A los animales
Tenía que haber aprendido las lecciones de Sísifo o de Faetón en su momento; pero mi pusilanimidad me lo impidió. A veces nunca se aprende. Y quizás he aprendido más de su silencio. Sabré vencerme a mí mismo en la medida en que pueda romper con todo y con todos. De lo contrario, seguiré siendo lo que soy: piel y disfraz de humano. Este es el punto en el que el infierno son los otros. Y aunque nada es para siempre, este instante reclama todos mis desprecios. Sólo quedan los animales.

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