Conocemos síntomas y causas. Pero, ¿cuál es el remedio?
Hombres y mujeres de nuestro tiempo
Yo confieso, ante Bush todopoderoso y ante vosotros, hermanos...
Yo confieso, ante Bush todopoderoso y ante vosotros, hermanos...
En esta última semana he sentido un asco inaudito por el alcohol. El asco por el tabaco creo que lo siento desde que nací. Sin embargo, mis atracones son pantagruélicos y espantosos. Afortunadamente un ritmo así no puede tolerarlo ni la salud ni la economía. Me muevo entre extremos. De tres semanas a esta parte, ¡ni una gota de alcohol! Sin embargo, he aquí un menú de esta semana (ayer concretamente):
Combinado 1 en Bar La Esquina: Tres salchichas, cuatro croquetas, dos huevos fritos. Una cola light. (15:35 hs.)
En Zass (establecimiento de comida rápida): Un zass calamar: Bocadillo de calamares, patatas fritas y agua mineral. (15:51 hs.)
En Vips: Pizza 4 quesos. Profiteroles. Agua mineral. (16:20 hs.)
Un taxi para el apartamento y siesta de pesadilla.
A la noche:
Adquirido en el chino: Una bolsa de patatas fritas, una empanada de bonito, tres sandwichs de vegetal; una bolsa de croissants. (Ingesta a las 23:30 hs.)
Hoy he batido el récord.
Ingiero descomunalmente; tan descomunalmente como odio a esta sociedad. Al igual que el comensal de El Sentido de la Vida de Monty Phyton o que el Augusto Pérez de Niebla, he decidido reventar. Pero hasta en la desaparición se necesita un método. Tiempo al tiempo.
_

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio