8.7.05

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Mañana he de asistir a un sacrificio. A las diez de la mañana.
Lo acepto.
Pienso que sólo la ira exime del dolor. No el alcohol. No los barbitúricos. No los ansiolíticos. Sólo la ira. Pero una ira fría, metálica, gris; indolora, insípida, glacial como desayunar al lado de un cadáver. Eso es insensibilidad moral. El preciso término del laberinto oscuro.
Y procuraré dormir tranquilo como si hubiese nacido un 20 de abril.

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