2.7.05

Páginas de un diario de 1988.

He visto un diario de 1988. Removiendo libros, documentos y demás cosas he dado con él. En sus páginas recogí una de las noches más tristes de mi vida. Había quedado con mi amigo C. y habíamos hablado de la vida, del tiempo, etc. En tres páginas recogí la lección de mi amigo; en aquel tiempo no me costaba recordar las cosas como ahora. Transcribí sus palabras lo más literalmente que pude. No pueden faltar en este blog.
"Mar, tú aún crees en la política, en la moral, en la ética. Aún crees en lo más artificial del hombre. Yo, sin embargo, sólo puedo creer en la biología y en sus frutos. Verás... Por mostrártelo de una manera impactante, pero no por ello falsa. Los fines que Hitler perseguía a través de medios abominables los conseguirá la ciencia a través de la libertad y del "sentido común". ¿Qué pretendía el monstruo? Un mundo de seres sin tara alguna, de individuos perfectos; un solo lenguaje, una sola raza. ¡Bien! En pocos años verás que la biología lanzará el mensaje de un mundo de seres sin taras, uniformes, clonados por amor a la vida. Si puedes suprimir mediante la variación de un input de información en el genoma todo aquello que daña a una generación, ¿no lo harías? ¿Quién quiere la debilidad y la enfermedad para quienes le van a suceder? ¡Nadie! Los hombres buscan no sufrir. Son las diferencias y el dolor lo que engendra la conciencia que tanto dignificas. Pero el mundo prefiere no sufrir. No al cáncer, no al SIDA, no a la conciencia; no a todo aquello que nos soliviante. Por eso la biología hará un mundo uniforme usando el instrumento más poderoso: la información. Cuando la comunicación sea global entre los hombes y la información llegue a cada rincón del planeta; habrá otra información que todos portaremos: un genoma que nos haga neutros, indoloros, insípidos; ¡insensibles! Cuando todos podamos conocer las diferencias de todos, cuando gracias a una inmensa red todos podamos compartir experiencias y mundos diferentes, esas distinciones se igualarán. De la comunicación surgirá algo tremendamente común, único, indiscernible: y el sufrimiento se acabará. Pero también lo que tú ahora denominas "felicidad". A pesar de todos los matices que pueblan esta tierra, la biología ha descubierto la verdad del logos, la razón, la proporción que puede hacer de los habitantes de este planeta seres verdaderamente libres. Y la biología es consciente de que la verdadera libertad acata un orden ineluctable y una necesidad de puros hechos. Más claramente, Mar: el arte intenta purificar; se imita, se crea, se purifica... Pero, ¿qué sentido tiene todo eso si podemos nacer completamente puros y sin esos laberintos que el dolor ha creado? Basta con mutar y eliminar ciertos elementos de información y se abolirán las diferencias. Seremos verdaderamente iguales. ¿No es eso lo que han venido predicando las ideologías y las religiones? Pues la biología ha traído al mundo la perfecta igualdad, esa igualdad que a ti te espanta por lo anodino, aburrido y monstruosamente exento de emociones. Pero, ¿quién quiere las emociones que surgen de las carencias? ¿Quién quiere el pathos de posibilidades indeterminadas? ¡Nadie! Basta con que se haga saber a los demás que entre esas potencialidades están los millones de enfermedades que pueden ser erradicadas mediante una manipulación "de sentido común" de nuestros genes. Y las carencias puramente "físicas" son solo una parte. Las "psicológicas" también pueden ser eliminadas. Y son esas carencias las más peligrosas, porque han engendrado sustitutos de la biología que sólo han aportado engaño: la literatura, la pintura, el teatro, la danza; el cine... ¡las artes! Un mundo perfecto -lo que todos verborrean o desean- no puede consentir el arte. Por eso Platón desterró de su república ideal a los artistas. ¡No podían tener cabida en un mundo ordenado como el que el hombre cree desear!
Sé que esto te causa un tremendo desasosiego. Pero tú te mueves por sentimientos, eres tremendamente emotivo... Yo solo me atengo a las leyes implacables de la vida, no a las ficciones que la maquillan. Y la vida exige, desde presupuestos de libertad, que desaparezcan ciertos elementos de información que están dañando al género humano. Y será el género humano el que pida democráticamente una mejora de la raza, libremente, ¡libremente! En este siglo se pretendió llevar a cabo mediante el horror lo que todos acabarán pidiendo por el placer de las futuras generaciones: un mundo sin sensaciones. Ese es el sentido que se ha ido buscando desde hace mucho tiempo. Lo que peyorativamente llaman "reduccionismo biológico", no es más que el deber ser del hombre... "
Recuerdo que perdí el color y que quedé helado ante el mensaje que adivinaba tras esas palabras. Y curiosamente, hube de recurrir a ese "reduccionismo biológico" y tomar un tranquilizante al comprobar que todas las emociones, en el futuro, desaparecerían. Yo era demasiado ingenuo. Ahora entiendo que esas palabras son la verdad de nuestro mundo. Su relativismo, su ausencia de imperativos las hacen más universales. No adivinaba yo en octubre del 88 que acabaría siendo un "ananthropos", un negador del hombre concebido como el muñeco defectuoso e imperfecto que ha sido hasta nuestros días. Ahora sé que la biología ha dado el paso que mi amigo presagiaba. ¡Y de qué modo lo ha dado! Aquel ogro del siglo XX nunca hubiera imaginado que una ciencia modesta cubriría sus aspiraciones y las sobrepasaría con creces. Hubo pensadores dentro del comunismo que presagiaron la figura del cibernántropo (H. Lefebvre)... Incluso esos pensadores se quedaron cortos. El hombre unidimensional de Marcuse tenía demasiada expresividad para lo que la madre de todas las ciencias está elaborando con el fin de mejorar al hombre... En fin; no sé qué ha sido de mi amigo, pero si nos volviésemos a ver comprobaría que pertenezco a los servidores del "ananthropos", del hombre sin dolor, sin miseria, puro... insensible.

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