Isarial
(De fondo: Tajabone)
Me gusta el centro de la ciudad. Hablo de esos oasis como pueblecitos en medio de su corazón. Donde late el monstruo hay flores. Una plaza, un locutorio, capillas para calentar olvidos y una iglesia en la que dormir. ¡Y los crepúsculos! Esos crepúsculos de Dos de Mayo y Espíritu Santo.
Encuentros con los "grandes", que en esos ríos son como tú y como yo. Amenábar, Darín, Luz; Auserón... Nombres que se hacen hombres y hombres que se hacen niños en ese laberinto en el que decidí ser yo mismo, o sea, no decidir nada, sino vivir.
Mercado de Tribunal, viejo amigo, ¿el amor es una mercancía? (Sabemos que no).
Plaza de Tribunal, ¿queda plaza para nosotros? (Sabemos que no, pero mantente en mi recuerdo; ese dolor me permite seguir vivo).
Me puede el silencio. Me puede la nostalgia. Pero me siento agradecido. He intentado conservar un cadáver y no he dejado que descanse en paz. Al espíritu que lo habitó: ¡perdón! Brindo por nosotros, por lo que fuimos; porque fuimos aquello, lo fuimos. Allí no hubo mentira (esa ficción vino después). Todo fue tan grande y tan único... que quise repetirlo. ¿Por qué quise drenar los mares de Malasaña con esta soberbia ficción de una red que no traba sino soledades? Al menos aquel dolor fue real y hubo muerte en lo que vivió... En este desierto no hay vida. Entre Avalón y Matrix no cabe elección... (si has amado).
Estimado Matrix de Madrid, cuida de tus cibernántropos. No están tan dormidos como piensas. Y en tu cuerpo hay venas con deseo y cariño sufcientes como para provocar un aneurisma en tu tedioso cerebro. Yo era parte de ti y en ti encontré la sal de la tierra y el vino de Babilonia. Si he vuelto a ti ha sido creyendo en la resurreción de la piel. Eso no es fe, sino capricho. Gracias por el dolor de Palma en los atardeceres de primavera, gracias por San Andrés y sus cuevas de alegría y niebla, gracias por las noches de Manuela. Gracias a quien sea o a lo que sea.
Y gracias a ti... A ti que no me lees, flor de Baudelaire; a ti que me diste voz, infierno de Rimbaud; a ti que convertiste Malasaña en Samaria. Todo lo que ataste en aquel cielo permanece atado en este desierto.

1 comentarios:
Y si paseas por la calle La Palma y miras hacia arriba... justo antes de torcer al 2 de mayo... verás un maniquí sobre una bicicleta con una pistola en la mano. Es una mina argentina, y si le chillas DOÑAAAA CONNNCHAAAAAA igual te guiña un ojo.
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