17.8.05

Cosas que hacer en Majerit cuando estás de vacaciones.

  • Desayunar de un modo especial. Fijarme en la camarera, en sus cabellos castaños, en su movimiento gracioso; sentir su amabilidad y enamorarme por ello.
  • Comprar el periódico. Sentirme orgulloso de ese "¡Como me gusta su sonrisa!" que me lanza la mujer del quiosco. "¡Usted tiene una sonrisa contagiosa!" Y yo nunca tengo el arrojo de decirla que si compro el periódico es porque es de las pocas personas en las que veo y aprecio una alegría natural. Y ese momento y esa sonrisa me valen para comenzar el día.
  • Esperar y esperar y esperar la llamada de Pepe Gotera y Otilio para reparar y reparar y reparar. Es un mal necesario.
  • Visitar un hospital y, al entrar, convertirme en ese vacío que ya se hace automáticamente ante casi todo. ("Casi todo", porque la camarera y la mujer del quiosco aún permanecen).
  • Ver todo lo que me rodea frenando un poco el impulso crítico y destructivo. Sin embargo, ese impulso no se ha visto falseado en ningún momento. Inexorablemente se ha cumplido el "piensa mal y acertarás". Me limitaré a ver en presente, sin ilusiones, también sin escudo y sin coraza; pero con la mano sobre el puño de la espada para morir matando.
  • Ordenar lecturas oscuras que ahora muestran toda su claridad; y mandar a la hoguera del cubo de la basura las lecturas luminosas que han oscurecido. Ordenar la música y los films que me rodean. Ordenar y ordenar y ordenar; pero no mandar.
  • Saber ignorar, aprender a ignorar. Nunca aprendes suficiente. Hay mucho que ignorar. Y sobre todo, ser mosaico, puramente veterotestamentario en eso del "ojo por ojo...". Y he de recuperar mucho tiempo perdido -es un decir- en ese aspecto. Pero hacía falta esta lluvia para diluir las pinturas del payaso.
  • Ir al cine. Un compañero me decía que quien no va al cine con una mínima frecuencia es porque teme verse a sí mismo en la oscuridad de la sala; o porque es incapaz de abrirse al mundo. (Después de dos vinitos me convenció de esa verdad).
  • Buscar y después leer un libro sobre el gusto, a ser posible el de David Hume: Ensayos sobre el gusto. Estará superagotado, pero el placer de la búsqueda es eso: un placer, ¡un gusto! Creo que tras su lectura seré incapaz (como siempre) de calificar los gustos. ¡Ah, el viejo Hume!
  • Escuchar Una palabra de Carlos Varela y bendecir la especial sensibilidad de alguna gente.
  • Preparar el viaje.
  • Soportar el calor.
  • Enterrar a los muertos.

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

"Saber ignorar" son dos términos contradictorios y aún así has conseguido muy bien ese objetivo.

agosto 17, 2005 10:35 a. m.  

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