¡Quema!
Saldré a la calle; aunque todo arda.
Quema la vida, quema el amor; quema la muerte, quema el dolor. Quema la ira, quema el sol; quemas tú y quemo yo.
Quema mi fiebre, quema la sed; quema la suerte y quema el poder; queman los cielos, quema mi fe, quemas tú y quema él.
Todo arde. El sol abrasa la tarde y la luna entra en la noche sofocada y sedienta. Aunque en todas las terrazas suene amplificada la canción del verano hasta que se rompan los tímpanos, habrá un solo de guitarra que fundirá todo lo que esté revestido de piel o desnudo por ella.
Un viento caliente te arrebata de la noche. Mil puertas están abiertas para que entres en ellas. Para volver a ser un embrión y ser iluminado has de bañarte nuevamente en un río de sangre. Babilonia es una madre que admite la fuente de sus hijos. Este viento es la placenta en la que el sudor, las lágrimas y la vida te depositan en el crematorio como un fénix.
Quema y no olvides.
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