Aprovechar la tarde.
¿Cómo se aprovecha una tarde? (Es una pregunta de menor espectro que cómo aprovechar una vida). Pues mire usted, viviendo; sin más. Hay un abanico de posibilidades inmeeeenso... grande grande grande grande... ¡Eso sí! La única condición para poder disfrutarlo es olvidar algunas cosas. Por ejemplo: que se es mortal, que mañana será otro día, que cada segundo que pasa te tornas más débil y olvidadizo; que no estás solo, que la zancadilla es el obstáculo más común de andar por casa; que te miran desde cualquier punto, pero te hacen sentir paranoico para que así no te des cuenta de esa vigilancia; que nada es para siempre, que todo es para un instante, que eres como una rosa de hibernadero o como un Don Simón de urgencia; que lo mejor nunca llega y que has de consolarte con que lo mejor pasó; que la picadura más habitual no es la del mosquito, sino la de quien tienes al lado (en vivo, por teléfono o por cualquier otro medio de comunicación imaginable); que cada sonrisa esconde un balazo, que cada caricia esconde una lija, que cada beso esconde un vómito, que cada arrumaco te prepara para el embalsamamiento; que cuando te miran con admiración es porque ven en ti la diana y sólo esperan a coger la posturita para clavarte el dardo en pleno centro; que te quieren por lo que ven que va a desaparecer y no por lo que puede crecer (salvo que sea el dolor lo que pueda crecer en uno); que todo tiene un precio... En fin, ¡que es muy fácil disfrutar, sin tener que complicarse demasiado! Y esas cosas que hay que olvidar las solemos olvidar de un modo automático y natural. De lo contrario seríamos superhombres... ¡O mujeres!

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio