Hubo muchas como ella en la boca del estómago. Me sentí el dueño de la Luna. Era delicada y volátil como una nube contemplada antes del sueño. Se apoyó sobre mi dedo como podéis ver. Fue solo un momento. Era una mañana en que estaba como dormida, pero conteniendo la risa y la vida en cada pixel de su imagen. Me dio mucho, tal vez todo; pero no podía darlo por mucho tiempo. La felicidad es eso: una imagen captada en el tiempo y nada más. Me hizo cosquillas en el alma. Tan frágil y tan encantadora, tan preciosa. Bastó una llovizna de adverbios temporales para que se fuese de mi lado. Su ausencia me hace ser el dueño de la Luna, pero no sentirme como tal. Es el duro precio de la realidad. No hay sueños, ni colores; sino un gris monótono que calcina lunas de primavera. Me sentí dueño de la Luna que brilla; soy el dueño de su cara oculta.
La Selva de Próspero
Sapere aude!



2 comentarios:
demasiado borracha para escribir algo coherente, pero me gusta escribir borracha y hablar borracha y hacer el amora borracha porque entonces no tengo fuerzas para fingir. Nunca sentí mariposas en el estómago, y sin embargo puedo decir que me he enamorado. Puedo jurarlo, aunque nunca fui dueña de nada, y ahora sólo dueña de mí misma porque ha sido demasiada cerveza... las mariposas a veces son seres crueles, como casi todos los seres hermosos (y ni siquiera borracha soy capaz de dejar de sentenciar)
Cierra los ojos y siente, siente a tus propias mariposas, ellas aún estan, ellas aún te hablan, pero sólo tú puedes hacer, que tus mariposas no ardan.
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio