¡Qué cosas, pantera rosa!
Después de hablar hoy con una persona, reflexiono.
Las personas que nos quieren y las personas a las que apreciamos son aquellas con las que a veces nos desquitamos. Nuestra mala leche unida a nuestra impotencia nos llevan a descargar con quienes están ahí dispuestos a ofrecernos su apoyo. La tolerancia y el cariño de la amistad infunden esa comprensión que permite ver las rabietas del niño en esas descargas ocasionales. Y nos acogen como a niños y nos quieren como amigos, a pesar de nuestras imprevistas descargas de tensión.
Hay una máxima que suele cumplirse. Tal vez no es una máxima moral, pero tiene su efecto. Dos no riñen si uno no quiere. Por mi parte la voluntad de reñir no existe; y serán mis obras y mi capacidad de acogida las que lo demuestren. Este "niño" coge un libro y se pone a leer, sin ganas de pataletas. Mientras, tal vez una pantera rosa sonría maternal, digna y orgullosa -y sobre todo, ¡preciosa!-. Siempre quise a la pantera rosa.



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