5.8.05

Divagaciones antes de vacaciones: Ariadna ante la Ley (que es como el Amor)

Al final de la novela El Proceso, de Kafka, aparece la historia de alguien que desea entrar en la ley, pero un guardián se lo impide. Desde que leí esa obra me impresionó ese relato. ¡Cuántas interpretaciones posibles para unas pocas líneas!
No sé por qué he recordado precisamente ese relato del que desea entrar en la Ley. O no puedo decir muy claramente lo que me ha hecho evocarlo. Ha sido quizás comprobar o imaginar que hay personas que aguardan y aguardan y aguardan para entrar en un sitio que sólo está reservado a ellas y, sin embargo, parecen esperar y esperar y esperar que alguien les conceda el permiso para ello. Como si aquél que habita una casa de su propiedad necesitara que le dejasen entrar para morar en ella.
Podría emborronar, como es mi costumbre, pedazos de pantalla. Pero hoy quiero ser más preciso. Esa historia hace pensar. Todo hace pensar, pero esa historia se ha elaborado de manera que su función sea hacer pensar, que se desee pensar sin sentirse molesto por ello.
¿Por qué algunos no se atreven a entrar en su recinto? ¿Por qué no toman lo que les está designado? ¿Miedo? ¿Desconocimiento? Si es miedo, ¿por qué el miedo? Si es desconocimiento, ¿por qué lo desconocen? ¿Lo desconocen realmente? Yo diría que no. Las cosas se conocen de muchos modos y el sentimiento es uno de ellos.
Cuando estás ante aquello que sientes como tuyo -aunque sólo sea porque lo deseas mucho, incluso a sabiendas de que es efímero-, ¡entra! Date el tiempo suficiente de leer esas líneas de Kafka y después, cierra los ojos, siente y entrégate a esa sensación. Aprovechar el tiempo no es otra cosa. Encontrarse a sí mismo tampoco es otra cosa.
¿Quién es el guardián que necesitas que te impida la entrada? ¿Qué puede hacer contra ti? Es cierto que no sabes el resultado de tus actos; pero después de la lectura ya no tienes excusa. Tienes que entrar en la Ley.
Y ahora me vienen a la memoria aquellos versos de Auden en los que afirmaba que la única ley es el amor.
Viendo cómo el hombre que está ante la Ley, su lugar, acaba por morir sin llegar a entrar en él; no me extraña que no se llegue a perder, no un año, sino ni una semana ni un día en conocer algo de esa Ley que es como el Amor.

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