29.7.05

Verdaderamente

Os aseguro que de un tiempo a esta parte me he ido consumiendo por lo que pudiera venir. ¡Siempre anticipando, siempre anticipando! Por lo visto éste va a ser un mal año. Verdaderamente, ni bueno ni malo. Que la vida es un absurdo nadie puede negarlo; y cualquier optimismo acaba por ceder con el tiempo. También cede el pesimismo. Verdaderamente esta noche no es una de esas noches en las que deseaba morirme. No es una de esas noches en las que bebía, ponía música y me sentía mártir. Es una de esas noches en las que sientes a Pavese, a Dostoievsky, a Solana; pero sin regustos, sin palpitaciones.
Desde pequeño me gustó la figura de Jesús; la que yo creé en mi mente, la del amigo. Hasta que me inculcaron que toda felicidad era dolor y castigo, Jesús era la figura de un amigo. Después se trasnfiguró y se convirtió en lo inexorable e implacable. Aquél que no comprendía esa verdad, ya estaba juzgado y muerto en vida. ¿Disfrutas? Es una señal inequívoca de que algo irá mal en tu futuro. Y si toda tu vida es un goce permanente, en la última hora serás Paulo y Job y verás todos tus frutos hechos cenizas antes de convertirte en ceniza. Pero si sufres, estás salvado. Verdaderamente hoy comprendo que el que sufre y sufre y sufre alcanza esto: cuando la muerte le cubre con su sombra una noche como ésta, no le importa. Y le duele más la muerte de alguien querido que la de sí mismo. Y se anestesia, y todo le da igual.
Verdaderamente esta noche quiero hablar con la muerte.

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