Choque de manos
Esta tarde volví a intentarlo y lo logré. Logré que Joaquín Sabina firmase un par de ejemplares para una amiga mía.
Es curioso. Seguramente él no sintió nada al estrechar mi mano, ni yo al estrechar la suya. La desidia fue mutua. ¿Habremos perdido los dos de igual manera el alma? ¿Aunque cada cual con estupefacientes distintos?
Me emocionó más una chica que iba dos puestos delante de mí en la fila. Era toxicómana. Escribió en un cuadernillo lo que quería que el ídolo escribiera. Cuando Joaquín recibió el cuadernillo dijo: "¿Esto es para mí?" No sé qué dijo la chica. Segundos después ella le pidió un beso y Sabina se lo dio. Hace unos días un viejo "amigo" me volvió a repetir algo que me dijo hace años: "Eso que tú llamas alma lo cubre o lo retira la Seguridad Social. En estos momentos es necesario que la Seguridad Social te retire un poquito de alma a bajo precio. Pero siempre te quedará la filosofía para argumentar, pequeño saltamontes." Y es cierto. Los sentimientos sublimes, estoy convencido de ello desde hace bastante tiempo, son asunto del reduccionismo biológico. Y considero positivo que dos miligramos de Dios sabe qué cosa te provoquen indiferencia absoluta hacia todo. Esa indiferencia sólo ciertos genios la han logrado de modo natural e instintivo. Omito sus nombres (ahora están prohibidos).
A pesar de todas estas digresiones, el recuerdo de aquel apretón de manos del 10 de junio de 1997 aún no lo ha borrado nada ni nadie. Hay manos y manos. ¿Han chocado ustedes unas manos que figuran por enésima vez en el libro Guiness de los records? (Y aunque no figurasen, ¡cuántas armonías han pulsado!)

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio