27.4.05

Desbarres

Ayer se escapó una camisa de mi armario. Se fugó con mi tanga de leopardo y con mis pantalones de esquí. Se llevó también una caja de preservativos del 92 y el cepillo de dientes que usé en mis últimas vacaciones en Benidorm.
¿Por qué ha pasado esto? ¿Por qué hemos tenido que llegar hasta aquí? Yo quería a mi camisa; de veras, ¡la quería! Sé que ya necesitaba una camisa nueva; pero no creo que esto sea una razón suficiente para huir sin ni siquiera un último abrazo. Yo la cuidaba, la mimaba; era la preferida de todas las tintorerías. También, ¿por qué no decirlo?, era la favorita de mis amantes. Y no comprendo este abandono. Sé que no ha sido por cansancio; si no, no se hubiera llevado los profilácticos. Sin duda, es el tedio; el tedio de nuestra relación. Pero, ¿qué más podía hacer? Intenté renovar el día a día: la cambiaba a todas horas de percha, procuraba plancharla lo menos posible; almidón el justo y necesario. Apenas la ensuciaba. Se puede decir que me la ponía solamente cuando sabía que iba a ser quitada al poco tiempo por una tigresa sabatina. Era una camisa de domingo, un lienzo con pedigree, una bandera de victorias color de rosa. ¿Por qué se ha ido entonces? Y, lo que no puedo soportar y me está rompiendo el alma: ¿por qué se llevó mi recién comprado tanga de leopardo?

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio

Free counter and web stats