31.5.05

Post mortem

Tengo miedo. A veces tengo miedo. Ahora mismo saldría corriendo y cerraría esta puerta que no es mía. O me tumbaría en esa cama que tampoco es mía. Pero de lo que tengo ganas es de tumbarme bajo esa lluvia que cae y es de todos, de absolutamente todos y de nadie. Esa lluvia de la que algunos huyen y a la que yo huyo. Porque mi voluntad está muerta y harta; ¡bendita muerte de la voluntad! ¡Y que no resucite nunca más! Pero también mueren los buenos recuerdos y quedan los malos; y también mueren las buenas esperanzas y permanecen las malas. Y lo que más me aterra: permanece la distinción entre lo bueno y lo malo, permanece ese engaño. E incluso debajo de la lluvia la cadena no se disuelve, sino que se oxida y hace daño, más daño. Y no me asusta el bendito gris de esta tarde, sino el gris del despertar para lo gris. Pero la franja se hace cada vez más imperceptible. También el miedo se irá difuminando. Sólo la fuerza de la juventud da fuerza a los miedos. Pero la juventud y la voluntad ya no tienen apenas aliento. Eso es positivo y necesario para poder soportar este tránsito a un vacío sin recursos.
Antes pensaba que cada noche iba a ser la última. Ahora pienso qué noche fue la última y cuándo dejaré de ser este fantasma.

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Lo peor del miedo es que huele mal. Si no fuera por eso podríamos convivir con él alegremente.

junio 02, 2005 2:00 p. m.  

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