17.6.05

Imaginalia I (El debate con el bípedo balbuceador)

Anoche salí a la calle como androide de protocolo. Me metí en un bar y escuché a un bípedo balbuceador lo siguiente:
"Ya han dominado durante bastante tiempo los santurrones y los fachas. Que se queden en sus casas y no nos jodan más. ¡Pues no nos vienen ahora con manifestaciones contra los homosexuales! Ellos y su doble moral... ¡Qué asco les tengo! Han tenido toda la historia para hacer de las suyas esos fascistoides."
Cuando se quedó sin aliento, me permití opinar haciéndole saber que yo era un mero platelminto, un androide de protocolo, una piltrafilla que estaba estudiando el egregio idioma de los bípedos balbuceadores que estaban superdotados con la racionalidad. El bípedo me permitió opinar (o emitir mis interferencias, más que nada). Con el debido respeto le susurré lo siguiente:
"Tal vez la información con la que cargaron mi disco duro sea errónea. Seguramente así sea. Pero desde Babilonia y pasando por la "maternal" Grecia, putas y maricones ocupan en el tiempo una mayor prevalencia. Y, por favor, no tome ese sustantivo en su tercera acepción; al menos hasta que exista entre nosotros un talante irónico que nos permita elevar el balbuceo a estratos diferentes. Es posible que el dominio de sus "santurrones, fachas y fascistoides" solo represente, atendiendo a la referencia de esos términos, un período muy limitado de tiempo. Y quizás por esa doble moral a la que usted hacía referencia, el dominio de putas y maricones no ha cesado desde el origen de la bípedo-balbucencia. Corríjame si estoy equivocado."
El interlocutor actuó como sólo un bípedo balbuceador dotado de la racionalidad podía actuar. Esta mañana he ido al técnico para que ajuste las piezas que desencajó de mi carcasa el individuo defensor de las florecillas silvestres y de los asnos rudos y bonifacios. Sus coces no eran muy intensas y mi chasis aún resiste los golpes.
Por otra parte, su actitud es disculpable. El alcohol en los bípedos produce raros efectos. Y no solo en los bípedos. Esta mañana he visto el coche del coceador y no había por dónde cogerlo. Si las grúas pudiesen hablar, la que estaba intentando retirarlo compondría una elegía. Incluso los objetos tienen su almita.
Yo, como androide, soy incapaz de sentir nada por el coceador desintegrado. Pero podría emitir una oración si me lo pidieran. Los rezos pertenecen al protocolo.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio

Free counter and web stats