1.5.05

Yo confieso

No soy trigo limpio. Tengo muchos defectos. Y daré ejemplos:
Soy maltratador. El otro día, cuando la vecina vació el orinal sobre mi piso, la llamé maleducada. (Es decir, la acosé psicológicamente).
En el mercado, una señora me robó la vez (así lo declararon las demás clientas); pero la tal señora no estaba dispuesta a abandonar el puesto y ponerse la última. Dije que sus formas no eran las de una persona civilizada (de nuevo acoso psicológico).
Hace tres días di muestras de ser intolerante, poco liberal y casi inconstitucional. Me negué a que la operación de cambio de sexo entrase de forma gratuita en la Seguridad Social antes que otros tratamientos, como los dentales. Casi me detiene la policía.
Eso sí, en mi descargo diré que admito que deben existir matrimonios entre homosexuales y que están igual de capacitados que el resto del mundo para adoptar niños. Y además, en un alarde de tolerancia, declaro que hasta las parejas heterosexuales tienen derecho a seguir existiendo. Si bien, ahora la naturaleza está más que nunca en contra del ser humano, dando mal ejemplo de heterosexualidad cuasi universal. Pero, ¿por qué la naturaleza ha de tener razón? ¿No puede el hombre machacarla de un pepinazo modestito?
También en mi descargo diré que el otro día no caí en la provocación de un compañero cuando me dijo: "¿Te imaginas a un niño y a la profesora diciendo: "Jaime, dinos cómo se llaman tus padres". "Leopoldo y Aurelio, profesora"... Increíble". Yo le respondí: "Me lo imagino y lo veo muy aceptable, lo que pasa es que no estamos totalmente acostumbrados. Hay cosas que aún no nos entran y que no deberían escandalizarnos. Como el amor entre padres e hijos, el matrimonio entre hermanos y especies diferentes; el cruce entre algas y bípedos... Es cuestión de costumbre y de cultura." Me siento contento de haber sido así de liberal y buen ciudadano de mi tiempo.
Pero tengo miedo de que mis defectos pesen más en la balanza que mis virtudes. A veces veo demasiada hipocresía a mi alrededor (sí, lo sé, es una paranoia que debo tratar con mi psiquiatra); y percibo que hay bastante engaño en los medios de comunicación y que hay menos constancia en el afecto... Pero soy consciente de que puedo y debo luchar contra esas fantasías delirantes; porque el buen salvaje existe hoy más que nunca y el hombre está hoy más capacitado para la paz y la reflexión que nunca antes lo estuvo.
[Y ahora, con el debido respeto, voy a por la segunda botella de whisky]

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