Hay cosas que han de suceder, inevitables. Que las contemplemos o no, eso no es seguro. La probabilidad arroja luz, pero hay sombras en ella. El joven, probablemente, sobrevivirá al viejo. Pero hay viejos que sobrevivirán a los jóvenes. Lo más probable es lo primero. Lo menos probable es lo segundo. Si seguimos la probabilidad, los días que están por delante traerán tristeza. Pero, ¿por qué? ¿Por qué tristeza? Ha de ser así probablemente. Es la esperanza la mayor enemiga de la probabilidad y de la vida. Olvidamos esto con entendimiento y con voluntad. Una inadaptación es este olvido.
Amistad: No jugar con lo que queremos, respetar la dignidad de lo que queremos, no abusar del pañuelo hasta convertirlo en un trapo de un solo uso.
Egoísmo: Sentirse a la deriva, creerse vacío, teatralizar el aplastamiento hasta capturar cebos humanos. Una vez capturados, jugamos al punto anterior.
Equilibrio: La reacción, ajena a cualquier intencionalidad, de los anteriores extremos. La resultante sin culpa que pone todo en su lugar, sin importar más que los meros hechos.
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