La Selva de Próspero

Sapere aude!

30.9.05

Fuerza y honor. A mi señal, ¡ira y fuego!

"If you find yourself alone, riding through green fields with the sun on your face, do not be troubled, for you are in Elysium, and are already dead."
Maximus Gladiator

28.9.05



"Es... tu destino"


25.9.05

No dudes esto.

No dudes esto, seas quien seas; no lo dudes:
Nadie te quiere como tus padres. Todas las ayudas de los demás son inversiones. Si eres rentable, estarán ahí; cuando dejes de serlo, dejarán de estar. Ser sincero es un lujo que pocos se pueden permitir y que se paga caro. Hoy Fernando Alonso podía ser sincero -y a un precio alto-: ofrecía su victoria a un máximo de tres personas que creyeron en él... ¡a nadie más! Luego vinieron las frases hechas: "por España, por los que me siguen, por los que disfrutan con mis victorias"... Pero el genuino agradecimiento iba "como máximo" a tres personas. Desde mi punto de vista me parecen demasiadas personas. No creo que un individuo tenga ni siquiera tres personas que le miren como algo único, genuino, digno, como un fin en sí mismo. Cuando nos miran hay $ $ en las retinas; aunque no sean monetarios. Ojos de dólar, ojos de euro; porque al fin y al cabo todos somos moneda de cambio para los demás. Si acaso los padres se salvan; y eso siempre que no recurramos al subconsciente que siempre diría que los padres tienen hijos como una inversión, como La Gran Inversión.
Cada cual mira por sí mismo. Y el que no lo hace y se deja y no sabe decir "no", tarde o temprano, se va ligero de equipaje y lleno de saliva. Cuenta la Sagrada Biblia que Jesús curó a un ciego mezclando barro con su saliva. No hay nada como la saliva para que veamos. Tarde, pero acabamos viendo. Y cuando acabamos por ver, es tan tarde que los ojos se apagan.

22.9.05

Dos horas después

Del último disco de Sabina

Dedicada a un cielo del oeste

Dos horas después

La tarde consumió su luego fatuo
sin carne, sin pecado, sin quizás,
la noche se agavilla como un ave
a punto de emigrar.
Y el mundo es un hervor de caracolas
ayunas de pimienta, risa y sal,
y el sol es una lágrima en un ojo
que no sabe llorar.
Tu espalda es el ocaso de septiembre,
un mapa sin revés ni marcha atrás,
una gota de orujo acostumbrada
al desdén de la mar.
Y al cabo el calendario y sus ujieres
disecando el oficio de soñar
y la espuela en la tasca de la esquina
y el vicio de olvidar.
Por el renglón del corazón
cada mañana descarrila un tren.
Y al terminar vuelta a empezar
dos horas después de amanecer.
Tiene la vida un lánguido argumento
que no se acaba nunca de aprender,
sabe a licor y a luna despeinada
que no quita la sed.
La noche ha consumido sus botellas
Dejándose un jirón en la pared.
Han pasado los días como hojas
de libros sin leer.

Era aquí...

Hace mucho que no compro un disco. Corren tiempos en que no se está para dispendios. Pero hoy no me he podido resistir a adquirir C'était ici de Yann Tiersen. Y como si la casualidad se convirtiese en causalidad, al mirar información en la web, compruebo que estará en Madrid el 11 de octubre en el festival de otoño. Este año ha habido grandes actuaciones en España: Sezen Aksu, Ismael Lö y, ahora, Yann Tiersen. A las dos primeras no pude acudir. A esta tercera es posible que tampoco. Pero ahora escucho este doble cd y, ¡qué más da si no puedo acudir! En este instante esa música me hace sentir que nada existe, excepto ella. Dedicada a los hombres y mujeres de buena voluntad; ¡incluso a los de mala voluntad! Pero, sobre todo, a los hombres y mujeres con voluntad.

¡Qué tiempos aquellos! Toma mi mano, Touches.

Definición del amor

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Francisco de Quevedo

17.9.05

Saturnal

Hay gente que nos quiere. Y hay quienes no se dejan querer por quienes les quieren.
Esas dos frases bastarían para escribir una enciclopedia, mil diarios... Bastarían para hallar el tan traído y llevado "sentido de la vida".
Me encuentro lo suficientemente cuerdo o lo moderadamente loco como para querer a quienes me quieren. Y necesito agradecer y me gustaría dar algo de mí. Pero las luces llevan apagadas mucho tiempo y no he aprendido a bailar en la oscuridad.
Se anticipan catástrofes y miserias; se anticipan de tal modo que las vivimos sin que hayan tenido lugar muchas veces... Incluso parece que las deseemos para sentirnos vacunados del sufrimiento. Hasta ese punto nos puede la impotencia a algunos. Y mientras has ido dejando la vida. Sólo queda esta tarde de sábado en la que la necesidad de agradecer, o de pedir perdón, o de dar lo que no sabes que puedes dar te vuelve impasible.
Y te tumbas en la cama, boca arriba, olvidando la pila de quehaceres pendientes. Y te dejas... te dejas; porque sencillamente ya nada está en tu mano. Y en un instante de falso orgullo o de arrebato de dignidad te avergüenzas de que todo se pueda solventar con una de esas frases hechas que pretenden animar.
Cuando te sientes pleno, buscas soledad; cuando desciendes de una cima de ficción has sembrado tantas tempestades con tus desprecios, que la soledad coge el tenedor y el cuchillo, se pone la servilleta, sonríe y antes de comerte hace un breve comentario: "Estás más gordo, pero tierno. Y yo estoy hambrienta."

16.9.05

Cuando a Berlín Tadeusz le dijeron...

Cuando a Berlín Tadeusz le dijeron:

  • Que no supo aprovechar su vida.
  • Que había sido un don nadie.
  • Que no había sabido disfrutar.
  • Que llegaba al fin de sus días sin nada que comentar.
  • Que se le ofreció un millar de oportunidades y las rehusó.
  • Que se aferró como un perrito faldero al hogar paterno.
  • Que era deleznable su proceder cómodo y pasota.
  • Que jamás tuvo sentido práctico.
  • Que jamás tuvo sentido estético.
  • Que jamás tuvo voluntad alguna.
  • Que fue un vegetal seboso y sin aspiraciones.
  • Que fracasó culpablemente.
  • Que se hundió irresponsablemente.
  • Que jamás tuvo sentimientos.
  • Que fue cigarra sin talento y hormiga sin previsión.
  • Que inspiró desprecio.
  • Que tenía lo que se merecía.
  • Que era una vergüenza para el género humano.
  • Que no querían volver a saber de él.
  • Que no contaban con él para nada.
  • Que carecía de número y nombre para la sociedad.

Cuando le dijeron todo esto a Berlín Tadeusz decidió que volvería a nacer un 20 de abril, pero con menos compasión, con más frialdad; pero no con menos carisma y entusiasmo.

Desde Charenton Madrid

En lo sucesivo me será difícil escribir. (Pero se admiten donativos para poder entrar en cyberclubs, aunque dudo que me estimulen como me estimulaba este lugar desde el que "pulo" mis palabras). Dicen que hay una moda que consiste en dejar libros en lugares públicos para que otros los lean, lecturas circulantes y gratuitas. Quizás si algún día dejan por ahí un pc con conexión a la red, tal vez pueda redactar un pequeño testamento. De momento, cogeré papel, lapicero y unos pantalones con amplios bolsillos para poder arrugar la celulosa. ¡Ah! ¡Qué gran genio pierde el mundo! ¡Pero qué gran vasallo si tuviera buen señor!
Y ya de paso, podían dejar móviles. El todopoderoso Movistar anula mi cuenta en tres días. Dicen que las desgracias nunca vienen solas; pero las venturas tampoco. Porque a mí todo esto me hace gozar hasta el orgasmo. No en vano soy Marsoqui. ¡Oh, qué placer! O como decía Donatien en el psiquiátrico de Charenton: "No sigas muerte, no sigas; no prolongues tanto tu agonía, porque yo... yo... me corro de gusto cuando me penetras, oh muerte... No sigas". Es posible que fueran sus últimas palabras.

Balances

Extraordinarias vacaciones. De las vacaciones el mejor día es el penúltimo o el último; especialmente en éstas. Cuando el lunes me reincorpore todos verán a alguien distinto. Nunca he apostado por mí... Aunque a ver cómo me explico esto a mí mismo. Siempre he sido un cándido ante la superioridad: eso tiene sus pros y sus contras. ¿Los pros? El cabrón siempre será el de arriba, el que decapita es el de arriba, el que da y quita es el de arriba. Mientras, uno permanece bonifacio y orondo como un gusano que tuviese todo un cadáver para él solito. ¿Los contras? Renunciar a ser algo o alguien, a decir lo que sientes y piensas (cuanto más alto subas, aunque sean milímetros, más te castran la capacidad de ser alegre o chistoso o de estar de buen humor). Renunciar a pensar, renunciar a decir "no". Pero se me olvidaba un pro: puedes ir inflando los doscientos kilos de colesterol con una rabia que te permite perder miedos, prudencias y resquemores a la hora de escribir en un hipotético diario lo que piensas del mundo y de quienes lo habitan. Y sé que en la medida en que quiera conservar algo, lo perderé. Por fortuna o desgracia nada tengo (ni siquiera el lugar donde vivo, el cual he de abandonar en un mes para irme a la callecita que tanto idealizo). En eso Jesús, a través de sus evangelistas, tuvo razón: El que quiera conservar su vida, la perderá; el que la pierda en mi nombre, la ganará. Y también dijo que no teníamos por qué preocuparnos acerca de qué comeremos, beberemos, vestiremos. ¿Se preocupan acaso los pájaros y los lirios del campo? No. Pero cada vez más a menudo veo pájaros aplastados en el asfalto (¿el calor? ¿el adormecimiento? ¿la falta de prevención? ¿la velocidad de los conductores?); y las hierbas que veo están resecas, podridas, lacias, fulminadas por el paso del hombre. Pero sigo confiando en la divina providencia; y sigo creyendo con una certeza matemática que fuimos expulsados hace mucho del Paraíso y que hemos de pagar nosotros y las generaciones venideras por un pecado que no hemos cometido. Y creo también en aquellas palabras de Jesús: "Aquél que me siga deberá dejar padres, hijos, familiares y amigos y tomar su cruz; pues no se puede servir a dos señores". Pues, querido Jesús, te aseguro que estoy más solo que la una, soy toda una víctima, un despojo; una genuina mierda. Por lo tanto, espero ser el último de la fila y ser el primero en ese Reino de ahí arriba, tan cuco y pulido.
P.D.: Solicito alojamiento en lugares de misericordia y bonhomía. Tengo capacidad de trabajo, soy educado, servil y miserable hasta el punto de dejarme humillar y dar y obtener placer por ello. Difundir por todo el espacio. (Felpudo)

Os necesito
Os convoco
(Próspero)

¿Se han superado estas palabras? NO.

¿No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: “¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!”. Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. ¿Es que se te ha perdido?, decía uno. ¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado? - así gritaban y reían alborozadamente. El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. “¿Qué a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará ahora? ¿Hacia dónde iremos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No nos caemos continuamente? ¿Hacia delante, hacia atrás, hacia los lados, hacia todas partes? ¿Acaso hay todavía un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del espacio vació? ¿No hace más frío? ¿No viene de contiuno la noche y cada vez más noche? ¿No tenemos que encender faroles a mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se pudren! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos? Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué ritos expiatorios, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la grandeza de este acto demasiado grande para nosotros? ¿No tendremos que volvernos nosotros mismos dioses para parecer dignos de ella? Nunca hubo un acto tan grande y quien nazca después de nosotros formará parte, por mor de ese acto, de una historia más elevada que todas las historias que hubo nunca hasta ahora” Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y lo miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se apagó. “Vengo demasiado pronto -dijo entonces-, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres. El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de los astros necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, incluso después de realizados, a fin de ser vistos y oídos. Este acto está todavía más lejos de ellos que las más lejanas estrellas y, sin embargo son ellos los que lo han cometido.” Todavía se cuenta que el loco entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternan deo. Una vez conducido al exterior e interpelado contestó siempre esta única frase: “¿Pues, qué son ahora ya estas iglesias, más que las tumbas y panteones de Dios?”.
Nietzsche, cap. 125 de La Gaya Ciencia.

14.9.05

Sin desperdicio

Ana Obregón, Isabel Preysler, Carmen Martínez Bordiú; la baronesa Thyssen y otras personas tienen en sus labios piel de presos chinos ejecutados. La noticia se ha confirmado hoy en Inglaterra. China ha respondido que la exportación de colágeno fabricado con esa piel es una práctica totalmente legal y que, en breve, exportarán rellenos fabricados con fetos: no es algo que atente contra su moral ni que les escandalice. No entienden el revuelo hipócrita que se ha montado en occidente. De hecho, los 3300 chinos que fueron ejecutados el año pasado y los 6400 que serán ejecutados en el 2005 son una importante fuente de ingresos gracias a esto. Los burgueses de occidente tienen derecho a mantenerse bellos mientras paguen.
Mientras, la competencia ha dicho que el colágeno así fabricado puede tener consecuencias nefastas para el organismo; pero según aseguran es un bulo para que sus productos tengan más salida que los de China.
De todos los libros, muchos o pocos, que pueda haber leído en mi vida, uno de los que más impacto me causó fue Rigodón. Muchas veces se me habrá visto citarlo. Me gusta Céline, pero Rigodón es esa obra de alguien al que ya solo le quedan unos pocos meses de vida y su lucidez es como la de Don Quijote en el lecho de muerte. En las primeras páginas de esa obra se habla de la amenaza china. Destouches afirmaba que así que pasase un siglo (Céline murió en 1961), China demostraría que Hitler sólo jugó un poquito con los falsos sentimientos de Europa y del mundo. Cuando China mostrase de lo que era capaz, Hitler sería elevado a los altares, porque el verdadero monstruo mostraría sus colmillos. China, aseguraba Destouches, está protegida por algo muy importante: su moral, totalmente respetable, no admite los escrúpulos de occidente y su religión considera natural lo que para nosotros es una torpe herencia de un mundo cohibido y reprimido.
Nadie se atreverá a plantar cara a China por lo del colágeno, ni por sus masivas ejecuciones, ni por sus decisiones. Y, curiosamente, en China se encuentra la mayor longevidad del planeta; y la gente no padece la asquerosa miseria del resto de los países. (Sin duda, padecen una gran miseria; pero no la elevan como estandarte para darse golpes de pecho compungidamente como cualquier reptil occidental). El pueblo acepta que cada pareja sólo puede tener un hijo y punto. No hay discusión que valga. Todo desacato a esa norma se paga con la conversión en colágeno o en relleno de mamas.
Por otro lado, de mi reciente lectura de El libro negro de Giovanni Papini, recojo aquí la conversación 16. El que tenga oídos, que oiga; el que tenga ojos, que lea.
Muy buenas tardes.

Giovanni Papini El Libro Negro

Conversación 16
UNA VISITA A LIN-YUTANG
(O DEL PELIGRO AMARILLO)
Cambridge (Mass.), 29 de octubre.

Finalmente he logrado conocer personalmente a Lin-Yutang, el chino más inteligente entre todos los conocidos por mí. Había leído con grandísimo gusto algunos de sus libros, y me urgía saber cuáles eran sus últimas opiniones acerca de su patria. Lin-Yutang es un hombre franco y cordial, no tiene nada de profesoral, pedantesco ni diplomático; sonríe frecuentemente, incluso cuando habla de cosas serias. Hasta respondió a mi pregunta sin anticipar los habituales preámbulos de precaución. Me dijo así:
- El pueblo chino es el pueblo más peligroso que hay en el mundo, y por eso está destinado a dominar la tierra. Por espacio de siglos permaneció encerrado en los confines del inmenso imperio porque creía que el resto del planeta carecía de toda importancia. Pero los europeos, y después los japoneses, le han abierto los ojos, los oídos y la mente. Han querido desanidarnos a la fuerza, y ahora han de pagar caro su ambición y su curiosidad. Desde hace un siglo los chinos aguardan la hora de vengarse, y se vengarán.
»La sublevación de los Boxers, del año 1900, no fue más que la primera tentativa, mal conducida y mal lograda. Pero el pueblo chino, que es astuto y paciente, ha elegido otros caminos. En el año 1910 se convirtió a la democracia republicana, en 1948 al comunismo. En realidad, de verdad, los chinos no son ni conservadores, ni democráticos ni comunistas. Son simplemente chinos, o sea: una especie humana aparte, que quiere vivir y sobrevivir, que se multiplica y debe expandirse por necesidad biológica más que por ideologías políticas.
»El pueblo chino es inmortal, siempre igual a sí mismo bajo todas las dominaciones. Ni los tártaros, ni los japoneses, ni los norteamericanos, ni los rusos han logrado o lograrán transformarlo. Pulula y se expande como un gigantesco pólipo tenaz y compacto, que ningún extranjero logrará desarraigar.
»Las invasiones no lo han domeñado; las guerras perdidas no lo han vencido; las carestías no lo han diezmado; el opio no lo ha embrutecido, las revoluciones no lo han sacudido. Ningún otro pueblo puede tener esperanzas de superarlo y rechazarlo. Es un pueblo astuto y cruel, un pueblo de gente mercante y embrollona, de bandoleros y verdugos, que sabe utilizar para sus fines ya el engaño, ya la ferocidad. Por esto está destinado a convertirse en amo del mundo, porque los demás pueblos son más ingenuos y más buenos que él. Transcurrirá el tiempo que sea necesario, pero el futuro le pertenece.
»Cuando el emperador Guillermo II denunció hace ya cincuenta años el «peligro amarillo», demostró el mayor rasgo de genio de toda su vida. Se burlaron entonces de la imperial ave de mal agüero, pero la Historia se prepara a darle la razón.
»Los chinos han comenzado por enviar vanguardias a todos los países del mundo: a la Malasia, a la Indonesia, a casi todas las tierras del Asia; hay barrios chinos en San Francisco y en Nueva York, en Londres y en París. En el primer período postbélico aparecieron vagos chinos por las calles de Berlín, de Roma, de Madrid y de El Cairo; iban con la excusa de vender perlas falsas, pero en realidad eran los primeros mensajeros del gran desborde.
»Los chinos se han servido de la república de Sun-Yat-Sen para librarse de los parásitos del antiguo imperio manchó; utilizaron al bolcheviquismo para liberarse de los parásitos de la república burguesa; un día u otro, bajo una bandera de conveniencia, se liberarán de los parásitos del comunismo. Son un pueblo sin escrúpulos, que se sirve de las ideas pero se niega a ser esclavo de las mismas; con el tiempo les pertenecerá la tierra.
»Para la interminable masa de chinos, lo esencial es engendrar hijos y tener arroz suficiente para mantenerlos; el resto es ficción, máscara, pretexto. Su país es grande pero pobre, por lo cual y poco a poco serán impulsados a ocupar otros países: el Tíbet, Corea, la Indochina, la península de Malaca, tales serían los primeros bocados. Pero el apetito viene a medida que se come. Cuando tengan cantidad suficiente de las armas más modernas, nadie será capaz de atajar a esos quinientos millones de ladrones hambrientos y crueles, ni siquiera los doscientos millones de eslavos. Ya en la Edad Media los mongoles invadieron a Rusia y llegaron hasta los confines de Italia; en la nueva Edad Media que se prepara se difundirán como un diluvio por toda la Europa; América logrará salvarse, pero no para siempre. Después de algunas generaciones, el «peligro amarillo» se convertirá en el «dominio amarillo». El color amarillo, según vosotros, los occidentales, es el color de la envidia y del odio; los amarillos no pueden tolerar la idea de que haya razas superiores a la propia y las someterán. Su dominio no será dulce ni fácil, pero a pesar de todo, el Imperio del Sol Naciente llegará a ser un día, aunque lejano, el Imperio donde el Sol no se levantará ni se pondrá jamás».
-¿Habla seriamente? - pregunté a Lin-Yutang.
- Nada hay más serio, míster Gog - me contestó el genial chino, y estalló en una sonora carcajada, tan alegre y prolongada que me espantó. Yo no lograba decir una palabra más, y cuando lo dejé aun estaba riendo.

Arte polvoriento

Es posible que el ocultamiento despierte el deseo.

12.9.05

Sin título

Hay que dejar de pensar en "lo que se pudo hacer" y en cómo pudo aprovecharse la vida o sus plazos. Hay que ser humilde y honesto; decir por ejemplo a tu jefe que ya no puedes más. Irse de todo con una mano delante y otra detrás es lo único que queda. Dejar el apartamento y los adornos (este pc, el televisor, el equipo de música); porque no se pueden costear esos lujos cuando lo dejas todo. Hay que limpiar todo, ordenarlo y llevar los enseres a casa de los padres y retirarse por ahí. El destino no es una invención ni un recurso de débiles. Cioran, que afirmaba algo así, nunca fue para mí ni un pesimista ni un nihilista; sino un comerciante de vacíos: ¡qué repugnante!
El destino se impone y yo no quiero ir en contra de lo que se impone. No soy tan aséptico ni simplista como quienes afirman: "¿Algo no te gusta dónde está? ¡Cámbialo!" Es fácil decir eso cuando estás donde quieres y puedes cambiar las cosas a tu gusto; es fácil cuando lo único que tienes que hacer es decir: "Gracias, Señor; porque tu gracia ha tocado mi vida." (Luego siempre queda el atrezzo de creer que se ha luchado por esa situación.)
Somo autómatas del destino. Y hoy es un día para ser pragmático. Recoger todo, embalarlo y decir "adiós" lentamente. Quisiera llevar en un hipotético hatillo de convicciones ese "me gustaría no hacerlo" de Bartleby y terminar ajusticiado por negarme a todo. La negación es el mayor de los delitos. Es como la abstención: todos los partidos pedirán que se vote, a quien sea, pero que se vote. La negación, pensadlo un poco, es el mayor de los delitos.
Cuando lleguen las doce de la noche desearía que el balance fuese sueño y olvido; pero para siempre. Hoy debería ser un día para reconciliarse con el "adiós". De lo contrario prorrogaré el hastío y terminaré, (¡Dios, qué desgraciadamente convencido estoy a veces de ello!), como terminan los que impusivamente dicen no, desengañados y engañados. Y quizás la fuerza que aún tengo es la de terminar lentamente, descubriendo la lentitud en las cosas.

La sangre en la cabeza

Comentaban en la madrugada en Hablar por hablar que en un pueblo de España hay una costumbre: el mejor del pueblo es aquél que logra capar a un toro que sueltan y colgar sus genitales en una lanza. Ése es el rey de la fiesta. Después de que llamara el que denunció esta costumbre, llamó una señora de ese pueblo y dijo que es una costumbre de más de quinientos años y que sólo por eso merece ser mantenida y respetada; porque se sienten herederos de sus ancestros y esa es toda una seña de identidad.
Un político del siglo pasado hizo el siguiente comentario:
"Jamás he bebido alcohol, ni he fumado. Y hay algo de lo que me precio: ¡Nadie, absolutamente nadie en mi presencia, ha osado maltratar ni siquiera hablar mal jamás de un animal!... Ellos nos ofrecen el modelo a seguir en nuestra conducta. Los monos, por ejemplo, impiden que invadan su territorio a golpes, sin clemencia. Si lo hacen ellos, ¿cómo no lo íbamos a hacer nosotros, sus herederos? Yo he seguido su ejemplo para dominar el mundo."
Imagino a ese político presidiendo la fiesta de ese pueblo y su reacción cuando mutilaran al toro. Lo imagino y al imaginar las consecuencias... me voy a la cama levitando.

Epístola desbarre

Me sentiría traicionado; si no fuese porque entiendo que todo lo que nace de aquí acaba por morir. Los que se curan, tiran el pañuelo y se van. Una vez te lo dije y tampoco discrepaste demasiado. Te estabas curando. ¡Enhorabuena!
Ahora, lo que suelen hacer en estos casos, por si no lo sabes es:


*Se quitan los contactos de messenger.
*Se borran los números de móvil.
*Se destruyen los archivos y las fotos para evitar tendencias insanas del recuerdo.
*Se eliminan los logs de las conversaciones mantenidas.


Y:


-Los que se curan hacen un corte de mangas a los payasos.
-Los payasos se pudren en el olvido.


Es la ley no escrita de la red. Cualquier dama o caballero que se precie, debe cumplirla.


FIN

Una oscura despedida


Así somos: crueldad de niño, inocencia de hombre. Lo claro y lo oscuro, la duda y la certeza; la palabra y el silencio. Así somos. Un niño bajo la máscara, un niño que solo los niños saben ver. Y ¡ay de aquel que no sepa ver y ser el niño!
No, nadie puede retener a quien no desea retener; por más que se engañe y piense que quiere retenerlo. Y yo, que siempre dudo hasta de mi sombra, que carezco de valor y de poder y de riquezas; sin embargo, ¡estoy tan fuerte y poderosamente cierto de cómo algunos humillan y ofenden! Quieren la sencillez, niño u hombre, no a ambos, no lo complicado, no lo complejo, no lo confuso. Pero dejan que sus palabras lo envenenen todo con la esperanza, para luego machacar con el desprecio. ¿Extraña entonces que la máscara acabe convirtiéndose en la esencia de uno mismo hasta destilar una verdad oscura?
Sí, haz las maletas; éste no es lugar para quienes han decidido enterrar sus virtudes en el hielo. No se trata de buscar virtudes en los otros, sino de que comulguen las de unos y otros. Y eso es imposible cuando te has convertido en el muro de tanto contemplarlo y esperar ante él.

Almacenados

Almacenados (Ver)
Una crítica (Ver)

Una obra de teatro que merece los euros. José Sacristán, un actor que transmite desde el inicio. Carlos Santos, una promesa.
Y una frase lapidaria cuando se desvela la tragedia de un trabajo que podría ser el de muchos en otros ámbitos y en otros silencios: "Hay un contrato, hay un salario; por lo tanto, es un trabajo. No le dé más vueltas." Yo he modificado la frase: "Comemos, bebemos, dormimos; por lo tanto, vivimos. No le demos más vueltas."
Una representación que me hace ver que el trabajo no es más que eso que el Génesis proclama: un castigo que en nuestro tiempo castiga aún más, porque hay que dar gracias por él sin por ello ser masocas. ¡Valiente decepción!

11.9.05

Gemidos alisios

Cuenta sólo este presente y estas piedras.
Es esta tarde noche la que te da una fuerza y te abre caminos que la mañana no consiente.
Los herederos del instante viven y perecen en el instante.
La impaciencia es inevitable, porque es difícil reconocer el momento, la ocasión y el instante.
Y respeto a Saturno y reconozco mi impotencia.
Hay una cuesta que es repecho y declive; subida y bajada.
Las voces de los demás son de los demás.
Quien no mira atrás puede seguir viviendo; lo demás es servidumbre a la nostalgia o a la impotencia.
Hay una noche que llaman la del cuentacuentos.
Hay una noche de números que ríen y se desplazan.
Hay una noche de ecos en que los cadáveres de quienes fueron condenados a muerte y ejecutados dan la mano a un niño entre sueños y le hacen ver cómo fueron ajusticiados.
Hay una noche en la que poder introducir la mano en la boca del león y sacar una serpiente y dormir con ella, mi chiquitina, y besarla como a los pezones de una madre muerta.
Hay una noche en que la luna no es escudo y las conchas sufren naúseas por haber convertido en su crisol la semilla en palabra de sebo.
Hay una noche en que los ahorcados protegen a su descendencia y en que su nombre es legión y en que el gran volcán de la sangre devora a los que tienen algo que perder.
Hay una noche de sarcasmos redimidos, formalizados, convertidos en axiomas de suicidio; y aquél que los toca con la vista se convierte en una bella durmiente afectada de Sida e histeria.
Hay una noche en que decir "no" es la clave, la contraseña, el pasaporte para no ser pasado a cuchillo por la mano siniestra del padre que, envenenado temporalmente, decide degollar a todos sus hijos y llamarles Isaac y matar a los ángeles del Señor -ese siervo inmundo-.
Hay una noche en que las madres lo son de inocentes, y los inocentes lo son porque Herodes dejó descendientes verdaderamente poderosos y macabros y lúgubres y extáticos.
Hay una noche en que las placentas son sacos de dormir para las vergas de los fieles que creen en la comunión de los santos de la blanca y pútrida felicidad.
Hay una noche en la que los maestros del dolor enseñan que los padres no son señores de horca y cuchillo y que el respeto a las leyes, a la religión, a la palabra dada y a los ancianos es suficiente señal para ser llevado al paredón por ingenuo.
Hay una noche para el martillo sobre el cráneo de cada miembro de la familia, el miembro del padre, el miembro del tío, el miembro del hermano, el miembro del primo, el miembro del sobrino, el miembro del hijo; miembros descoyuntados y amputados y carne de perros.
Hay una noche en que escupir a los sementales de enciclopedia y a las madres de manual y a los sementeros de conceptos y a los semilleros de sueños -esperma nacido de vesículas de cobras-.
Hay una noche, ésta, esta noche bendita y siniestra, para degollar a los ancianos y estrenar la afilada hoja de las prevenciones que nos dieron en dote seccionando sus cuellos de estraza y cáñamo.
Hay una noche de fines hechos principios para acabar con los benditos burgueses mediocres que se ahogan en una gota de su colirio para cocodrilos de salón -puretas que alientan hastío y repugnancia-.
Hay una noche para los que se refugian en el día y en su trabajo y en sus mentiras hechas sueño y descendencia; una noche de cristales que cercenarán sus ojos y sus párpados caídos en una aburrida pose de vacuna autocomplacencia.
Hay una noche para esos orangutanes asexuados que profesan orgullo mientras ventosean su vanagloria y propician una carcajada de muerte.
Hay una noche para el adiós al pasado, para un SÍ al presente y para un gargajo sagrado contra el acerado muro del futuro.
Hay una noche para ser oscuro y vestido de negro romper los hechizos de blancas voces que son sirenas que ululan ponzoñosas a la esperanza -esa puta de bajo precio y nulo rendimiento-.
Hay una noche, ésta, solo esta noche para de un fogonazo caer reventado por el disparo de los otros, de los demás, de todos, de absolutamente todos; pero caer rodeado de ellos y con la argolla en la mano, la argolla de las mil granadas que abrigan el polvo de ceniza que mañana nadie recordará. Pero ellos también quedarán hechos ceniza, de estiércol depravado, pero ceniza.
Hay esta noche orín suficiente para oxidar las neuronas de todos los navegantes del orbe con un Alzheimer compacto que les devuelva al útero de todas las maledicencias que fomentaron impunemente y por el mero afán de divertir sus artríticos dedos de barro.
Hay una noche que es arruga, devocionario de fémures arrancados, telos de invectivas que ya no hacen temblar ni a uno de los mil millones de gusanos que devoran hasta la osamenta del cadáver que reposa en guerra con sus muertos.
Y hay una madrugada en la que todos duermen y el viento esparce los restos del estío y los recuerdos buenos-malos-horribles-sueños dorados levantando un tornado que te hace sentir humillado y ofendido, ¡tan impotente para sacar el espejo que le muestre a los cascajos la nada que son y el mundo que no han sido y la boca siniestra que ha de devorar sus inestables frutos!
Y hay una madrugada que es mujer de ojos enrojecidos, greñas, restos de vómito en los labios y un dolor de espalda que aventura un largo final de desvelos, traiciones y fracasos tan fríos como la exactitud estadística de que sobrevendrán cuando todo parezca resignación y olvido.
Y la madrugada, encendida por el desprecio de quienes daban el mundo ocultando una vieja mentira vieja tras sonrisas de mono viejo, comenzará a enfriarse desde este punto y hora para responder aséptica algún día a la broma de los que en una u otra jaula no hacen más que exhibir la seda sobre despojos de chimpancés momificados y resecos.
Hay una madrugada como ésta para hermanar compasiones y resentimientos en un silencio que los conserve sin olvido para ser servidos como hijos despedazados a la mesa de quien los engendró.
Y hay una madrugada en la que el ángel exterminador se ha despertado y busca sólo a los primogénitos para que las esperanzas muestren su falsedad; y el ángel se hace pico, crack, choque, violencia o desengaño sin consuelo para que las madres quemen vestidos sobre una hoguera que solo se extinga con sus lágrimas. Y en las casas de quienes sirvieron al flamígero dólar se decuplicarán las inversiones y el oro cubrirá el hueco de heredades desiertas y de torres derribadas y de vidas cercenadas en la flor del cactus del vacío.
Hay una madrugada que impone su silencio, zona cero, señal, inmenso cementerio y útero del infierno que indica el lugar de un amanecer para los desheredados de la tierra.

10.9.05

Homenaje a los malditos

Hoy he vuelto al teatro. Hacía siglos que no iba; pero era necesario hacer algo después de decidir que ninguna cara quedase ya en el mar. Quemé las naves, borré direcciones, ... y me fui a ver Homenaje A Los Malditos del grupo La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía La Baja. Interesante obra capaz de jugar con lo macabro hasta purificar ciertos miedos. Una obra por la que desfilan las procesiones de la muerte de Solana y en la que los muertos son uña y carne con los vivos. Ésta es la presentación de la obra:
Homenaje a los malditos
A los que, insepultos, siguen recorriendo los márgenes de la historia. Buscando a tanto olvido una salida.
A los que nos precedieron en este éxodo de los días, dejando esquirlas abrasadoras, rescoldos de memoria. Huellas de sangre en el libro de sus destinos.
A los que insomnes, limpiaron los apulgarados espejos de nuestra vida, reflejando en ellos las devastaciones del tiempo, la soledad de cada mesa, las hojas del periódico como mortaja de vanidades y mentiras.
A la esperanza de los mártires, a los que aun empujan el pórtico de los sueños, a los que siembran en cizaña, y a los que contra viento y marea, sin más arma que el alma, se siguen enfrentando al estruendo del mundo. A los que nada les queda que perder, perdidos ya en sus destinos.
A los malditos
Al salir a la plaza de Santa Ana abrí El Libro Negro y apareció un capítulo: Matar a los muertos. Dicen que nada es casual. Después de dos birras respiré el aire húmedo y enterré para siempre en mi memoria a los que jugaron conmigo, a los benditos.

9.9.05

Conversación 22 de El Libro Negro


En una revista que se publica en lengua inglesa en la ciudad de Bombay, Maya, hallé una colaboración enviada desde Niza y firmada por Aurananda; dicha colaboración merece ser considerada. El autor debe ser un joven hindú muy culto, y sostiene que los pueblos occidentales, europeos y americanos, después de haber sido durante muchos siglos poseedores de la más elevada inteligencia creadora y crítica, causan ahora la impresión de un entontamiento total casi pavoroso, que año a año se vuelve más visible y más grave. Después de hacer notar, con agudeza y sin prejuicios, los síntomas y las pruebas de ese decaimiento general, Aurananda enumera las causas principales de ese inesperado fenómeno. Según su opinión, son las siguientes:
1) Las publicaciones semanales ilustradas, que se ocupan casi exclusivamente de los escándalos mundanos, de los delitos y de las cosas extrañas, prevaleciendo las imágenes fotográficas sobre las ideas y las discusiones criticas.
2) El cinematógrafo, que embrutece sistemáticamente a la gran masa de las clases medias y proletarias con espectáculos de bestialismo feroz, de sentimentalismo idiota, de un falso lujo y, en general, de una vida hueca, artificiosa y presuntuosa. El cine ayuda también a sustituir el pensar por el ver.
3) Los deportes, en los que es evidente la supremacía de los valores puramente físicos y musculares sobre los valores morales e intelectuales.
4) La difusión, siempre creciente en todas las clases sociales, de los estupefacientes: opio, morfina, cocaína, heroína, etc., que terminan por embotar y ofuscar las facultades superiores del alma y preparan generaciones de maniáticos, imbéciles y neuróticos.
5) El abuso, también creciente y de un modo especial entre los jóvenes de ambos sexos, de las bebidas alcohólicas y excitantes.
6) El auge universal de las danzas y músicas de origen primitivo y salvaje, que entontecen el cerebro, desvigorizan la voluntad y crean un paroxismo afrodisíaco debilitante. También el baile favorece los estímulos musculares y sexuales, todo con desmedro de las actividades mentales superiores.
7) La radio, que transmite principalmente música, y generalmente música mala, incitando a ensueños extenuantes y morbosos, alejando del estudio, de la meditación, del ejercicio del pensamiento operante.
8) La exagerada importancia que tienen hoy en la vida occidental los muchachos, las mujeres y los trabajadores manuales, los tres señores de la época, los tres sectores de la humanidad menos capaces de un profundo y continuado trabajo de reflexión.
Aurananda se asombra de que los gobernantes de Europa y de América no se preocupen por ese progresivo entontamiento de sus pueblos, y de que no intenten contenerlo o retardarlo en alguna forma.
La experiencia obtenida por mí durante estos últimos años en mis viajes por esos pueblos, confirma plenamente las conclusiones a que llega la colaboración del número 76 de la revista Maya. Pero, ¿quién lee en París o en Nueva York esa humilde revista de jóvenes hindúes?

Vámonos

8.9.05

Un rebuzno, con toda la falta de respeto.

Recomiendo la lectura de El libro negro de Giovanni Papini. [Es decir, lanzo una recomendación que no será atendida, pero que me otorga créditos intelectuales ante los demás de modo que me tachen de pedante, antisocial, solitario; inadaptado, pobre paria y otras cosas que el cansancio me hace omitir].
De lo que he leído hay un texto que me llama la atención. [Por cierto, soy persona un tanto alérgica a esas declaraciones profundas y versadas ante la lectura de un libro como: "me encantó", "muy bonito", "arrollador"; "flojito", "no es lo mejor que ha escrito", "insuperable"; "genial", "me gustó", "para pasar el rato". Prefiero un alarde de cinismo y que se diga en esos casos: "¡mu potito!" Al menos es una expresión más honesta que manifiesta la superficial profundidad de quien la profiere.]
Éste es el texto extraído de la conversación número 11: El enemigo de la naturaleza.
"-Puesto que me escuchan, quiero decirles que odio con especial intensidad a las flores, desde que he sabido que son desvergonzadas exhibiciones sexuales hechas por las plantas para inducir a los insectos a que actúen como intermediarios en la diseminación del polen. Esas poéticas flores que vosotros, personas sabias y virtuosas, oléis con tanta dedicación y ofrecéis galantemente a las castas doncellas, no son más que obscenos órganos genitales carnosos y viscosos.".
Pienso al leer esto en la enorme caterva de ilustres que han utilizado la metáfora mujer/flor. Y he de reconocer que más que una metáfora, me parece toda una descripción científica. Schopenhauer no desmentiría esto. Pero, claro, ¿qué autoridad tiene un Schopenhauer aquí y ahora? Corro además el riesgo de que me pregunten en qué cadena sale Schopenhauer o cuál es la dirección de su blog. O peor aún: algún joven esclarecido y estudiante de informática podría decirme que a qué tanto cacarear si no tengo ni puta idea de lo que es un protocolo de transferencia de hipertexto.
Conclusión: les recomiendo que se diviertan, que paseen y que hagan lo que quieran. Olviden mis rebuznos.

7.9.05

¿Qué haces cuando sobrevienen esos momentos de lucidez en que percibes que todo se ha apagado? Supongo que se espera a que ese "estado" pase y después se sigue como si tal cosa. Como si fuese una depresión o un bajo estado de ánimo. En casos apurados bebes algo, te tomas una pastilla o te gratificas de un modo u otro.
Pero, ¿qué haces cuando esos momentos son muy frecuentes? ¿Cuando te vuelves a despertar por enésima vez sobre la cama y todo es incoloro y quisieras tirarte por la ventana? ¿Por qué uno no se tira? Supongo que imaginamos que lo mejor está por venir -contra todo pronóstico-. Y entonces sucede que mientras esperas "lo mejor", acabas como los otros: un infarto, una malignidad que hace su aparición, un accidente... y se acabó.
En los momentos más bajos y de vacía desesperanza, cuando la mejor salida es salir, imaginamos que seremos normales. Nos quejamos de la soledad, pero tras las mieles de la convivencia ¡vuelta atrás! Nos mueve el arte y la cultura porque nos eleva sobre los otros -a no ser que permanezcamos en un nivel puramente estético o ético-; pero cuando nos elevamos demasiado, deseamos descender de nuevo y mezclarnos con el calor de los demás, pero la voluntad ya se ha congelado. Y la descongelamos con una copa, con una pastilla o con digestiones pesadas. Pero llega un momento en que ya no hay un estómago ni un cerebro ni un corazón a los que engañar. Y entonces los momentos de lucidez son más y más frecuentes. Pero no te puedes tirar, aunque el hueco de la ventana sea tan hipnótico como el sexo abierto de la mujer con que sueñas. Quizás no se es lo suficientemente hombre para penetrar ese hueco y lanzarse al vacío.
Así, quejido a quejido, pasivo de fuerzas, actuado por esperanzas ilusas te vas comprimiendo y dilatando. Un final con conciencia o un final sin conciencia: he ahí el dilema. Muchos no quieren verlo ni saberlo; saben que ha de suceder y creen que sucederá sin día ni hora -al menos así piensan mientras queda todo un mundo por delante-.

6.9.05

Otro paso en el vacío. Todos los pasos son en el vacío.
Y esa Casablanca de nuestros padres es el Closer de nuestros hijos. En medio, La sirena del Mississippi se va apagando. Siempre es lo mismo, pero hay que vivirlo y repetirlo y sufrirlo y dejar de sufrirlo.
Hay que llevar esa pila en el corazón y en el cerebro para estar vivo y saber que estarás muerto y que nada habrá servido para nada. Una pila que se recarga cada vez peor y que no puedes cambiar por otra batería, aunque seamos móviles.
Miras alrededor y cualquier canción podría ser la última; pero cuando las escuchamos en su momento hubiésemos deseado que fuesen la última. Hoy sin embargo nos da miedo todo lo que pueda ser último... y todo puede serlo... y todo nos da miedo.
Noche tras noche, día tras día, tarde tras tarde dejo mi cabeza sobre la silla y la aplasto al sentarme. Entro en mí, me devoro desde el recto hasta el cuello; y vuelvo a salir con la testa embadurnada de vísceras tan pútridas como sus ideas.
Quiero dormir, pero al dormir me llevo todo conmigo como si durante el sueño pudiese contemplarlo a distancia; y entonces los esqueletos de cada pensamiento montan un campamento macabro para cenar en mi azotea.
Una ráfaga de viento derriba las cortinas, me devora y mientras lo hace me dice: "ahora sí, ahora sí que estás definitivamente muerto".

Good Bye

Como es posible que a partir de esta noche me convierta en un mendigo definitivo, y como es difícil igualar las palabras que siempre representarán el himno de un mendigo de nuestros días, quede aquí Aullido de Ginsberg.
"He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.
Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.
Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.
Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.
Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes.
Quienes se jodieron sus pelos púbicos al volver de Laredo con un cinturón de marihuana para New York.
Quienes comieron fuego en hoteles coloreados o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o purgaron sus torsos noche tras noche con sueños, con drogas, con pesadillas despiertas, alcohol y verga y bolas infinitas, ceguera incomparable; calles de nubes vibrantes y relámpagos en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todas las palabras inmóviles del Tiempo, sólidos peyotes de los vestíbulos, amaneceres en el cementerio del árbol verde, ebriedad del vino en los tejados, puestos municipales el neon estridente luces del tráfico parpadeantes, vibraciones del sol, la luna y los árboles en los bulliciosos crepúsculos de invierno de Brooklyn, estrepitosos tarros de basura y una regia clase de iluminación de la mente.
Quienes se encadenaron a sí mismos a los subterráneos para el viaje infinito desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las ruedas y niños empujándolos hacia salidas exploradas estremecidas y desiertos golpeados de cerebros absolutamente secos de esplendor en la melancólica luz del Zoo.
Quienes se hundieron toda la noche en la luz submarina de Bickford's emergidos y sentados junto a la añeja cerveza después del mediodía en el desolado Fugazzi's, escuchando el crujido del destino en la caja de música de hidrógeno.
Quienes hablaron setenta horas seguidas desde el parque a la barra a Bellevue al museo al Puente de Brooklyn, batallón perdido de conversadores platónicos bajando de espaldas las escaleras de escape de los alfeizares del Empire State lejos de la luna, gritando incoherencias, vomitando susurrando hechos y recuerdos y anécdotas y patadas en la bola del ojo y traumas de hospitales y cárceles y guerras, intelectos enteros disgregados en amnesia por siete días y noches con ojos brillantes, carne para la Sinagoga arrojada al pavimento.
Quienes se desvanecieron en ninguna parte de Zen New Jersey dejando un reguero de ambiguas postales ilustradas de Atlantic City Hall, sufriendo sudores orientales y artritis Tangerianas y jaquecas de China bajo la basura en las salas sin muebles de Newark.
Quienes dieron vueltas y vueltas en la medianoche por el patio de trenes preguntándose adónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos.
Quienes prendieron cigarrillos en vagones traqueteando por la nieve hacia granjas solitarias en la noche del abuelo.
Quienes estudiaron a Plotino, Poe, San Juan de La Cruz, telepatía y cábala debido a que el cosmos instintivamente vibraba en sus pies en Kansas.
Quienes solos por las calles de Idaho buscaban ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios.
Quienes pensaban que sólo estaban locos cuando Baltimore destellaba en éxtasis sobrenatural.
Quienes saltaron a limusinas con el Chinaman de Oklahoma impulsados por la lluvia de los pequeños pueblos a la luz callejera de la medianoche del invierno.
Quienes haraganeaban hambrientos y solos por Houston buscando jazz o sexo o sopa, y siguieron al brillante español para conversar sobre América y la eternidad, una tarea sin esperanza, y tomaron un barco para África.
Quienes desaparecieron en los volcanes de México dejando tras suyo nada excepto la sombra del estiércol y la lava y la ceniza de la poesía quemada en Chicago.
Quienes reaparecieron en la Costa Oeste investigando el F.B.I. en barbas y pantalones cortos con grandes ojos pacifistas atractivos en su oscura piel entregando incomprensibles folletos.
Quienes se quemaron sus brazos con cigarros encendidos protestando contra la bruma narcótica del tabaco del Capitalismo.
Quienes distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y desvistiéndose mientras las sirenas de Los Alamos los deprimían, y se deprimía Wall, y el ferry de Staten Islan también se deprimía.
Quienes rompieron a llorar en blancos gimnasios desnudos y temblorosos frente a la maquinaria de otros esqueletos.
Quienes mordieron detectives en el cuello y chillaron con placer en autos policiales por no cometer un crimen salvo su propia pederastia salvaje y su intoxicación.
Quienes aullaron de rodillas en el metro y fueron arrastrados por el techo ondeando sus genitales y manuscritos.
Quienes permitieron ser penetrados por el ano por virtuosos motociclistas, y gritaron con alegría.
Quienes chuparon y fueron chupados por aquellos serafines humanos, los marineros, caricias del amor Atlántico y Caribeño.
Quienes eyacularon en la mañana en la tarde en jardines de rosas y en el pasto de parques públicos y cementerios esparciendo su semen libremente a quienquiera que llegara.
Quienes hiparon sin cesar tratando de reír pero se torcían de llanto detrás de un cubículo de un Baño Turco cuando el ángel rubio y desnudo venía a atravesarlos con una espada.
Quienes perdieron a sus amantes por las tres viejas musarañas del destino, la musaraña tuerta del dólar heterosexual, la musaraña tuerta que hace guiños fuera del útero y la musaraña tuerta que no hace nada sino sentarse en su trasero y corta las hebras doradas intelectuales del vislumbre del artesano.
Quienes copularon extáticos e insaciables con una botella de cerveza, un novio, un paquete de cigarrillos, una vela y se cayeron de la cama, y continuaron en el suelo y por los pasillos y terminaron desmayándose en la pared con una visión del último coño y llegaron a eludir el último atisbo de conciencia.
Quienes endulzaron las conchitas de un millón de chicas temblorosas en el ocaso, y tenían los ojos rojos en la mañana pero preparados para endulzar las conchitas del sol naciente, destellantes traseros bajo los establos y desnudos en el lago.
Quienes iban a putas en Colorado por miríadas en autos robados, N.C., héroe secreto de estos poemas, semental y Adonis del alegre Denver a la memoria de sus innumerables encamadas con chicas en lotes vacíos, patios de bares, hileras de desvencijadas casas rodantes en la cima de montañas, en cavernas o con demacradas meseras en familiares subidas de enaguas al lado del camino y especialmente la secreta estación de gasolina solipsismos de Juan, y callejones pueblerinos también.
Quienes se desvanecieron en vastas películas sórdidas, se transformaron en sueños, despertaron en un repentino Manhattan, y se encontraron a sí mismos fuera de los sótanos colgados sobre descorazonados Tokay y los horrores de los sueños de hierro de la Tercera Avenida y tropezaron con las oficinas de desempleo.
Quienes caminaron toda la noche con sus zapatos llenos de sangre en los muelles esperando una puerta en East River para entrar a un cuarto lleno de vapor caliente y opio.
Quienes crearon grandes dramas suicidas en el apartamento de los acantilados del Hudson bajo el rayo azul de la luna de tiempo de guerra y sus cabezas eran coronadas con el laurel del olvido.
Quienes comieron la cazuela de cordero de la imaginación o digirieron cangrejos en el fondo lodoso de los ríos de Bowery.
Quienes lloraron por el romance de las calles con sus carritos llenos de cebollas y mala música.
Quienes se sentaron en cajas respirando en la oscuridad bajo el puente, y se levantaron para construir arpas en sus desvanes.
Quienes tosían en el sexto piso del populoso Harlem con llamas bajo el cielo tuberculoso rodeados por las jaulas naranjas de la teología.
Quienes garrapatearon toda la noche golpeando y rodando sobre elevadas incantaciones que en las amarillas mañanas eran estrofas de jerigonza.
Quienes cocinaron animales podridos pulmones, corazón, pata, cola borsht y tortilla soñando con el puro reino vegetal.
Quienes se zambulleron en camiones de carne buscando un huevo.
Quienes tiraron sus relojes del tejado para dar su voto a la eternidad fuera del Tiempo y despertadores cayeron sobre sus cabezas todos los días por la siguiente década.
Quienes se cortaron las muñecas tres veces seguidas sin éxito, se rindieron y fueron forzados a abrir anticuarios donde pensaban que se ponían viejos y gritaban.
Quienes fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela en Madison Avenue entre ráfagas de versos plomizos y el parloteo borracho de los regimientos de acero de la moda y los chillidos de nitroglicerina de las agencias de publicidad y el gas mostaza de los editores siniestramente inteligentes, o cayeron por los taxis ebrios de la Absoluta Realidad.
Quienes saltaron del Puente de Brooklyn esto realmente sucedió y quedaron desconocidos y olvidados en el aturdimiento fantasmal de los callejones de sopa y camiones de incendio de Chinatown, ni siquiera una cerveza gratis.
Quienes cantaron por sus ventanas de desesperación, cayeron de la ventana del metro, saltaron en el sucio Passaic, brincaron en negros, gritaron por toda la calle, bailaron descalzos en trozos de copas de vino rotas grabaciones de fonógrafos de la nostalgia Europea jazz alemán de 1930 terminaron el whisky y se lanzaron gemebundos en baños sangrientos, gemidos en sus oídos y la ráfaga colosal del silbido del vapor.
Quienes rodaron por las carreteras del viaje al pasado para cada uno el látigo del Gólgota reloj de la soledad de la cárcel o encarnación del jazz de Birmingham.Quienes condujeron una visión para encontrar la eternidad.
Quienes viajaron a Denver.
Quienes murieron en Denver.
Quienes volvieron a Denver y esperaron en vano.
Quienes aguardaron en Denver y empollaron solos en Denver y finalmente se fueron para encontrar el Tiempo, y Denver es solitario para sus heroínas.
Quienes cayeron de rodillas en catedrales sin esperanza rezando por la salvación de cada uno y la luz y los pechos, hasta que el alma iluminara su cabello por un segundo.
Quienes chocaron con sus mentes en la cárcel esperando criminales imposibles con cabezas doradas y el encanto de la realidad en sus corazones que cantaban dulces blues a Alcatraz.
Quienes se retiraron a México para cultivar un hábito, o a Rocky Mount para ofrecer Buddha o Tánger a los muchachos al Southern Pacific a la locomotora negra o a Harvard a Narciso a Woodland para la sepultura o daisychain.
Quienes exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo y fueron dejados con su locura y sus manos y un jurado colgado.
Quienes arrojaron papas saladas a los conferencistas de Dadaísmo en CCNY y subsecuentemente se presentaron ellos mismos en las baldosas de granito del manicomio con cabezas rapadas y un discurso arlequinesco de suicidio, demandando una lobotomía instantánea, y quienes a su vez se entregaron a la nulidad concreta de la insulina, Metrazol, electricidad, hidroterapia, psicoterapia, terapia ocupacional, ping pong y amnesia.
Quienes en protesta seria dieron vuelta sólo una simbólica mesa de ping pong, descansando brevemente en catatonia, volviendo años después verdaderamente calvos excepto por una peluca de sangre, y lágrimas y dedos, a la visible fatalidad del hombre loco de los pupilos de los pueblos locos del Este, salas fétidas de Pilgrim State's Rockland's y Greystone discutiendo con los ecos del alma, pegando y rodando en la soledad-banca-dolmen-reinos del amor de medianoche, sueños de vida en una pesadilla cuerpos convertidos en roca tan pesados como la luna, con la madre finalmente, y el último libro fantástico arrojado por las ventanas del departamento, y la última puerta cerrada a las 4 A.M. y el último teléfono pegado a la pared sonando y la última pieza amueblada, un papel rosa amarillo torcido en un colgador de alambre en el closet, e incluso eso imaginario, nada sino un poco de esperanzadora alucinación ah, Carl, mientras no estés seguro yo no estoy seguro, y ahora tú estás realmente en la sopa animal total del tiempo y quienes por lo tanto corrieron a través de las calles congeladas obsesionados con un repentino destello de la alquimia del uso de la elipse el catálogo el metro y el plano vibrante.
Quienes soñaron y encarnaron brechas en el Tiempo y Espacio a través de imágenes yuxtapuestas, y atraparon al arcángel del alma entre 2 imágenes visuales y unieron los verbos elementales y establecieron el nombre y rasgos de la conciencia al mismo tiempo saltando con sensación de Pater Omnipotens Aeterna Deus para recrear la sintaxis y medida de la pobre prosa humana y ponerse frente a ti estupefacto e inteligente y sacudirse con vergüenza, rechazando incluso revelar el alma para conformarse al ritmo del pensamiento en su desnuda y eterna cabeza, el vagabundo loco y el golpe del ángel del Tiempo, desconocido, incluso poniendo aquí lo que podría dejar de ser dicho en tiempo de volver después de la muerte, y surgieron reencarnados en los trajes fantasmales del jazz en la sombra del corno dorado de la banda y exhalar el sufrimiento de la mente desnuda de América para amar en un eli eli lamma lamma sabacthani saxofón que llora estremeciendo las ciudades bajo la última radio con el corazón absoluto del poema de la vida descarnada de sus propios cuerpos buenos para comer mil años."

4.9.05

Reconocimiento

Hay gente extraña por el mundo. Gente que odia la burocracia, la prepotencia; el predominio del dinero sobre los afectos. Gente que obra en consonancia con esas convicciones. Mientras viví tuve la dicha y la fortuna de conocer gente así. Llevo a esas personas en mi corazón y en la memoria. Y cuando me levanto pienso en esas personas y en lo que les diría. Son como diamantes que sufren y padecen con el sufrir de los otros. Su padecer no es una pose ni una frase hecha, sino genuino dolor. Y cuando brillan con la alegría de los otros, su alegría también es genuina. Y algo increíble: no adolecen de envidia si esa alegría no repercute en ellos ni les renta beneficio alguno. El único beneficio es ser felices con la felicidad, la disfrute quien la disfrute. Es gente que intuitivamente sabe distinguir el confort de la felicidad. Es gente alegre y vital, aunque a veces sucumba a los infiernos del hastío y de la impotencia. Y si les dicen que mañana se va a acabar el mundo, sonríen; y en su sonrisa no hay amargura, ni sarcasmo, ni resentimiento. Amo a esas personas. Son jóvenes de edad, pero eternas de mente. Son tesoros y diamantes con los que las fuerzas que rigen el mundo comercian o intentan comerciar. Sin estas personas hubiese desaparecido la sal de la tierra. ¡Cuánto amor por esa gente extraña! Y confieso que mientras viví tuve la dicha y la fortuna de conocer gente así.

Divagaciones sin retorno.

"Fumar puede matar". Esto está escrito en el paquete de Winston que tengo frente a mí. Es como un versículo de San Mateo. Sólo que San Mateo le daría otra forma seguramente. "Bienaventurados los que no fuman, porque no serán ajusticiados". Sí, fumar puede matar. No es seguro que lo haga, es solo una posibilidad. "... puede matar". Es decir, cabe la posibilidad de que no mate. Puede matar o no matar. Pero, el verbo "matar" tiene connotaciones. Implica que la vida se pierde de un modo antinatural, forzado. Y me mata "el fumar". No yo, no las autoridades sanitarias, ni siquiera el tabaco: "el fumar". Me puede matar "el fumar". Lo que mata es el verbo y la acción que expresa, no el sujeto del verbo. Matan los verbos, no quienes los actúan. Exención absoluta de responsabilidades, el eufemismo por delante, que nadie se sienta responsable. Puede matar "fumar"; no el tabaco, no quien lo vende, no lo que impulsa a fumar. Si no fumas, no te mata el fumar. Si no engordas, no te mata el engordar. Si no bebes, no te mata el beber. Si no escribes, ni hablas, ni lees, ni amas; entonces no te puede matar el escribir, el hablar, el leer ni el amar. Y la gran conclusión: si no actúas, nada te puede matar. Solo mueres, que es muy distinto.

3.9.05

Ebrisión

Como procurando llevarme un buen recuerdo de todo lo (in)vivido, vuelvo a poner esa cinta de vídeo de Led Zeppelin en el Madison Square Garden. La última vez la vi acompañado... Ahora no. Pero la admiración y el asombro son los mismos. Stairway to heaven y Dazed And Confused no son de este mundo. Y no es tal vez una hipérbole. Ambas canciones fueron consagradas al diablo por un experto en satanismo como pocos habrá en el mundo. Si esto es cierto, los himnos más bellos se los está llevando el de abajo. ¿Por qué la oscuridad siempre resplandece más que la luz?... Veo esa incursión de Jimmy Page por el bosque, ascendiendo por el monte hasta dar con el viejo de la montaña y ver su pasado, su presente y su futuro. ¡Siniestro y adorable! ¡Bello! Y sobrecogedor... Porque es posible que el fin no sea el fin... Y esto, pues, como que acojona. Y es para creer si tenemos en cuenta las masacres que han tenido lugar por lo transcendente. Ha sido lo transcendente lo que ha acaparado la sangre del mundo. (Mientras, el viejo ilumina a Page mientras Plant gime como mil niños que han sido torturados y depositados a los pies del Maestro de la Negación hechos trizas)... Y la guitarra también masacrada, con las cuerdas colgando como venas cercenadas por los certeros hachazos de Page... Todo oculto, todo oscuro; con la belleza de lo macabro que se apodera de ti y te lleva a pactar con el reino de las sombras. Y a continuación el no va más: la velocidad de la luz sobre el mástil de la guitarra. No hace frío ni calor en ese escenario: las almas no sienten cosas tan banales.... Y así transcurre la actuación hasta que un mástil fabricado con las lágrimas de Eros entona el Whole Lotta Love con el hambre de mil piratas ebrios de mujeres y ron. Es un mástil que necesita vagar por Malasaña clavado en el alma.

Pedazos

A veces una película o una canción te pueden hacer añicos el estómago. Esas mariposas vuelan y de tanto volar deciden despedazarse contra el corazón. Así ha sido. A veces un texto, un poema, un fotograma; un mensaje, cualquier pequeña cosa dispara. No dispara nada, sólo dispara.
Curiosamente, en ocasiones no son los ídolos los que despiertan determinadas emociones. Una canción casual, un film casual recrean el mundo.
Y mientras Springsteen y Waits cantan Jersey Girl le digo al bodeguero que prepare la absenta y el colt 45 para volver a poner ese monumento a la melancolía y la tristeza, ese tributo a las despedidas que aparece en Arizona Dream, esa balada para muertos: In The Deathcar.
En el interior del alma me vuelvo a preguntar por qué todas las despedidas son iguales. También todos los encuentros son iguales. Y la verdad no está ahí fuera, sino dentro. ¡Qué encrucijada! Fuera no hay nada, y lo que hay da miedo. Dentro quizás hay mucho, o una nada inmensa, o algo terribe: y es pavoroso. ¿Dónde, entonces, refugiarse? En la nieve, dejarse caer en la nieve. Siempre fue esa la respuesta. Y morir sonriendo como un payaso.

Desbarre xyz

Imaginad a Santiago Segura cual Torrente, con medias de red y zapatos de tacón. De esa guisa quiero salir esta noche a la calle. Me "desmelenaré" y seré casposo; jugaré a la ruleta ilusa: llenas un tambor de detergente (o cosa que se parezca), lo llenas de Voll Damm y buscas un Tambor que te haga compañía. Al final duermes solo, pero te sientes importante. Además, tengo mi osito y mi Bugs Bunny de paño en pecho. Y cuando esté durmiendo o dormido -no es lo mismo, no, no es lo mismo- veré a un ángel rubio más allá de medianoche y le diré que soy Hernán Cortés en misión secreta. Entonces el ángel me dirá que él tampoco es un ángel, sino Robinho hecho mujer. Y claro, así las cosas, no me quedará más remedio que jugar con él a fabricar plantillas del único modo posible. Se necesitan canteras de jugadores y cantores que den juego. Al Cantero le dejamos, porque El Fary es dios. Y El Fary es Cantero y Cantero es El Fary. Y yo, yo, yo... cuanto más me acelero, más calentito me pongo. Y ya puestos, pongamos que hablo de Madrid y que quieres saber de mí. Si es así, ya sabes. Imagina a Santiago Segura cual Torrente, con medias de red y zapatos de tacón. Me verás por Malasaña, lleno de fuego por convertirte en la reina de España.

Extracto

No me vengas con tus prótesis colgando.
Me puedes mostrar tu orgullo
pero es necio que lo vayas demostrando.
Los pañuelos se rebelan
se vuelven banderas con la sangre
Los enanos se rebelan
se vuelven gigantes con la sangre
Los payasos se rebelan
se vuelven jueces con la sangre
Y cuando la sangre cesa
cuando deja de fluir la sangre
pañuelo enano y payaso
ha caído la noche irremediable

Más películas

-Rompiendo las olas

No apta para depresivos ni para cínicos. Los primeros podrían acabar necesitando una buena borrachera, los segundos acaban desternillándose.
No podemos cambiar los contextos. El Romanticismo fue el Romanticismo; hoy impera el pragmatismo: "Tanto me sirves, tanto cuentas conmigo". Es decir: nadie es imprescindible. La amistad es crédito por un puñado de satisfacciones. Los ideales han muerto. Las serpientes sobreviven. Se necesitan payasos de usar y tirar; no abnegados ni fieles. Más de lo mismo: enanos y esclavas del señor que se creen princesas.
La película no es de este tiempo. Demasiado idealismo. Demasiado sacrificio. Pero el hecho de que Child in time aparezca en el capítulo 7 -el del sacrificio-, con esa voz de Gillan y esos acordes de Blackmore... ¡Genial!
Por lo demás, una obra maestra, así reconocida por entendidos y no entendidos.
Que te calles!
Sano humor, buen humor, moderado humor en esta película interpretada por Gerard Depardieu y Jean Reno. Sonreí. No todo ha de ser cine de culto. Los gags son previsibles. Pero, ¡señores!, no sé cómo se toma la previsión como un defecto. No hay que ser originales ni sorpresivos. Para los genuinamente escépticos nada sorprende; y toda pretensión de sorprender o admirar es como caer en la coquetería: algo de vergüenza ajena.
Seguiremos desinformando.

2.9.05

Bios

Esta tarde lo he hecho. He entrado en la Bios de mi ordenador. Momentos antes me despedí de amigos, familiares y enemigos (de estos últimos especialmente).

Recordé lo que me dijo el maestro Obi Wan Kenobi:
"Sólo hay un modo de demostrarse a sí mismo que se ha alcanzado el grado de jedi. Entra en la bios y manipula las configuraciones. O al menos, intenta descifrar lo que eso significa. Cuanto más arriesgues, mejor jedi serás."

Después de introducirme en la Bios he comprobado que soy un minúsculo átomo de energía en este universo sideral. De nada valen los noúmenos kantianos, las noesis transcendentales husserlianas, la ereignis del ser heideggeriana ni los juegos de lenguaje wittgensteiniano. Ni siquiera me ha servido el álgebra booleana, el teorema de Qantor ni el teorema de Gödel. Y he comprobado la cantidad de cosas que están por hacer. ¡Y yo preocupándome por una ninfa llena de esplendor y magnificencia capaz de iluminar todas las estrellas! ¿Acaso puede un hombre llegar a los pies de su amada para vestirla de besos y caricias y acabar diciendo: "Vida mía, la Bios sigue siendo un misterio para mí"? No, no es posible. Un hombre necesita saber los entresijos de una Bios para poder tener una familia y ser alguien comme il faut.
Así pues, desde este momento, cojo el bolso, me pinto los labios, me calzo el tanga de leopardo y me voy a la calle. ¡Ea!

Unas películas:

- Bailar en la oscuridad

He vivido mis años. Aún no me he encontrado con una señora como Catherine Deneuve. Al menos desde la pantalla y con los años se me hace más digna, más profunda... También más fría. Se puede decir que la primera película que me hizo darme cuenta de mis hormonas fue La Sirena del Mississippi. Y que Deneuve fue mi primer gran amor -en esa película-. Después, en El Ansia, se confirmaría como la esencia del deseo. Cuando he querido expresar eso que nunca se llena por más que estés piel con piel junto al otro sólo lo ha expresado ese film. El terror y el deseo van juntos. Conclusión: Bailar en la oscuridad me ha servido para evocar sentimientos adolescentes. La película, como tal, una gran obra que deja un mal sabor de boca. Pero el ser humano se muestra en su bondad y, por supuesto, en su malevolencia.

-El hundimiento

Los últimos días de Adolf Hitler. Después de ver esta película vinieron los del camión de la basura y me depositaron humildemente en los contenedores al uso. ¡Siento como humano haber manchado la basura! Pero la basura debe perdonar al hombre: no sabe lo que hace. Y yo necesitaba sentirme natural, parte del mundo, fuera de ese conjunto tan repugnante llamado "hombre".

-Deliciosa Marta

Una película que me trajo calma, sosiego; ¡incluso esperanza! Pero al final dices: ¡es una película! Y no sé si existirá "mi" Marta; pero sé que existió nuestro Hitler. Quizás no debí ver una película detrás de otra. Tiendo a ser optimista bien informado (sobria definición de "pesimista")

-La última noche

Edward Norton borda el papel. Pero no todos somos Edward Norton. Una buena película de la que destacaría el monólogo del protagonista frente a un espejo con el rótulo "fuck you". (Me recordó el poema "Aullido" de Ginsberg. Aunque eso no es un poema, sino una obra de arte). Repasa todo lo que debe ser jodido en Nueva York. Y me pregunto si se salva algo. Bueno, sí, algo se salva: la zona cero, mostrada con un fondo musical que hacía derramar lágrimas. Drama, es decir, vida en estado puro de descomposición.

-El lobo

Un agente doble en las filas de ETA en los dos últimos años de existencia del caudillo. ¿Héroe o traidor? Esta pregunta se plantea en los extras. Es una buena pregunta. Al menos, mueve a la dialéctica. Muy guapo Eduardo Noriega. Muy suyo José Coronado.

-Mystic River

Nuevamente he tenido que llamar a los de la basura. Otro reflejo de lo alto, ilustre, digno y soberano que es el hombre. A veces pienso que se nos dotó de la conciencia y de la racionalidad para pagar por el pecado de existir. Luego, claro está, están los que carecen de conciencia y racionalidad, los que vegetan; en suma, los que sobreviven.

Una historia la de Mystic que demuestra cómo al ser humano le queda mucho por progresar. Aún es una máquina expuesta a tremendos desequilibrios.

Uno se huele el final; aunque es más trágico de lo que piensa. En cualquier caso, como corolario: nadie merece compasión.

Proseguiremos.

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