Vuestra crónica, ananthropoi:
Unos decían: "¡Mirad, mirad! Ese autocar es de los nuestros. Han venido de Sevilla." "Y ese es de León... ¡Y llevan la foto de Juan Pablo II!" Otros decían: "¡Mirad, mirad! Esos venían con Carlinhos Brown... Son de los nuestros!" "Y mira... mira... mira... Esos son de Cuba... ¡Qué guay!" Unos por la familia. Otros por la juerga, el sexo y el pasar de todo (que está muy bien). Todos por seguir tirando la vida como un gargajo entre el cieno oleaginoso de esta mascarada. Al final, las terrazas repletas para pontificar. Y todos con la birrita delante y el pecho más ancho que el busto de una top girl. Con tal de lucir algunos limarían la jeta con una lija de aluminio y ardiente lava. Y esta noche todos tan contentos. Unos por la familia, harán que en marzo del 2006 no quepa ni un alma en nuestra ciudad: boom demográfico. Otros por Carlinhos y su afrodisíaco contoneo rítmico harán que el hombre de látex se convierta en superhombre.
Por nuestra parte, sabemos bien lo que es acabar hartos de sexo. Y sabemos cuál es el precio de dejar que la imaginación sea reina por un tiempo en ese ámbito. Quizás es ese terreno uno de los más propicios para que eso que ahora está tan de moda, "el lado oscuro", crezca más rápida e ilimitadamente. Desde la Antigua Roma sabemos los ananthropoi que dejar los instintos libres por la piel y la carne conducía muy lejos. El mundo "post-moderno" tilda de perversiones inocentes juegos de niños. Muchos antiguos que se adentraron en el mundo oscuro de lo ilimitado (el auténtico peligro), llegaron a considerar la necrofilia como una costumbre, la coprofagia como una cotidianidad aburrida; y Calígula apenas podía dormir atormentado de no encontrar algo que saciase su curiosidad. ¿Qué hubiese hecho Calígula en la red? No deis nunca respuesta a esta pregunta, ananthropoi. El ser humano podría intentar llevar a la práctica lo que nosotros solo empleamos como tributo a la diosa dialéctica.

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