RJD
- Se nos dijo: "Ama al prójimo como a ti mismo". Pero despreciar al prójimo como uno mismo se desprecia nunca estuvo bien visto. Infravalorar al otro como uno mismo se infravalora no es normal, sino insano.
He borrado algún post que podría resultar hiriente en caso de que este blog se hiciese público. Por eso, rectifico mis opiniones llenas de resentimiento con una verdad. Creo que es más justo. Esta es la verdad: el cristianismo es nocivo y venenoso para la vida. Mutila lo que toca y lo predispone de inmediato para la agonía y la muerte. El cristiano reniega de la vida: esto es general; no cabe excepción. Donde lo cristiano plantó su semilla todo enferma y degenera. Con estas palabras creo que he pedido justo perdón por viejos posts anticlericales y anticatólicos.
La vida debe ensordecer cuando lo multitudinario apabulla. Tarde o temprano ha de venir otra tormenta. Aquí ya no pintan colores, sino ruidos; y la estridencia de la guerra acabará por convertirse en la única melodía que consuele.
Sólo percibo la opulencia de la grasa y de lo desmedido. Sólo percibo la excrecencia de lo explícito. Todo se desborda como un tumor aplaudido por la masa que se roza con la masa hasta formar un homúnculo seboso. Percibo la grasienta oquedad que vomita seres para el nuevo césar. Y todo es porno como una madre que no se sacia de convertir a sus hijos en padres de sus hermanos.

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