¿Qué importa "mañana"? El que tenga orejas que rebuzne
Hay veces que el cariño de alguien no te llega. Algo, no sé el qué, provoca turbulencias. No creo que dependa de las personas implicadas. Son los mundos que cada uno lleva dentro los que juegan entre sí y con los del otro. Se habla de "química". No sé si eso es exacto. Pero sí sé algo: cuando salta la señal de alarma hay que abandonar. Y la señal de alarma es algo así como una lista que cada una de las partes guarda para la otra. Recomiendo en estos casos la ironía. Tiene los mismos efectos que el frío glacial, pero deja una enseñanza. Y no hay que sacar las cosas de quicio. Lo que no voy a pedir es que se cuide el significado de las palabras. Eso está en manos de unos pocos, de muy pocos, y yo no soy uno de esos. Pero aprecio las palabras, creo en ellas, y creo hasta la ilusión en su significado. Pero el significado no es el mismo para todos, ni siquiera para unos pocos.
También creo en el estilo, en el hilo argumental, en la sinfonía. Creo en la continuidad, en la forma, en la obra. Hay sentidos, aunque no sean sentidos de gran alcance ni grandilocuentes, hay convivencias y connivencias que unen. Por eso, por esa credulidad me cuesta seguir a los que esgrimen el "día a día" como pretexto para acabar con el estilo, el hilo, la sinfonía, la forma, la obra, la convivencia y la connivencia. El "día a día" no debería estar reñido con la continuidad. Quienes los oponen o quienes disuelven la continuidad en un desbarajuste de circunstancias hacen daño a los que creen en un día con sentido para uno mismo y para el mundo. "Vivir al día" es como un hachazo para talar el horizonte.
No pensar en el mañana me parece muy bien si se asume con todas las consecuencias. Pero he visto y veo que no es así. Quienes pontifican acerca del "qué importa el mañana", se sienten vulnerados cuando seguimos su doctrina y se la mostramos como si de un espejo se tratara.
Me limitaré a sonreír y a ver niños por todas partes. Y les compadeceré como niños que son; y mi compasión no será despectiva, sino elevada. Les compadeceré y les querré tanto que les despreciaré, ¡no como si el mañana no importase!, sino como si el ayer no hubiese existido.
Melencoliasi
Quiero recordarme esto. No ol - vi - dar que uno anda entre fragmentos de hombre. Lo he vuelto a olvidar. He vuelto a olvidar "De la redención". Lo he vuelto a olvidar. ¿Cuántas veces va a seguir siendo así? ¡No lo sé! Pero hoy me voy a la cama dejando a un lado las emociones del capricho. Conocimiento y voluntad han de darse la mano contra el capricho, la veleidad y la tontería.
Me daba pena el hombre. Sus tonterías llegaron a ser mis tonterías. Me perdí con aquellos que habitaban las pedanías de sentimientos verdaderamente elevados y dignos de lucha. La ñoñería se convirtió en dolor de corazón y noche a noche un "buaaa" "buaaa" me castraba. También los "jirijujuá jirijujuá" eran mosquitos insaciables que requerían una ducha fría. Por eso río y me encuentro con el superhombre o, en su defecto, con el animal; pero siempre más allá de la ñoña intersección de la puerilidad adulta.

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