A mi amiga la muerte
Anoche te anunciaste de un modo natural y amable. Así lo veo ahora que estoy despierto. Cuando entraste en el salón comprendí. Por eso he decidido no ser hostil. Además, ¿de qué serviría? Quiero que sepas que, si es posible, me gustaría que el modo fuese ligero, natural, sencillo. Siempre he pensado en ti como una amiga (esto lo sabes). Desde que te emparejaron con el amor siempre supe quién era realmente fiel y quién iba a estar ahí en cada momento para aconsejarme y guiarme. Aún me pregunto por qué te emparejaron con ese "individuo". Pero lo entiendo, sois una pareja antitética. Uno representa el camino del "no ser", de la mentira, de lo falaz y tendencioso. Tú, sin embargo, eres el contrapeso para que éste sea en verdad el mejor de los mundos posibles. Considérame un amigo, un aliado que solo pide que el cómo sea natural, una consecuencia suave y llevadera. El cuándo no importa (ni el mío ni el de los seres queridos), siempre que tengas ese estilo que sabes conceder a quienes te estiman y comprenden.
Recuerdo esa película, ¿Conoces a Joe Black?, y la pintura que hacían de ti. Era de esperar que también tú fueses americanizada. Pero hay una suave actitud de fondo que te hace apreciable en ese film. Desde luego, yo nunca te antropomorfizaría en Brad Pitt. Ya sabes, para según qué cosas soy un clásico, ¡todo un caballero medieval! Quizás estaría de acuerdo con ese grabado de mi querido maestro, El caballero, el diablo y la muerte; de no ser por que el sentido de la transcendencia se evaporó hace mucho tiempo. Si tuviese que dar una imagen de ti, sería la de un perro al que se ha querido con todo el cariño del mundo y que, en el momento de abandonar, una mirada suya te hiciese saber que morir es el acto más natural y digno para los que vivimos.

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