La Selva de Próspero
Sapere aude!
31.3.05
Amo mi soledad. Por eso me enemisto con ella, para no caer en la convivencia que todo lo destruye. Por eso me dejo engañar, burlar y ejerzo de payaso. Incluso he llegado a creer en la burla y en el escarnio por amor de mi soledad. Son modos de temerla pudorosamente y de hacerla cada día más atractiva. Cada día más que ayer, pero menos que mañana. Quiero mi soledad hasta la náusea del miedo y del amor.
Esta tarde-noche vino con una mochila llena de citas... ¡Sus viejos libros anotados!... ¡Te quiero, soledad!
"¿Cómo pedir socorro a los hombres? ¿Dónde están escondidos? Todo nos aparta de ellos: el deber, la familia, la patria, el respeto, el dinero. Son demasiados enemigos para nuestras fuerzas. Yo sé hoy que son unos fantasmas, unos reflejos diez mil veces retorcidos que tomamos en serio a causa de nuestras buenas intenciones: pero perdí el tiempo en ello."
¿Tienes enflechado tu arco, soledad? Necesito heridas.
"La verdad es la forma de error sin la cual una determinada clase de seres vivos no podría vivir. El valor para la vida decide últimamente."
Pero tú sabes herir como nadie. Dueles hermosamente. ¡Lanza!
"Gusta de vez en cuando tener un odre en el que verterse y después beberse a sí mismo: dado que pedimos de los demás lo que ya teníamos en nosotros. El misterio es por qué no nos basta escrutar y beber en nosotros y necesitemos REcuperarnos de los otros. [El sexo es un incidente: lo que recibimos de él es momentáneo y casual; aspiramos a algo más oculto y misterioso de lo que el sexo es sólo un signo, un símbolo.]"
¡Totalmente de acuerdo, princesa! Necesito recuperarme y no sabes cuánto. ¡Otro dardo! Por favor, ¡directa al corazón!
"Voy a trasplantar en el huertecillo de atrás un olivo que tiene mil años. Con una prensa antigua de forma rudimentaria, como hacían los fenicios, extraeré el aceite de cada cosecha para regalarlo a los amigos. El frasco será pequeño, de cristal tallado. Les pediré que lo usen sólo para untarse el sexo cuando así lo requiera un acto de amor excelso y también para su extremaunción, si se produce el caso. Con el resto podrán aliñar las ensaladas de más compromiso hasta la próxima recolección."
¡Hermoso! Y, sin embargo, a pesar de las palabras, sangro. Creo que hay un genio que nos tira del arco iris cuando estamos sobre su clave....
Soledad, si me aceptas para tomar una copa, te invito. ¿Quedamos el fin de semana? Tengo libros, música, velas; hará buen tiempo y necesito escuchar y sentir... ¿Te apetece ser mi compañera en la noche de Venus? En mi vinacoteca reposan los ríos de Babilonia y las sábanas de mi cama han sido bordadas con telas e hilos de seda y oro en la fábrica de Cloto.
Soledad, ¿una sonrisa?
30.3.05
Isarial
(De fondo: Tajabone)
Me gusta el centro de la ciudad. Hablo de esos oasis como pueblecitos en medio de su corazón. Donde late el monstruo hay flores. Una plaza, un locutorio, capillas para calentar olvidos y una iglesia en la que dormir. ¡Y los crepúsculos! Esos crepúsculos de Dos de Mayo y Espíritu Santo.
Encuentros con los "grandes", que en esos ríos son como tú y como yo. Amenábar, Darín, Luz; Auserón... Nombres que se hacen hombres y hombres que se hacen niños en ese laberinto en el que decidí ser yo mismo, o sea, no decidir nada, sino vivir.
Mercado de Tribunal, viejo amigo, ¿el amor es una mercancía? (Sabemos que no).
Plaza de Tribunal, ¿queda plaza para nosotros? (Sabemos que no, pero mantente en mi recuerdo; ese dolor me permite seguir vivo).
Me puede el silencio. Me puede la nostalgia. Pero me siento agradecido. He intentado conservar un cadáver y no he dejado que descanse en paz. Al espíritu que lo habitó: ¡perdón! Brindo por nosotros, por lo que fuimos; porque fuimos aquello, lo fuimos. Allí no hubo mentira (esa ficción vino después). Todo fue tan grande y tan único... que quise repetirlo. ¿Por qué quise drenar los mares de Malasaña con esta soberbia ficción de una red que no traba sino soledades? Al menos aquel dolor fue real y hubo muerte en lo que vivió... En este desierto no hay vida. Entre Avalón y Matrix no cabe elección... (si has amado).
Estimado Matrix de Madrid, cuida de tus cibernántropos. No están tan dormidos como piensas. Y en tu cuerpo hay venas con deseo y cariño sufcientes como para provocar un aneurisma en tu tedioso cerebro. Yo era parte de ti y en ti encontré la sal de la tierra y el vino de Babilonia. Si he vuelto a ti ha sido creyendo en la resurreción de la piel. Eso no es fe, sino capricho. Gracias por el dolor de Palma en los atardeceres de primavera, gracias por San Andrés y sus cuevas de alegría y niebla, gracias por las noches de Manuela. Gracias a quien sea o a lo que sea.
Y gracias a ti... A ti que no me lees, flor de Baudelaire; a ti que me diste voz, infierno de Rimbaud; a ti que convertiste Malasaña en Samaria. Todo lo que ataste en aquel cielo permanece atado en este desierto.
Breviario
- Hay cosas que han de suceder, inevitables. Que las contemplemos o no, eso no es seguro. La probabilidad arroja luz, pero hay sombras en ella. El joven, probablemente, sobrevivirá al viejo. Pero hay viejos que sobrevivirán a los jóvenes. Lo más probable es lo primero. Lo menos probable es lo segundo. Si seguimos la probabilidad, los días que están por delante traerán tristeza. Pero, ¿por qué? ¿Por qué tristeza? Ha de ser así probablemente. Es la esperanza la mayor enemiga de la probabilidad y de la vida. Olvidamos esto con entendimiento y con voluntad. Una inadaptación es este olvido.
- Amistad: No jugar con lo que queremos, respetar la dignidad de lo que queremos, no abusar del pañuelo hasta convertirlo en un trapo de un solo uso.
- Egoísmo: Sentirse a la deriva, creerse vacío, teatralizar el aplastamiento hasta capturar cebos humanos. Una vez capturados, jugamos al punto anterior.
- Equilibrio: La reacción, ajena a cualquier intencionalidad, de los anteriores extremos. La resultante sin culpa que pone todo en su lugar, sin importar más que los meros hechos.
27.3.05
Strip Tease
Si te desnudo, ¿qué harás?
Te quiero desnuda.
Recién levantada,
Incluso durmiendo.
Por favor, muéstrate.
Te deseo desnuda,
En piel de mañana,
A oscuras en tu cuarto.
Sola conmigo y desnuda.
Enseñándome a beber de ti.
25.3.05
Viernes Santo
Quiero que comiences el día como si tal cosa. No prejuzgues, no pienses demasiado y no hagas lo de siempre. Sólo déjate llevar como un animal. ¿Qué haría un animal? Eso no se cuestiona. Somos animales en lo más profundo, somos inocentes por tanto. Sé animal. Si hoy es un día santo, has de ser un animal y, por tanto, no pretender serlo. Sólo así estarás acorde con el día de hoy y cuando llegue la noche no habrá cifras en "el debe" de la contricción. Y cuando llegue la hora de dormir no harán falta propósitos de enmienda. Si quieres pensar en algo, piensa en mí, mira el grabado en que me cinceló Durero y nada más. Eso bastará para que seas un animal al que no le importa el pasado, el presente o el futuro; porque los animales están por encima de la conciencia del tiempo.
_
Melencoliasi, dos horas y veinte minutos antes de que El Salvador sea crucificado.
24.3.05
Antes del alba
Sean estas, corazón, mis últimas palabras para ti:
No le des muchas vueltas: Te amo. Y no me siento amado. Pero yo soy así, como torcido y complejo, insensato en las cosas del afecto. Todos los enamorados solemos decir las mismas tonterías. Tal vez sea una necesidad.
Te quiero mucho, vida mía, mucho. No me puedes ver, pero estoy llorando. Te quiero y creo que te he hecho daño con mi actitud y con mi alocada soberbia. ¡Si supieras cuánto me duele! Seguramente me has querido como a nadie en este tiempo y yo, sin embargo, te he pagado con miseria y desprecio. ¡Ay, corazón! ¡Cuánta tristeza y soledad me arruinan esta noche el alma! Cielo mío... cielo mío... sé que no puedo rogarte... no puedo rogarte más... A cualquier ser humano mi actitud le hubiese alejado de mí tras los primeros arrebatos. Pero tú has estado ahí como nadie, como nadie nunca lo ha estado, ¡nadie, ángel mío!
¿Qué puedo hacer por ti desde este dolor? ¿Por qué creíste en mí? Ahora padezco este nudo en el estómago y esta nostalgia en el pecho. ¡Perdóname, amor! ¡Perdóname! Quisiera perderme en el vacío, pero sin esta espantosa sensación de dolor y amargura. ¡Vida! ¡Vida! ¡Vida!... Quisiera oír al menos una vez más tu voz y besar tus labios. Quisiera ver tus ojos y que ellos viesen estas lágrimas. ¡Cielo mío!
-Psss... psss... ¡Vamos! Le toca la pastilla.
-... ¡Sí, perdón! Estaba escribiendo....
-Ya lo veo.... Tome....
-Gracias.
-Recuerde... Mañana a las nueve tiene sesión de electroshock.
-...Sí, sí... Lo sé... ¿Me afeitarán la cabeza?
-Sí; pero no se preocupe.
-... Vale... Muchas gracias... muchas gracias.
-Acuéstese pronto. No le conviene estar hasta muy tarde.
-Sí... Lo sé... Estaré otro ratito y me acostaré... Quiero estar despejado mañana cuando me lobotomicen... Terminaré esta carta y ya está... Dentro de un rato me acuesto.
-De acuerdo. Hasta mañana entonces.
-Hasta mañana, enfermera.
Tal vez no lo creas, amor, tal vez no lo creas. Pero te he llevado muy dentro de mí. Cuanto más silencio, más dentro estabas. ¿Por qué somos tan insensatos y crueles que arremetemos contra quienes más nos aprecian? ¡Cuánto masoquismo, Dios mío! ¡Cuánto masoquismo! Te he escogido a ti para esa hostilidad que me ha ido destruyendo cada vez más.... Perdona... Las lágrimas no me dejan ver... ¡Cuánto dolor, mi preciosa, cuánto dolor!... ¿Me perdonarás? Quiero creer que sí. Necesito esa fe en tu perdón; porque tal vez no recuerde nada a partir de mañana... Tal vez.
El doctor Torobra Volatino me aplicará mañana unos voltios en cada lóbulo para ayudarme a olvidar mis locuras y mis pánicos. No sé qué pasará después de la sesión. Dice que quedaré bien y que es la única solución. Piensa que todo irá estupendamente. Son solo doscientos mil voltios para quemar ese laberinto que me abruma y me extingue, vida mía. Espero que esta agonía cese un poquito con esa chispita entre ceja y ceja.
¡Amor mío! ¡Amor mío! ¡Cuánto te quiero! ¡Cuánto te he deseado! ¡Maldigo tantas cosas por no haberte convertido en la persona más dichosa del mundo!... Te consideré esa mitad que todos buscan... lo que me completaba... Me consideré tu complementario, lo que tú necesitabas. Y ya ves... ¡Todo al garete por mi maldita forma de ser!... ¡Maldita sea!
En fin, chatina; ¡te sigo adorando! Y creo que te seguiré adorando siempre y sé que aún podré ayudarte. He comprendido que me interesas más que nada en el mundo, que solo tú eres la razón de mi existir.... Tal vez no te guste que me exprese así... Pero me has proporcionado cosas que me han hecho ser feliz y vibrar... Cosas que me han resucitado de un olvido al que mañana tal vez vuelva.... Aunque, suceda lo que suceda mañana, aunque quede convertido en un monstruo de Frankenstein, sé que mi corazón latirá con impulsos tuyos, cielo... Has llegado tan dentro de mí que nada hará que te olvide... Y mucho menos una chispita de doscientos mil voltios.
¡Te quiero, corazón!
Una apreciación
Esta semana fueron detenidos en Zamora tres jóvenes que habían planeado su suicidio. Al parecer una reportera (o maruja, no sé muy bien) se infiltró en el chat en que lo prepararon. Esta reportera (o periodista de pro, no sé muy bien) dijo que como buena y santa Magdalena quería participar en el evento: "¿Dónde sería? ¿Cómo sería?" Y el día en que iba a tener lugar ese acto, acudió la policía y detuvo a los jóvenes. Uno se retractó, los otros dos confesaron ante el juez que volverían a intentar matarse. Han sido detenidos "por incitar al suicidio" e ingresados en un psiquiátrico.
Me viene a la memoria un libro que se publicó en España (en Cataluña... hago esta apreciación porque aquí quizás sí conviene distinguir entre comunidades. En ciertos asuntos hay localidades con distinto talante. No entro a valorar si más liberal o no. Yo soy un diplomático). Ese libro era la traducción de uno que salió en Francia y que consiguió un récord de ventas sólo superado por el récord de suicidios que provocó. Se trataba de un manual sobre el suicidio, razones y métodos para su ejecución. No doy referencias del libro, ni editorial, ni reseña. No lo hago porque vivo en un país libre con libertad de expresión. Y ahora, voy a Misa, compraré un cilicio, me flagelaré y le pediré a nuestro Señor más dolor para alcanzar el cielo. Y pediré que siga existiendo tanta libertad de expresión como la que ahora se predica. (La verdad: prefería los púlpitos reconocidos a los actuales púlpitos enmascarados).
¿Qué más se necesita?
DESDE MÁS ALLÁ DE LAS ESFERAS DE LA MUERTE
Él ya tenía bastante.
No podía soportar más.
Había encontrado un lugar
en su mente y cerró de golpe la puerta.
No importa cómo le trataron.
Ellos no podían comprender.
Le lavaron y vistieron,
le alimentaron a mano.
Él ya tenía bastante.
No podía soportar más.
Había encontrado un lugar
en su mente y cerró de golpe la puerta.
No importa cómo le trataron.
Ellos no podían comprender.
Le lavaron y vistieron,
le alimentaron a mano.
¡Sí! He dejado atrás el mundo.
Estoy seguro aquí en mi mente
libre para hablar a mi manera.
Esta es mi vida, esta es mi vida.
Decidiré yo y no tú.
Retraído, se había sentado allí,
con la mirada fija en el vacío.
Ninguna señal de vida
parpadearía nunca más en su rostro.
Hasta que un día, sonrió.
Parecía lleno de orgullo.
El viento le besó.
¡Adiós!- Y entonces, murió.
¡Sí! He dejado atrás el mundo.
Estoy seguro aquí en mi mente
libre para hablar a mi manera.
Esta es mi vida, esta es mi vida.
Yo decido sobre ella, no tú.
Guárdate este mundo con todo su pecado.
No es apto para vivir en él.
¡Sí! Lo haría de nuevo.
Podría suceder siempre, una vez y otra vez,
y otra vez; pero aun así todavía saldría ganando.
Cuántos como él
están ahí quietos.
Pero para nosotros, todos
parecen haber perdido la voluntad.
Yacen a millares,
atormentados y perdidos.
¡No es digno este precio amargo!
¡Sí! He dejado el mundo atrás.
Estoy seguro aquí en mi mente
libre para hablar a mi manera.
Esta es mi vida, esta es mi vida,
yo decido sobre ella, no tú.
Conserva la imagen de este mundo con todo su pecado.
No es apto para vivir en él.
(Firmado: Desde más allá de los reinos de la muerte)
Judas Priest
¿Qué importa "mañana"? El que tenga orejas que rebuzne
Hay veces que el cariño de alguien no te llega. Algo, no sé el qué, provoca turbulencias. No creo que dependa de las personas implicadas. Son los mundos que cada uno lleva dentro los que juegan entre sí y con los del otro. Se habla de "química". No sé si eso es exacto. Pero sí sé algo: cuando salta la señal de alarma hay que abandonar. Y la señal de alarma es algo así como una lista que cada una de las partes guarda para la otra. Recomiendo en estos casos la ironía. Tiene los mismos efectos que el frío glacial, pero deja una enseñanza. Y no hay que sacar las cosas de quicio. Lo que no voy a pedir es que se cuide el significado de las palabras. Eso está en manos de unos pocos, de muy pocos, y yo no soy uno de esos. Pero aprecio las palabras, creo en ellas, y creo hasta la ilusión en su significado. Pero el significado no es el mismo para todos, ni siquiera para unos pocos.
También creo en el estilo, en el hilo argumental, en la sinfonía. Creo en la continuidad, en la forma, en la obra. Hay sentidos, aunque no sean sentidos de gran alcance ni grandilocuentes, hay convivencias y connivencias que unen. Por eso, por esa credulidad me cuesta seguir a los que esgrimen el "día a día" como pretexto para acabar con el estilo, el hilo, la sinfonía, la forma, la obra, la convivencia y la connivencia. El "día a día" no debería estar reñido con la continuidad. Quienes los oponen o quienes disuelven la continuidad en un desbarajuste de circunstancias hacen daño a los que creen en un día con sentido para uno mismo y para el mundo. "Vivir al día" es como un hachazo para talar el horizonte.
No pensar en el mañana me parece muy bien si se asume con todas las consecuencias. Pero he visto y veo que no es así. Quienes pontifican acerca del "qué importa el mañana", se sienten vulnerados cuando seguimos su doctrina y se la mostramos como si de un espejo se tratara.
Me limitaré a sonreír y a ver niños por todas partes. Y les compadeceré como niños que son; y mi compasión no será despectiva, sino elevada. Les compadeceré y les querré tanto que les despreciaré, ¡no como si el mañana no importase!, sino como si el ayer no hubiese existido.
Melencoliasi
Quiero recordarme esto. No ol - vi - dar que uno anda entre fragmentos de hombre. Lo he vuelto a olvidar. He vuelto a olvidar "De la redención". Lo he vuelto a olvidar. ¿Cuántas veces va a seguir siendo así? ¡No lo sé! Pero hoy me voy a la cama dejando a un lado las emociones del capricho. Conocimiento y voluntad han de darse la mano contra el capricho, la veleidad y la tontería.
Me daba pena el hombre. Sus tonterías llegaron a ser mis tonterías. Me perdí con aquellos que habitaban las pedanías de sentimientos verdaderamente elevados y dignos de lucha. La ñoñería se convirtió en dolor de corazón y noche a noche un "buaaa" "buaaa" me castraba. También los "jirijujuá jirijujuá" eran mosquitos insaciables que requerían una ducha fría. Por eso río y me encuentro con el superhombre o, en su defecto, con el animal; pero siempre más allá de la ñoña intersección de la puerilidad adulta.
Neón de mediodía
¡Ole mi niña!
Trota que trota la cabrita
Las ruedas te llevan
Las patas te sustentan
Polvito del camino
Bocatín de comino
Si la cobra no me llena
Me recogeré la melena
Con sus plumas de gallina
Con su boquita de fresa
Con su "¡ay no, quita, quita!"
Con su "¡vamos, entra, entra!"
Las maletas en el coco
La campiña en la entrepierna
Se consumen sus sofocos
Soplando sobre las velas
Deshacer el mundo. (Canción de Héroes del Silencio) [Orgasmo solitario, o sea, placer universal]
empezar porque sí
y acabar no sé cuándo
el azul me da cielo
y el iris los cambios
los astros no están más lejos
que los hombres que trato
repito otras voces
que siento como mías
y se encierran en mi cuerpo
con rumor de mar gruesa
el aliento de la tierra
y su calma serena
y la sombra de la tarde
que es una mano que tiembla
la música me abre secretos
que ahora estan dentro de mí
al final después de todo
no somos tan distintos
un oasis en desierto
donde queda la paciencia
ponme fuera del alcance
del bostezo universal
nos veremos en el exilio
o en una celda
ponme fuera del reposo
en mi historia personal
soy un ave rapaz:
mirad mis alas!
y acabar no sé cuándo
el azul me da cielo
y el iris los cambios
los astros no están más lejos
que los hombres que trato
repito otras voces
que siento como mías
y se encierran en mi cuerpo
con rumor de mar gruesa
ESTRIBILLO
te he dicho que no mires atrás
porque el cielo no es tuyo
y hay que empezar despacio
a deshacer el mundo
el aliento de la tierra
y su calma serena
y la sombra de la tarde
que es una mano que tiembla
la música me abre secretos
que ahora estan dentro de mí
al final después de todo
no somos tan distintos
un oasis en desierto
donde queda la paciencia
ESTRIBILLO
ponme fuera del alcance
del bostezo universal
nos veremos en el exilio
o en una celda
ponme fuera del reposo
en mi historia personal
soy un ave rapaz:
mirad mis alas!
Cartas desde la celda
1
Imaginemos que uno se levanta y ya nada es lo mismo. Imaginemos también que esto se sabía. Imaginemos que a pesar de todas las advertencias, sabíamos que no íbamos a dejar de sentir esto. Imaginemos.
Uno se levanta y no puede. Por más que se diga a sí mismo, no puede. Y recuerda los consejos, las opiniones, los recuerdos. Pero no puede. Intenta reírse de sí mismo y, ¡nada! Una amalgama de anécdotas es un caos al que ya no se puede poner orden. Uno fue educado para la gloria y poco a poco el camino se torció. ¿Fue así? ¡La maldita y castradora parábola de los talentos! ¿Quién pudo hablar así?
La queja siempre es la misma en los mismos, en los de siempre, en los que nunca nada, pero como si todo y para siempre.
Hemos oído los mismos tópicos. Pero el tópico siempre es de los otros y se mueren los demás, pero no uno. No puedes levantarte siempre con la misma cruz. Hasta que llega un momento en el que te ves crucificado. Realmente no te importa ser crucificado. Te da igual. Sin embargo quieres una inscripción ahí arriba, donde el INRI, para dejar constancia. Si no la ponen los otros, la labras tú y la llamas testamento. No hay nadie que no quiera ser reconocido. Ante la imposibilidad de ello crea fantasmas que le alaben su dignidad o que le preparen para asumir la derrota. Las palabras tienen vocación de epitafio para los que necesitan sobrevivir.
Dos líneas. La línea del tiempo que mengua y la línea del olvido de ese tiempo para poder vivir. La primera decrece y la segunda se mantiene constante hasta que llega un momento en el que inevitablemente se une a la primera. Un día ya no puedes olvidar más. Entonces las líneas coinciden o colisionan. Puedes sentirte atrapado o como en tu propio hogar. El desenlace depende de… Supongo que hay muchas hipótesis, ¡incluso certezas! Pero llegado ese punto, los que mueren ya no son los otros, sino uno, con la fatídica conciencia de sí mismo.
Atravesamos estados, espacios y tiempos, y somos. Parece que no hubiera más que hablar. ¡Cierto! Así intuimos. Sin embargo, es inevitable hablar y decir que uno fue; sobre todo cuando sobrecoge la falta de predicados a ese vago “fue”. Alocadamente se echa mano de los condimentos para camuflar el olor a podrido y consumir de una vez el plato. Hay que tragar y digerir esa vida. Si la digestión es pesada queda la sal… de la muerte.
Las viejas canciones desaparecen bajo el adjetivo; el predicado siempre abarca más que el sustantivo. Y las viejas pinturas y los viejos libros y los viejos ensayos son devorados por el predicado y son, sin duda, pero viejos: ni canciones, ni pinturas, ni libros para el ángel; sólo el fraude del tiempo.
¿Y la esperanza? Dejemos hablar a la esperanza. Gritemos a coro para que hable. ¡Que haga un bis! No ha dejado de dar recitales desde que nos pusimos morados de nacer. ¡Otra, otra, otra…! El público lo pide.
Sin embargo, uno no es público, sino privado, privado de todo lo que pudo ser y de lo que los redentores culpan de no haber sido. Quiero hablar de los redentores. Los hay por doquier y no hay marcha fúnebre que no les haga honor. ¡Cuántas cofradías del buen consejo! Sacerdotes antes, psiquiatras después, ¿qué serán mañana? Dependerá de a quién prestemos la autoridad para pontificar. En esto los que sufren son soberanos. Y el soberano tiene que pagar. Antes con almas, ahora con monedas. Las cofradías del buen consejo, a pesar de la piedad, también han de subsistir. Aunque, si no puedes pagar, hay consejeros de oficio. Cualquier sanidad pública que se precie de serlo los tiene. Hablan menos, pero tienen consejos de todos los colores y de todos los sabores. Los colores del alma son los colores de la píldora que ingieres.
Imaginemos que todo está bien. No seamos agoreros. La vergüenza no va a sobrevivirnos. Lo escribió Kafka en su Proceso.
¿Qué pido? ¿Qué ofrezco? ¡No! Si las preguntas no son las correctas, las respuestas serán muy peregrinas. Pensemos más bien que uno recibe tanto como da; así que si lo das todo, recibes todo. Pero, ¿se da lo que se tiene o lo que se es? Tener no tengo nada, pero ser, tal vez sea algo.
Imaginemos, por favor, imaginemos juntos. La imaginación es la loca de la casa. Dejémosla hacer y deshacer por un día. Tal vez así aprenda a desaparecer. Imaginemos que puedes conseguir a quien deseas y poseerle, amarle y dominarle hasta la exclusividad. No lo dudes, te arrepentirás. Imaginemos que le consigues revestido de las virtudes y de los defectos del amigo: tal vez así logres algo, incluso el roce que tanto se reclama. Basta para ello con no cuestionarse mucho el tiempo. Esa cuestión hace perder más tiempo del necesario para poder perderse. Y perderse es tanto como vivir.
Un esfuerzo más, un esfuerzo de domingo, un poco más arriba y ya casi llegamos. ¡Arriba! ¿No ves el letrero que indica la altura? ¡Cuarenta años! Piensa en el paisaje que verás desde el mirador. ¡Todo a tus pies! Aunque eso no quiere decir que lo tengas dominado. Piensa en los escombros. Piensa. Siéntate en esa cima. Viene bien llorar en ella; pero no llorar de arrepentimiento, ni por resentimiento. Llorar porque otros como tú también están sentados y llorando y no puedes ni pueden gritar para ser oídos. Y si logras escuchar el lamento de alguien, y si logras tocar a alguien que, como tú, llora; entonces, abrázale, no te desprendas de él, sírvele, sé su sombra pero dale toda la libertad del mundo. Si se produce ese milagro, habrás visto al último de tus guías. De todas formas, no te ilusiones mucho. Intenta ser positivo, mira abajo y tírate.
Uno se levanta y no puede. Por más que se diga a sí mismo, no puede. Y recuerda los consejos, las opiniones, los recuerdos. Pero no puede. Intenta reírse de sí mismo y, ¡nada! Una amalgama de anécdotas es un caos al que ya no se puede poner orden. Uno fue educado para la gloria y poco a poco el camino se torció. ¿Fue así? ¡La maldita y castradora parábola de los talentos! ¿Quién pudo hablar así?
La queja siempre es la misma en los mismos, en los de siempre, en los que nunca nada, pero como si todo y para siempre.
Hemos oído los mismos tópicos. Pero el tópico siempre es de los otros y se mueren los demás, pero no uno. No puedes levantarte siempre con la misma cruz. Hasta que llega un momento en el que te ves crucificado. Realmente no te importa ser crucificado. Te da igual. Sin embargo quieres una inscripción ahí arriba, donde el INRI, para dejar constancia. Si no la ponen los otros, la labras tú y la llamas testamento. No hay nadie que no quiera ser reconocido. Ante la imposibilidad de ello crea fantasmas que le alaben su dignidad o que le preparen para asumir la derrota. Las palabras tienen vocación de epitafio para los que necesitan sobrevivir.
Dos líneas. La línea del tiempo que mengua y la línea del olvido de ese tiempo para poder vivir. La primera decrece y la segunda se mantiene constante hasta que llega un momento en el que inevitablemente se une a la primera. Un día ya no puedes olvidar más. Entonces las líneas coinciden o colisionan. Puedes sentirte atrapado o como en tu propio hogar. El desenlace depende de… Supongo que hay muchas hipótesis, ¡incluso certezas! Pero llegado ese punto, los que mueren ya no son los otros, sino uno, con la fatídica conciencia de sí mismo.
Atravesamos estados, espacios y tiempos, y somos. Parece que no hubiera más que hablar. ¡Cierto! Así intuimos. Sin embargo, es inevitable hablar y decir que uno fue; sobre todo cuando sobrecoge la falta de predicados a ese vago “fue”. Alocadamente se echa mano de los condimentos para camuflar el olor a podrido y consumir de una vez el plato. Hay que tragar y digerir esa vida. Si la digestión es pesada queda la sal… de la muerte.
Las viejas canciones desaparecen bajo el adjetivo; el predicado siempre abarca más que el sustantivo. Y las viejas pinturas y los viejos libros y los viejos ensayos son devorados por el predicado y son, sin duda, pero viejos: ni canciones, ni pinturas, ni libros para el ángel; sólo el fraude del tiempo.
¿Y la esperanza? Dejemos hablar a la esperanza. Gritemos a coro para que hable. ¡Que haga un bis! No ha dejado de dar recitales desde que nos pusimos morados de nacer. ¡Otra, otra, otra…! El público lo pide.
Sin embargo, uno no es público, sino privado, privado de todo lo que pudo ser y de lo que los redentores culpan de no haber sido. Quiero hablar de los redentores. Los hay por doquier y no hay marcha fúnebre que no les haga honor. ¡Cuántas cofradías del buen consejo! Sacerdotes antes, psiquiatras después, ¿qué serán mañana? Dependerá de a quién prestemos la autoridad para pontificar. En esto los que sufren son soberanos. Y el soberano tiene que pagar. Antes con almas, ahora con monedas. Las cofradías del buen consejo, a pesar de la piedad, también han de subsistir. Aunque, si no puedes pagar, hay consejeros de oficio. Cualquier sanidad pública que se precie de serlo los tiene. Hablan menos, pero tienen consejos de todos los colores y de todos los sabores. Los colores del alma son los colores de la píldora que ingieres.
Imaginemos que todo está bien. No seamos agoreros. La vergüenza no va a sobrevivirnos. Lo escribió Kafka en su Proceso.
¿Qué pido? ¿Qué ofrezco? ¡No! Si las preguntas no son las correctas, las respuestas serán muy peregrinas. Pensemos más bien que uno recibe tanto como da; así que si lo das todo, recibes todo. Pero, ¿se da lo que se tiene o lo que se es? Tener no tengo nada, pero ser, tal vez sea algo.
Imaginemos, por favor, imaginemos juntos. La imaginación es la loca de la casa. Dejémosla hacer y deshacer por un día. Tal vez así aprenda a desaparecer. Imaginemos que puedes conseguir a quien deseas y poseerle, amarle y dominarle hasta la exclusividad. No lo dudes, te arrepentirás. Imaginemos que le consigues revestido de las virtudes y de los defectos del amigo: tal vez así logres algo, incluso el roce que tanto se reclama. Basta para ello con no cuestionarse mucho el tiempo. Esa cuestión hace perder más tiempo del necesario para poder perderse. Y perderse es tanto como vivir.
Un esfuerzo más, un esfuerzo de domingo, un poco más arriba y ya casi llegamos. ¡Arriba! ¿No ves el letrero que indica la altura? ¡Cuarenta años! Piensa en el paisaje que verás desde el mirador. ¡Todo a tus pies! Aunque eso no quiere decir que lo tengas dominado. Piensa en los escombros. Piensa. Siéntate en esa cima. Viene bien llorar en ella; pero no llorar de arrepentimiento, ni por resentimiento. Llorar porque otros como tú también están sentados y llorando y no puedes ni pueden gritar para ser oídos. Y si logras escuchar el lamento de alguien, y si logras tocar a alguien que, como tú, llora; entonces, abrázale, no te desprendas de él, sírvele, sé su sombra pero dale toda la libertad del mundo. Si se produce ese milagro, habrás visto al último de tus guías. De todas formas, no te ilusiones mucho. Intenta ser positivo, mira abajo y tírate.
2
Ahora toca escuchar. Por fin toca escuchar. Sin necesidad de asentir ni de negar. Sólo abrir la oreja sin por ello tener complejo de asno. Señor asno, hábleme usted, rebuzne para mí. El vellocino de oro tal vez perteneció a un asno. Y los compañeros de Ulises tal vez fueron convertidos en asnos. Pero esto tal vez es una burrada. ¿Cuánta tontería cabe en un centímetro cuadrado? ¿A cuánto el kilo de imbecilidad? ¿Quién da la vez para ser necio? ¿Cuál es el horario de apertura para la sandez? ¿Cuántos festivos al año abren los estúpidos? Estoy en lista de espera para ser linchado. ¿Funcionan las ejecuciones o tengo que aguardar años para ser ajusticiado? He dejado mi trabajo, he reído, he visto morir y me han ladrado. ¿Qué más puede pedir un hombre de ley? Mis viajes me han curado de todo asombro. He sido más rico que el más pobre e ignorante de los hombres. He sido feliz y me han felicitado por negarlo. ¿Se puede pedir más? Me tomaron por dueño de la luna y quemé el sol; fui rey entre musulmanes y convertí a los estados más unidos en ínsulas. Me querellé contra los enanos y acabé siendo juez en Irulia Defortia, la ciudad de los insaciables. Nada me consume; me hechizan los cabellos de quien duerme como un niño; fumo en vacaciones y tomo el hielo cuando me apetece. ¿Alguien da más por menos? Me vendo caro si he de hacer segundos extraordinarios. Pero a la hora de cumplir soy instantáneo. Me falta fe, pero suplo la falta de virtud con disfraces de moral. Domino con ansias de ogro defraudado y me pierdo por las noches. Jamás hice el amor y ni por asomo pensé en la guerra. Eso sí, luché; luché como pocos por estar muerto sin que lo supiesen los vivos. De cada aberración guardé una pareja con la que cruzar apuestas hasta acabar mejorando lo presente. Me tacharon de todo, menos de escribano. Maté fariseos. Fui cómplice de no negar tres veces la existencia del infierno. He vivido como pocos y perdido como muchos; ahora subsisto y aguardo. No creo en la esperanza, por más que me señalen el camino. Todo me crispa si se hace sin cuidado. Pongo empeño en no empeñarme y me aflige la desidia. Me contradigo. A veces desconfío del lenguaje; en ocasiones lo uso, pero para provocar su consumo. Me adoran cuando finjo; me suplican chistes y me piden aguaceros, a pesar de que estoy seco. ¿Alguien da más, señor asno? ¿A cuánto está el kilo de culpable olvido? ¿Se cotiza bien la insidia? Si necesitan un caza recompensas para acabar con el mal rollo, tengo cuerda para rato. Pero, es muy tarde, señor asno; mejor es que durmamos.
3
El sexo. La muerte y el sexo: los dos grandes motivos. No se equivocó el maestro al darles la importancia que les dio. En todo relato están eros y thanatos. Leí mucho sobre la muerte en mi juventud. Viví con la fuerza de esa edad la angustia de la muerte; quizás por eso ella me respetó. Y ¿qué decir del sexo? También Eros me ha respetado. Respetar es reconocer o adivinar límites y vencer el ansia de cruzarlos. Ante ese respeto algunos límites ceden y se desvelan. ¡Qué hermoso es entonces cruzarlos!
El tópico mata el relato erótico. Hace falta ahí más originalidad que en otros lugares. La experiencia del sexo cada vez es más común, más explícita. Los secretos se difunden, caen los velos, el tedio pisa fuerte. El erotismo es la foto en blanco y negro, el sexo tal cual una foto en color.
Juzgo desde mi atalaya. Los lugares comunes del erotismo escrito me aburren. Fantasías, “perversiones” y delirios ya no son tales. Hay moda en el sexo, gustos impuestos, maneras de gozar al uso. Y también hay minimalismos…
El tópico mata el relato erótico. Hace falta ahí más originalidad que en otros lugares. La experiencia del sexo cada vez es más común, más explícita. Los secretos se difunden, caen los velos, el tedio pisa fuerte. El erotismo es la foto en blanco y negro, el sexo tal cual una foto en color.
Juzgo desde mi atalaya. Los lugares comunes del erotismo escrito me aburren. Fantasías, “perversiones” y delirios ya no son tales. Hay moda en el sexo, gustos impuestos, maneras de gozar al uso. Y también hay minimalismos…
4
Cuando dentro de unos días deje todo, seré un hombre nuevo. Estas palabras no las reconoceré, porque las habré olvidado. Olvidaré muchas más cosas: lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo; lo que compromete y lo que libera.
Hasta ahora los miedos parecían evitables y las esperanzas capaces de cumplirse. Sin duda, apariencia. Se me han acabado los parches; y he de asestar el descabello a la vergüenza. Don Nadie cogerá el autobús con todos sus soldados de vuelta a casa.
Hasta ahora los miedos parecían evitables y las esperanzas capaces de cumplirse. Sin duda, apariencia. Se me han acabado los parches; y he de asestar el descabello a la vergüenza. Don Nadie cogerá el autobús con todos sus soldados de vuelta a casa.
Recuerdo a aquel ejército de ideas y conceptos tan dispuesto a comerse el mundo. No sabía cada uno de sus miembros que iba a un campo de batalla donde no había enemigos ni lucha. Ahora les veo con la mirada perdida; sin corazón, apagados y con lágrimas que no saben a qué asociar. No van a morir de melancolía. La melancolía no mata. Les matará el orgullo; se matarán al comprobar que sus fuerzas eran inútiles.
He cogido las cartas de cada soldado. En todas el mensaje es el mismo, más o menos adornado y con palabras más o menos elocuentes. Parece que algunos depositasen en el testamento de despedida su última voluntad, ignorantes de que perdieron la voluntad en aquel campo. No pueden admitir estos su derrota. En las cartas de otros veo que son soldados hasta el final, porque su testamento se limita a una escueta expresión: “Perdón por el desorden”. “Nada lego a la posteridad que no existe”. “La culpa no existe”.
Sé que la mayoría no titubeará cuando lleguen a la última parada. Vamos todos a un pueblo solitario en invierno. En estos días el frío, la bruma y el viento de ese lugar les hará más llevadero el último acto. Muchos se dejarán caer en medio de la nieve y dormirán. Alguno me ha comentado que se arrojará al río y se dejará hundir. Me hablan de ello con naturalidad, sin sobresalto, con un tono que no puedo describir. Realmente no hay tono en sus palabras. Hablan desde una ultratumba incolora y vacía como un montón de cifras sin intérprete.
Hay una carta cuyo mensaje me llama la atención. Este soldado no me ha dicho cómo piensa hacerlo. Tiene cierto pudor a la hora de contarlo. Considera que la muerte es el acto más íntimo, el más pudoroso y el más digno. Recojo sus palabras, consciente de que en cierto modo violo ese pudor. Pero los soldados saben que sus cartas serán leídas por los cuerpos de seguridad, con el fin de no inculpar a otros de su última maniobra.
“Aquel día no comprendí tu acto. Ni siquiera lo lloré. Yo era un niño al que le ocultaron el sentido de lo que hiciste.
Recuerdo cómo llorabas a menudo en casa de mis padres; pero no entendía tu tristeza. Se me hacía difícil ver llorar a un hombre, cuyo coraje se había demostrado en muchas ocasiones. Cuando preguntaba a mi madre, sólo me decía que “está viejo y son cosas de viejos”. Mi padre no decía nada; incluso no entendía por qué me apagaba al verte triste.
Un grupo de soldados y yo nos encaminamos hacia nuestra tumba y debemos dejar constancia de que se trata de un acto deliberado. Hemos tenido que escoger a un destinatario de esta última carta. Yo te he escogido a ti. Creen que estás vivo; y sé que estoy violando una orden al dirigir este testamento a alguien que murió hace mucho. Pero te escribo con la conciencia de que, simplemente, voy a dar fin a algo que tú hiciste precipitadamente. Por lo tanto, es como si estuvieras vivo y yo culminase aquella “locura” de hace veintinueve años.
Algunos compañeros míos, soldados también, han bromeado llamándome “el novio de la muerte”. Siempre me obsesionó esa idea. Sé que a ti no, porque tenías una fe que aún algunos conservan. Sin embargo, me alisté en un ejército y nos enviaron a una lucha en la que nuestra fe fue derrotada por completo, junto con la esperanza. La nada ha ganado la batalla; pero todos nosotros somos conscientes de que ella ha sido, es y será la gran triunfadora por todas las edades. Precisamente, nos ha concedido poder terminar por nuestra propia mano al comprobar que éramos un ejército valeroso como pocos. De lo contrario, si hubiésemos mostrado alguna flaqueza, la nada nos hubiera condenado como a muchos otros ejércitos: nos hubiese hecho llegar al fin de nuestros días parche a parche, sucedáneo a sucedáneo, engañados e ilusionados.
Antes de partir a aquel campo donde perdimos tantas cosas, solía visitar el lugar donde descansas. Lo consideraba también mi lugar de descanso y fantaseaba con la idea de cómo iría a parar allí. Ahora compruebo que es posible que no encuentren nuestros cuerpos. El general ha decidido que debemos permanecer como un enigma y que, para ello, hemos de desaparecer sin dejar el rastro de nuestros cadáveres. Pero ha estimado necesario que escribamos una carta de exculpación a los que quedan. Ésta es una de esas cartas.
Te escribo, sabedor siempre de que tu final fue mi principio; y de que mi principio toca a su fin... “
Hay más cosas en esta carta que no es necesario exponer. Lo que me emociona de ella es que este soldado tiene muchas cosas en común conmigo. Él las manifiesta en este último escrito; yo, como general de mi ejército, no puedo dar esa muestra de “debilidad”.
He cogido las cartas de cada soldado. En todas el mensaje es el mismo, más o menos adornado y con palabras más o menos elocuentes. Parece que algunos depositasen en el testamento de despedida su última voluntad, ignorantes de que perdieron la voluntad en aquel campo. No pueden admitir estos su derrota. En las cartas de otros veo que son soldados hasta el final, porque su testamento se limita a una escueta expresión: “Perdón por el desorden”. “Nada lego a la posteridad que no existe”. “La culpa no existe”.
Sé que la mayoría no titubeará cuando lleguen a la última parada. Vamos todos a un pueblo solitario en invierno. En estos días el frío, la bruma y el viento de ese lugar les hará más llevadero el último acto. Muchos se dejarán caer en medio de la nieve y dormirán. Alguno me ha comentado que se arrojará al río y se dejará hundir. Me hablan de ello con naturalidad, sin sobresalto, con un tono que no puedo describir. Realmente no hay tono en sus palabras. Hablan desde una ultratumba incolora y vacía como un montón de cifras sin intérprete.
Hay una carta cuyo mensaje me llama la atención. Este soldado no me ha dicho cómo piensa hacerlo. Tiene cierto pudor a la hora de contarlo. Considera que la muerte es el acto más íntimo, el más pudoroso y el más digno. Recojo sus palabras, consciente de que en cierto modo violo ese pudor. Pero los soldados saben que sus cartas serán leídas por los cuerpos de seguridad, con el fin de no inculpar a otros de su última maniobra.
“Aquel día no comprendí tu acto. Ni siquiera lo lloré. Yo era un niño al que le ocultaron el sentido de lo que hiciste.
Recuerdo cómo llorabas a menudo en casa de mis padres; pero no entendía tu tristeza. Se me hacía difícil ver llorar a un hombre, cuyo coraje se había demostrado en muchas ocasiones. Cuando preguntaba a mi madre, sólo me decía que “está viejo y son cosas de viejos”. Mi padre no decía nada; incluso no entendía por qué me apagaba al verte triste.
Un grupo de soldados y yo nos encaminamos hacia nuestra tumba y debemos dejar constancia de que se trata de un acto deliberado. Hemos tenido que escoger a un destinatario de esta última carta. Yo te he escogido a ti. Creen que estás vivo; y sé que estoy violando una orden al dirigir este testamento a alguien que murió hace mucho. Pero te escribo con la conciencia de que, simplemente, voy a dar fin a algo que tú hiciste precipitadamente. Por lo tanto, es como si estuvieras vivo y yo culminase aquella “locura” de hace veintinueve años.
Algunos compañeros míos, soldados también, han bromeado llamándome “el novio de la muerte”. Siempre me obsesionó esa idea. Sé que a ti no, porque tenías una fe que aún algunos conservan. Sin embargo, me alisté en un ejército y nos enviaron a una lucha en la que nuestra fe fue derrotada por completo, junto con la esperanza. La nada ha ganado la batalla; pero todos nosotros somos conscientes de que ella ha sido, es y será la gran triunfadora por todas las edades. Precisamente, nos ha concedido poder terminar por nuestra propia mano al comprobar que éramos un ejército valeroso como pocos. De lo contrario, si hubiésemos mostrado alguna flaqueza, la nada nos hubiera condenado como a muchos otros ejércitos: nos hubiese hecho llegar al fin de nuestros días parche a parche, sucedáneo a sucedáneo, engañados e ilusionados.
Antes de partir a aquel campo donde perdimos tantas cosas, solía visitar el lugar donde descansas. Lo consideraba también mi lugar de descanso y fantaseaba con la idea de cómo iría a parar allí. Ahora compruebo que es posible que no encuentren nuestros cuerpos. El general ha decidido que debemos permanecer como un enigma y que, para ello, hemos de desaparecer sin dejar el rastro de nuestros cadáveres. Pero ha estimado necesario que escribamos una carta de exculpación a los que quedan. Ésta es una de esas cartas.
Te escribo, sabedor siempre de que tu final fue mi principio; y de que mi principio toca a su fin... “
Hay más cosas en esta carta que no es necesario exponer. Lo que me emociona de ella es que este soldado tiene muchas cosas en común conmigo. Él las manifiesta en este último escrito; yo, como general de mi ejército, no puedo dar esa muestra de “debilidad”.
Serial en un erial
Buenas tardes:
Aquí Madrid.
Unos corren, otros se precipitan; algunos dejan pasar. El autobús es un proyectil. Mi memoria es una bala que se disparó. No hay recargas para el móvil. Busco un bar, busco un antro. La ciudad es un refugio. Kant estaba sentado frente a una copa de agua. ¡Pobre genio!
Veo a una mujer. Una más. Veo a un niño. Uno menos. Veo a un dios: estoy loco. Sigo el paseo. El vagabundo pide como un borracho. La cornisa cae sobre él. Un trago, una dosis, un olvido.
Escucha, amigo:
Aquí no queda nada. Todo el pescado está vendido. ¿No has notado que estás inmunizado contra todo? ¿Quién tiene tu alma? Sería lamentable que te la hubiesen arrebatado sin darte cuenta. Y sería peor que siempre hubieses carecido de ella y fueses un compuesto de retales. Si es así, no importa. Aquí todos pican.
Esfuérzate por ser sincero. Esfuérzate. Ten voluntad. Demuestra que la tienes. Piensa en aquello que no quieres, en lo que detestas, en lo que te lastima… ¡y practícalo con los demás! Tienes un laboratorio a tu disposición. Siempre se dejarán si les vendes el producto a regañadientes, como escondiendo un secreto. Todos pican.
Compra. No lo dudes. Compra. Todo está en venta y a bajo precio. Y critica. No dejes de criticar.
Aquí Madrid.
Unos corren, otros se precipitan; algunos dejan pasar. El autobús es un proyectil. Mi memoria es una bala que se disparó. No hay recargas para el móvil. Busco un bar, busco un antro. La ciudad es un refugio. Kant estaba sentado frente a una copa de agua. ¡Pobre genio!
Veo a una mujer. Una más. Veo a un niño. Uno menos. Veo a un dios: estoy loco. Sigo el paseo. El vagabundo pide como un borracho. La cornisa cae sobre él. Un trago, una dosis, un olvido.
Escucha, amigo:
Aquí no queda nada. Todo el pescado está vendido. ¿No has notado que estás inmunizado contra todo? ¿Quién tiene tu alma? Sería lamentable que te la hubiesen arrebatado sin darte cuenta. Y sería peor que siempre hubieses carecido de ella y fueses un compuesto de retales. Si es así, no importa. Aquí todos pican.
Esfuérzate por ser sincero. Esfuérzate. Ten voluntad. Demuestra que la tienes. Piensa en aquello que no quieres, en lo que detestas, en lo que te lastima… ¡y practícalo con los demás! Tienes un laboratorio a tu disposición. Siempre se dejarán si les vendes el producto a regañadientes, como escondiendo un secreto. Todos pican.
Compra. No lo dudes. Compra. Todo está en venta y a bajo precio. Y critica. No dejes de criticar.
23.3.05
Hoy releía correos.
Historia de días. "Iremos... veremos... beberemos... hablaremos... "
Todo era futuro. Ahora todo es pasado sin presente, agua que no llegó a fluir.
Todo era futuro. Ahora todo es pasado sin presente, agua que no llegó a fluir.
Cada correo es un clavo ardiendo. Cambiaría todos mis correos por un beso intenso. ¡Sólo un beso! Millones de imágenes y palabras a cambio de un solo beso intenso.
Dijo Kant: "Las intuiciones sin conceptos están ciegas; los conceptos sin intuiciones están vacíos". Esa frase sólo puede surgir de un genio. "Yo" fui la intuición y "tú" fuiste el concepto. Mi ceguera y tu vacío. Yo puedo llenar, tú puedes iluminar. Pero eso solo tiene lugar en el tiempo cuando se está dispuesto a conocer y entender.
[Adelante, Judas; ya puedes besarme]
¡Qué desilusión!
No te cuelgues del teléfono: es el cadalso de los solitarios.
No escribas cartas sin dirección: el afecto sin destino hace daño.
No persigas a tu sombra y sé uno con ella, pero en paz.
Mira a tu perro. No busques más.
Cuando muera tu perro, tú también morirás.
Melencoliasi
No escribas cartas sin dirección: el afecto sin destino hace daño.
No persigas a tu sombra y sé uno con ella, pero en paz.
Mira a tu perro. No busques más.
Cuando muera tu perro, tú también morirás.
Melencoliasi
22.3.05
Carta al metrosexual
¡Hola! Te hablo a ti. ¡Sí, a ti, metrosexual!
Si eres un currito de a pie o de andamio, uno de esos que se trinca un sol y sombra para desayunar o un bocata tortilla con pimientos en las dos horas del descanso... ¡A mis brazos, metrosexual! ¡Tú sí que sabes vivir!
Seguramente te pintas las uñas con yeso, con cal o con tinta; o tal vez te quede un poco de estopa entre las uñas del último grifo cambiado. Pero tú sabes lo que es tratar a una dama, metrosexual. Y si has de elegir entre la parienta o el último Atlético-Barça, ¡no lo dudas! Intentas conciliar y, si es posible, rematar con un ñiki ñiki de victoria. ¡Que a ti no te la dan con queso! Tú eres de los que después de comer, buuuuurp, ¡un buen eructo! Y si la cerveza era de calidad, prrrrr, ¡lo celebras! Y cuando el kiki ha sido proverbial lo conmemoras con unos buenos ronquidos de los que ni te enteras. ¡Paso libre al metrosexual! ¡Ha vuelto el hombre! Buuurp, prrrrrr, jrooooo... ¡Dulces onomatopeyas del nuevo mito!
En ti la palabra se hace rocío... "¡Rocííoooooooo, ande te has metío!" Tú sabes aconsejar a todos: "¡Ieeeepaaaa... los de abajoooo... cuidaaaao... que me se cae la birra del andamiooo... cagoenlá...!" Velas por la economía de los demás: "Míe usté... hay que tirá to y volvé a alicatá... si lo quié lo toma y si no lo eja... Pero yo la tengo que cobrá cien euros por el presupuesto".
Mi metrosexual conoce de comidas y bebidas como el mejor emperador de Roma. Ni Wilde con toda su exquisitez les iguala. "Ramóooon, ondia.... enga otra de bravas, joeer... y dame otro cartón de celtas" ¡Muera el macho hispano! ¡Viva el metrosexual!
Boceto... ideas sueltas... Ladrillos a retomar
El eterno retorno es cierto. Lo presiento.
Está lloviendo en Madrid.
Ella volverá.
¿Dónde está tu mano? ¿Por qué creí ver tu mano?
Tu espalda es de otros, tu pelo es de otros... Pero tú no te perteneces.
Odiar es querer. Te odio. Y no me quedan dientes para rechinar,
ni corazón...
No me queda nada.
Lo que pude tener estaba en ti y te lo llevas.
Nadie puede reír con corazones prestados. Esto te acompañará.
Ni mover un dedo con sonrisas robadas. Esto te acompañará.
Me he convertido en rey por una eternidad.
Me debo eso a mí mismo.
El trono arde y Satán vuelve a ser un error de perspectiva.
Tengo las ideas muy claras.
Tengo los odios muy claros.
La biología me ha vuelto a jugar una mala pasada.
Acuso a la ciencia de llevar razón.
Pero me consuela que sea universal...
También tú padecerás tu tercera ley de Newton.
Aquél que aplique esa ley a la moral y saque sus consecuencias será rey en el tiempo.
Yo me limito a ser rey fuera del tiempo.
Y se lo debo a mi odio.
(¡En absoluto! Se lo debes al miedo. Sólo al miedo. El demonio)
(Se lo debes a la esperanza. Melencoliasi)
21.3.05
De Errancias
Quemé mis naves. ¿De qué tengo miedo? Vamos de lo sencillo a lo complejo.
Nací, crecí, no me he multiplicado y muero.
¿Sencillo? Creo que sí.
Si te fijas en todos los juegos, en todas las normas y en todos los ámbitos; puedes volverte loco. Sólo puedes apreciarlos levemente. Y esa levedad puede llevarte a la inconsistencia. ¿Se entiende esto? Y ser consistente puede aburrirte. ¿No es sencillo, verdad?
Expresar es difícil. ¡Muy difícil! Sólo podemos dejar impresiones. Y las impresiones son frágiles y hacen frágil al sentido que las percibe. (Luego está eso de que todo ha sido dicho y todo ha sido escrito; pero eso no me importa tanto).
Impresionar no es difícil por muy curados de espanto que estemos. La palabra aún no ha perdido su poder (ni lo perderá). Una imagen no vale más que mil palabras. A veces la imagen surge de las palabras. "Morirá mañana". Sólo dos palabras. ¿Alguna imagen que valga por esas dos palabras? ¿Quiénes pueden pronunciar esas dos palabras? Un asesino, un médico, un familiar; un escritor, un amigo, un sacerdote. Como si estuviésemos en el "Un, Dos, Tres": "Por cincuenta céntimos de euro: Personas que pueden pronunciar "morirá mañana", como por ejemplo, "un asesino". Un, Dos, Tres: ¡responda otra vez!" ¿Has probado a confeccionar una lista? Incluso el más estúpido hallaría miles de palabras. Bastaría con una fácil apostilla: "Un asesino vestido de verde", "un asesino vestido de azul", "un asesino cojo"; "un asesino melancólico", "un asesino erótico", "un asesino ímprobo"... (en este último caso, si lo supertacañones alegaran que no es válido porque la cualidad de "ímprobo" está contenida en la definición de asesino, recurriríamos con toda la convicción de que se equivocan al afirmar eso. Porque hay asesinos bondadosos, caritativos, dulces; infantiles, pueriles, sacrificados y modestos).
Ahora tomaré un café, sin copa ni puro. Prueba a confeccionar tu lista. En este Un, Dos, Tres hay más tiempo.
20.3.05
5.3.05
La madre de todas las selvas
Al principio puede parecer caos, desorden... ¡selva! Como si no hubiese la más mínima organización. Sin embargo, ahí está, con el orden más perfecto que puede existir: el que imponen los elementos. Dominarlos supone magia; y dominarlos hasta la extenuación y hasta destruir la jungla solo requiere... ¡ser humano! A veces, cuando la selva parece haber sido borrada de la faz de la tierra gracias al tesón del bípedo balompédico... ¡misterio!... hay una debilidad, una angustia y un resquemor que apadrina los insomnios. Es la selva, más presente que nunca en su ausencia.
