Apreciaciones y aprecios
Se suele demandar aún claridad, concisión, certeza... Se demanda estar a un lado o a otro: ser blanco o ser negro. Pero esa delimitación solo se da en las guerras (y aun así habría que hacer observaciones). El mundo es gris, la vida es gris: esto es obvio. ¿O no? En cualquier caso, no es posible estar "en el bando correcto"; porque no hay un bando correcto. Cuando es el pensamiento débil el que marca las pautas a seguir las convicciones son escasas. Ya se vio el siglo pasado que las certezas ocasionaban grandes mermas en la población. Al menos ahora tenemos un caos superpoblado y no un mundo uniforme e indiferenciado. Sin valores, sin normas; respetuosos con todo, apegados a nada, capaces de flirtear más que nunca con los huecos del lenguaje. Así estamos todos mejor. Y aunque toquemos a menos en el reparto del orgullo por valores ya difuntos, al menos hay más colorido en la opinión. Y se trata de colorear el mundo, no de fundamentarlo ni de darle sentido. A nadie le importa ya nada más allá de las impresiones. Lo profundo no vende, molesta y es angustioso. Importa la piel y nos hemos vuelto todos bastante dermatólogos. La cosmética se ha vuelto ciencia; y la ciencia marketing. No necesitamos mucho más. Verdaderamente ahora las minorías son más minorías que nunca. En esta ocasión el principio de selección natural ha utilizado un filtro más selectivo y menos cruento: la globalización. No me cabe duda de que será Matrix la película del siglo XXI. Eso suponiendo que el ser humano también despierte de este sueño.

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