es rentable. ¿Recordáis las guerras del guano que se produjeron hace dos siglos, creo? ¡Países en guerra por el guano! ¡Miradlo en Google! Así podréis decir a vuestros perros (no creo que sigáis teniendo hijos o nietos) que los humanos se mataron por la productividad de una mierda llamada "guano". Aún se sigue diciendo: "Vete al guano, hijo de una mala puta". Pues eso, que he sacado la calavera por la tapa, ya sin ojos, sólo con cuencas y he mirado. La cuencas se quedan con cierta reminiscencia de visión: conviven tanto tiempo con los ojos, que algo les queda de esa capacidad de ver. He visto que en el parque del psiquiátrico la gente esnifa electricidad por los smartphones. Sabía que esos rectángulos con forma de tumba serían una droga. Son como zombies que en cuanto notan electricidad, la esnifan. La carne le importa un carajo a los nuevos zombies. Y no he mirado más. Hoy parece que hace un buen día de domingo. Eso es bueno. La gente tomará tapitas, beberá cervecinas, comerá en abundancia, se dará homenajes gástricos y gastronómicos... Es el camino para hacerme compañía en esta soledad. Esas fiestas, pasados los cuarenta se sustancian en colesterol y, finalmente, en aneurismas y corazones reventados (y no de amor, precisamente, sino de grasa que tapona los ventrículos y, entonces, treinta segundos máximo de puta vida). 
¡Bueno señores! ¡Queden con Dios! (Es sólo un saludo, no se emocionen. Bajo la tierra del parque no hay ni gusanos).

29.6.17

Noche.

Los golpes en el pecho los da una mano. Los balazos en el pecho los da una bala. De los pectorales hacia fuera poco sale. De los pectorales hacia dentro poco entra. Parecen frases sin sentido, pero no lo son. Alguna vez lo que no tiene sentido, lo tiene. Todas las veces, diría yo. Ya veis: dice esto alguien que no creyó nunca en el sentido y que analizó la ausencia de sentido, de ese sentido que muchos utilizan para que veamos la televisión y vayamos a nuevas iglesias sin Cristo. Que la vida tiene sentido lo demuestra el ir de copas. Aquí el sentido es: como no hay sentido, carpe diem, goza el día, atrapa el momento, abre el culo y deja que entre la felicidad; con una copita y con deseo, ¡ni lubricar necesitas! Entra sola y puede llegar hasta la boca. No hablo de órganos reproductores reales, sino de la imaginación sobre ellos. Ya la gente no folla, no perfora; tampoco evacúa: es la mente y, de la mente, la loca de la casa (la imaginación) la que se encarga de hacer realidades. Estamos en un mundo de pensamiento débil, de huevos que cuelgan demasiado, de ketchup y hamburguesas. El sexo es para los animales: y, los pobrecitos, están tan hartos que prefieren extinguirse. Antes el hecho de que se extinguiera una especie hacía temblar a todo el mundo; ahora, que se extinga una especie, es motivo de orgasmo capaz de romperte los abdominales. Ya no sé cuál ha sido la última especie que ha desaparecido en el Facebook; creo que el puma. O sea, un gato grande dejó de follar y se acabó la especie. O le jodieron tanto cazándole y jugándose su piel y su cabeza como trofeo, que dijo el puma: "¡Anda y que os den, humanos!" ¡Como si a los humanos les importara eso! Al humano le hablas de exterminio (exterminio de lo que sea) y se pone a la faena como si por ello cobrara una productividad del millón por ciento de su sueldo. Ya veis: esto es lo que ha dado de sí un trocito de noche.

23.4.17

El hombre nuevo

Déjame ver tu mano abierta, déjame ver la superficie cruzada de arrugas y líneas. Ábrela bien, como si yo tuviera intención de leer en ella. 
Ahora te veo y no reaccionas. No lo esperabas. Por eso en este primer segundo ni siquiera sientes dolor. He taladrado tan rápidamente tu mano, que no le ha dado tiempo a tu cerebro a reaccionar. Aún estás asimilando; pero en este instante has tenido una experiencia sobre la que deberías reflexionar cuando te recuperes. Toma. Te dejo el móvil para que llames a quien tengas que llamar y te ayuden a desclavarte de la pared. Será una herida limpia. Piensa que a otro le taladraron las dos.

11.9.16

La dignidad de un hombre.

No queda nada para zanjar esta persecución indiferente de un grupo de crueles paletos. Al hombre le cuesta controlar las emociones y obtener la indiferencia; pero, cuando lo consigue, es feliz. Para esa indiferencia hacen falta pasos legales, "actitudinales", cambios (de espacio, económicos, de conocidos). Cuando esos pasos se han dado, quizás se pueda dar un paso libre, aunque no conduzca a la felicidad. La felicidad le ha sido vetada al hombre contemporáneo, no la quiere, ni la busca. Quien aprende a morir, es ganador, es decir, se ha adaptado. Aprender a morir es que, cuando ves el televisor, la muerte de un bebé y la entrega de un premio a alguien que se lo merece producen la misma reacción: ninguna. El telediario o las noticias de la radio, para el que aprendió a morir, son una secuencia de neutralidades que no despiertan nada, que no hacen saltar calificativos maniqueos. Es un indicador de la felicidad de nuestro tiempo. Y de la dignidad. 

Cruces.

El padre de Ariadna es borracho. Maltrata a su madre, a su tía, a su hermana; y, colaborando con su madre, mató a su padre. El padre de Ariadna -hija bastarda- siempre ha sido un niño mimado. Asume sin cuestionárselo que todo se le debe. Pero cuando maltrató a su mujer y se vio obligado a divorciarse, comprendió que es un elemento más del conjunto, sin pena ni gloria. Chantajea con su bastarda, mientras la bastardía no se conozca por la mayoría de la gente. A simple vista parece muchas cosas: reservado, educado, formal, "buena persona". Pero si lo tratas, no es nada de eso. Maltratador, borracho, egoísta, indiferente al dolor de los demás; de mal genio y de peor carácter: esas son las cualidades del padre de Ariadna -bastarda de nacimiento-. Su familia le adora, es el redentor, el elegido, el llevado a encumbrar a ese grupo a cimas que ni se imaginan. En realidad, ha llevado a su familia al infierno; pero, cosa rara, les gusta el infierno y, a cualquiera que se niegue a participar de él, le ponen un sambenito y le llevan a la tumba lentamente. Por eso cuídate de gente como el padre de Ariadna y celebra no haberte cruzado con ninguno. Son mala gente que aborta la vida de aquellos con quienes se cruza.

10.9.16

Tengo un enemigo al que primero cornean. Fruto de los cuernos, se emborracha y maltrata. Fruto de la borrachera y del maltrato, divorcio y tentesieso. Fruto del divorcio, más borrachera y maltrato a la familia y a los amigos de la familia. Cuando todo comienza a funcionar en su vida, le acreditan la bastardía del vástago. Justo castigo a la perversidad. 

20.8.16

No romper el silencio.

No rompas el silencio. Quien te mató te llamaba El Gran Predicador; pero no me conocía. No rompas el silencio. Si te hacen algo, las señales les delatarán. Tú, ¡en silencio! Un silencio que no sea hostil ni benéfico. Te estás entrenando en tu muerte y este entrenamiento requiere silencio hasta la muerte, aunque esa muerte es la que otros han deseado y conseguido. Hay justicia. Hace falta determinado entendimiento para comprenderla. A veces un entendimiento extraño. En mí hay justicia, pero no hay entendimiento que pueda rozarme. 

Este año no.

Este año no pudo ser. Fueron otros, yo no. Fueron otros, borrachos, niños de playa, surtidores de desprecio. Yo no fui. Fueron otros, compadecidos de sus hijos, compadecidos de su mala madre, compadecidos de familiares déspotas, crueles y canallas. Yo no fui. Este año no pudo ser. Fue el "para el otro en todo, y para ti en ningún asunto". Y ahora ya no podrá ser nunca. Sólo tengo fuerzas para una cosa, y no para morir. Mientras se vive, puedes ser la causa de que otro pague por lo que ha hecho y por lo que ha dejado de hacer. 

Si hoy fuera el día.

No hay más allá. Los que hacen daño día a día y muchas veces, quedarán impunes. Los que te han perseguido en modo de acoso y derribo autorizado, quedarán libres de toda acusación; y sólo tú serás el maltratado. Han actuado con la estrategia y con la indiferencia. Con la estrategia en los buenos tiempos y con la indiferencia en los malos. En este asunto eso del perdón no es más que una vaciedad. Ahora jugarán los abogados en una mesa de cartas y serás un moribundo autorizado a quejarte entre mendigos y borrachos. Estás solo, ¡peor que solo! Estás contigo y con los recuerdos de que no has sido más que un consentido. No has aceptado con laconismo esto, y esa es la razón de que hoy podría ser el día. Aceptaste la soledad, y la soledad quizás tuvo ventajas, pero ahora te van a echar de este lugar llamado mundo. Han acabado contigo. Eres uno más, así que para ti el problema es enorme; pero lo es solo para ti. Por eso hoy podría ser el día. Los hechos concretos y las personas concretas, ¿para qué nombrarlos? ¿Para qué recordar sus actos? ¿Para qué considerar si están vivos o muertos? Durante una década te han matado. Y si tomas la justicia por tu mano, lo que te quede de vida será peor, ¡mucho peor! Pero, como eso no se puede imaginar, consideras que lo peor es esto. Los otros no se medicaban, se sentían sanos y señalados por el dedo Dios para sus tragedias. Tú te medicabas, buscabas una solución, te movías dando tumbos: y por eso eres para esos un egoísta, cuando todos los cercanos saben que jamás debiste trasladarte a un nido del que te echarían moribundo. No hay más allá; y el desprecio no es algo susceptible de entrenamiento. Sólo el dolor te hace insensible, pero hace falta la dosis adecuada. Van a por ti del modo más eficiente: no van a desperdiciar recursos. El perro muere cuando se le deja aislado. Además, si se le deja con la comida suficiente para que reviente, menos tiempo de espera para tomar posesión del lugar. Hoy puede ser el día; a ellos les llegará: eso no debe alegrarte ni entristecerte. Ya que todo ha decidido por ti siempre, en lugar de ser tú el que decidía; deja que todo vaya decidiendo, en silencio, realizando las mínimas acciones. Han sido esos -podían haber sido otros-; ¿qué más da? No hay más allá.

9.8.16

Molestias.

Me molesta que un honrado y ordenado padre de familia se vea poco a poco rechazado, humillado, tratado servilmente; y que después de este incesante arremeter se le llore una vez desaparecido, como si no hubiese habido responsabilidad alguna. Porque ha habido gritos, chillidos, alaridos de histérica, reproches que hacen temblar a una niña; y todo eso lo ha habido a diario muchas veces. "Como ésta, ocho al día". Pero sólo una mata, señor, y nunca se sabe cuándo. A mí me lo están haciendo. Como esas, muchas al día, y sé que acabaré como usted. ¿Qué remedio tengo? Gente como Henry Lee Lucas no prolifera. Y solo un santo así podría callar esa garganta enana y deforme, pero de infernal tesitura y de intencionalidad más infernal aún. Estoy dos días en Madrid, zona de Malasaña. En la Plaza de Malasaña podrías ver una pluma-daga vomitando su última tinta-sangre antes del fin. Brindaré a tu salud esta noche en esa plaza, amigo. Me han lanceado, se han burlado con el desprecio -no con la burla-, y no quiero que haya retorno a esa apestosa ciudad de muertos.

Pasada la medianoche...

... el borracho viste bien. Un séquito de víctimas le adoran, porque tiene el poder de segar la vida o de no impedir la muerte. Viste bien cuando no está de borracho. Cuando lo es. Pero en estado de ebriedad es la sonrisa del ibis. A veces le queda un poco de café en los morritos, porque hay retretes que no se limpian. Mi vida ha sido cercenada por este hombre-pavo sin Navidad que le altere. ¡Curioso! Quien por poco le mató hace años, ahora mata (literalmente) por él. A veces la ley del amor es incestuosa. Nada que un psiquiatra no pueda explicar. Por lo que a mí respecta, me han ido matando locamente. He sido la jeta para contrabandistas de alcohol, tabaco, medicinas... ¡Así le queda a uno la jeró! No descubro nada si digo que quien ahora mata, ha estado dominada siempre por una gerontofilia que la validaba para cultivadora y criadora de momias. No hay arruga por la que no se despepitara o se despepite. En esta historia falta la figura de la madre. Pero ha sido tratada hasta la suciedad en esta Selva. No merece más descripciones. Tome usted esto como un Sudoku de relativa dificultad. La complejidad no es tal. Se trata de sustituir la definición, por el término que la condensa. Las cosas sencillas son un insulto. ¡Demasiado explícitas! ¡Obscenas! Es mejor así, a lo impresionista, con colorines, aludiendo y eludiendo, respetando, guardando identidades que no existieron.

8.8.16

No hay que dar pena

No hay que dar pena ni tregua a quienes acaban poco a poco con la vida de alguien. Tendrán dinero, títulos alcanzados con ayuda de drogas y ebriedad, fondos logrados con la enfermedad del que necesita el vicio, aunque éste acabe con su vida. Pero tengan lo que tengan, su maldad les ennegrece la vida, les lima el alma y les aborta la felicidad.
Aunque muriera ahora, mientras escribo, ya; aunque los vértigos y las náuseas del infarto ahora mismo cruzaran como un calambre todo mi sistema, la rabia y la indignación revientan mis venas. Siento esos peces cebra del Candy Crush, englobados de desprecio y de indiferencia, estallando en la dulzura de mi elemento. ¡Qué hijos de puta! 
Y esos que empolvan el mundo con su existencia dejan hijos, dejan descendencia, se aparean y su descendia muta en caracteres más resistentes, más insensibles, más ególatras, más "yosoyel/lamejoryporbonito/bonitamelormerezco"; también más débiles, porque cuando reciban el primer sopapo de la vida caerán y se quedarán perpetuando los oficios del vicio. 
No deis pena ni tregua a los que maltratan con rostro de piedra y por ello son cuidados, mimados, consentidos; a los que les limpian el culo y la miseria como si fuesen algo por haber puesto una monodosis de esperma maldito y pérfido. Dadles un comedido desprecio, sentaos a bordar sudarios y mortajas por si el destino les hace caer frente a vuestra choza. Ellos no llegarán a su palacio para ese último trago que les mantiene en pie y firmemente borrachos como cubas. Si la playa fuera cerveza o vino, se la beberían y al día siguiente sacarían al niño o la niña a pasear sorteando los obstáculos de la resaca. 
No deis pena ni tregua, no mostréis boquilla ni rociéis sólo con palabras. Mirad. Contemplad. Sed estetas de las posibles caídas de quienes conspiran y se pasan la miseria por la entrepierna. Parad, coged la entrada, son un museo de cadáveres y conviene verles. 
Hasta el silencio, no deis pena ni tregua. Sin duda, todos vamos a pudrir la calavera en cualquier parte; pero hasta que reviente el aneurisma, ¡sin perdón!, ¡sin sensibilidad!, ¡macabra y cínicamente! Ellos son la hipocresía, nosostros el cinismo; ellos la moralina privada, nosotros el exhibicionismo que les abofetee la cara. Maltratadores, fantoches de víctima, "eses" sin dirección ni sentido, compadecidos por algún vástago que les ayuda con sonrisas prestadas por la maltratada; ¿qué merecen? Lo primero: una botella, y otra, y otra; y después romper los cristales de las botellas vacías y dejarles andar sobre ellos con ese rostro de alucinados e impasibles. Ni se desangran, sólo exudan el alcohol que les empapa la mala sangre. 
Que la pena y la tregua sean un castigo para nosotros si consentimos.
Buenas noches.

6.8.16

A la madre de alguien que pudo ser.


Señora X.:

Ha sido usted responsable del dolor de mucha gente. Al igual que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento; la ignorancia del dolor que usted ha causado no la exime de responsabilidad. Quizás nunca le han replicado o usted no ha admitido las réplicas, erróneamente convencida de que actuaba dentro de la más estricta legalidad y moralidad. Yo no replico, yo le describo hechos que, quizás, al verlos por escrito, le hagan recapacitar, aunque lo dudo. Las personas mayores ya han solidificado su conducta y han hecho solidificar la conducta de los que han estado bajo su nociva protección. 

Ha sido usted responsable de la apagada y desafortunada vida de los que la rodean. Por mucho que alaben su conducta, he comprobado que lo que quedaba en los demás de usted era la imagen de una persona de carácter duro, inflexible, huraño. En los demás la imagen que ha quedado de usted es la de una mujer firme, carente de emociones y de llanto fácil, un llanto que era "fisiológico", pero que jamás hizo que usted se cuestionase su responsabilidad en los hechos que directa o indirectamente provocó. 

Usted ha chantajeado con la lágrima, con el grito, con la perpetua crítica y con la constante intromisión en la vida de los otros de modo sibilino. No es justificación aquí la costumbre existente en determinados lugares de conocer la vida de todos y comentarla a cada instante. Aunque el lugar donde ha vivido haya sido una tumba, eso no justifica que se obligue a los demás a vivir en una fosa. Y usted ha obligado con las armas de que disponía a una muerte en vida de quienes le prestaban atención.

Cuesta imaginar toda una vida, día a día, al lado de alguien que sólo ofrecía gritos,llantos, reprobaciones y quejas. Cuesta imaginar toda una vida al lado de alguien que echaba en cara a cada instante que todo lo que hacía y decía era por el bien de los otros. Pero no cuesta nada saber con certeza que su actitud provocó la muerte de las esperanzas ajenas, la muerte de futuras vidas y la muerte de vidas presentes. El dolor llama al dolor, la ira llama a la ira y la intransigencia llama a la intransigencia. Sus frutos llevan en el corazón eso: dolor, ira e intransigencia. No hay otro mundo a su alrededor. 

Para usted sólo existía el cumplimiento del deber y la permanente desconfianza. Lo que de ahí sale lo demuestran los frutos que han renunciado a su vida por usted. Si la hubiesen hecho consciente de la tiranía que ejercía y de la mutilación de las vidas ajenas que provocaba, quizás hubiese modificado un poco -muy poco- el despótico ejercicio de su matriarcado.

No dudo de su autoconfianza, de creerse cumplidora de cada precepto hasta el mínimo detalle, de estar convencida de que nunca jamás ha faltado al correcto cumplimiento con todo el mundo. Pero lo que uno cree, lo que uno siente y aquello de lo que uno está convencido muchas veces no es lo real. Despierta así uno entre escombros y retales de vida, y se lamenta amargamente de que "el destino" o "la suerte" haya sido tan esquiva y cruel con una persona. Sin embargo, ese destino y esa suerte los ha propiciado usted, los ha fabricado a cada minuto y a cada segundo de su vida, porque se lo han permitido, porque la han amado hasta el extremo de permitirle mutilar el horizonte de otras vidas. Y eso no es amor, es devoción, temor... tiene muchos nombres, pero todos opuestos al amor. Y un niño saber ver eso y se esconde ante el grito que para el corazón de los vivos. 

Su fuerza ha sido la de la tradición y la costumbre. Pero en nuestro tiempo hay tradiciones y costumbres que, no por el hecho de serlo, favorecen una vida digna. Al contrario, hay tradiciones y costumbres que mantienen la muerte en vida de los otros. Seguramente este haya sido su caso.

La norma sobre el afecto, la ley sobre la emoción, la justicia y la pena sobre la comprensión: esas han sido sus guías. Y la razón de la norma, de la ley y de la justicia engendra monstruos como los que usted ha engendrado.

Ese hipotético "juzgado de la opinión y de la probable verdad" no la declararía culpable de un delito que esté tipificado en el código penal. No es delito arruinar la vida de los demás hasta acabar físicamente con ellas de tanto minarlas con una actitud como la suya. De hecho, muchos verían en su actitud el paradigma de la familia, de la felicidad y de la convivencia. No es así. La vida es permitir la vida, la vida es permitir la libertad, la vida es no acaparar con el imperceptible chantaje la vida de los otros. Una familia debe crecer, la felicidad debe extenderse y la convivencia -la misma palabra lo dice- requiere de otros más allá del estrecho círculo de una fosa. 

El"juzgado de la opinión y de la probable verdad" resuelve dejarla en paz, en su "paz"; porque en su dolor y en su pena hay paz, la paz que necesita el torturador que no sabe que lo es, el responsable que ignora que lo es y el chantajista que desconoce su labor. Pero la ignorancia de la ley, no exime de su cumplimiento. La condenamos a reír, aunque dudamos que sea posible de ello. Usted sólo ha reído falsamente y ha llorado para apoderarse de lo que debió pertenecer a otros. En algún lugar de esta Selva está la maldición que Ovidio dedicó en el Ibis a quien le delató. No hay maldición más perfecta. Aunque sea dar margaritas a los cerdos, aplíquesela. 

Ha sido usted mala y nunca, parece ser, pagará por ello.



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