Balances
Extraordinarias vacaciones. De las vacaciones el mejor día es el penúltimo o el último; especialmente en éstas. Cuando el lunes me reincorpore todos verán a alguien distinto. Nunca he apostado por mí... Aunque a ver cómo me explico esto a mí mismo. Siempre he sido un cándido ante la superioridad: eso tiene sus pros y sus contras. ¿Los pros? El cabrón siempre será el de arriba, el que decapita es el de arriba, el que da y quita es el de arriba. Mientras, uno permanece bonifacio y orondo como un gusano que tuviese todo un cadáver para él solito. ¿Los contras? Renunciar a ser algo o alguien, a decir lo que sientes y piensas (cuanto más alto subas, aunque sean milímetros, más te castran la capacidad de ser alegre o chistoso o de estar de buen humor). Renunciar a pensar, renunciar a decir "no". Pero se me olvidaba un pro: puedes ir inflando los doscientos kilos de colesterol con una rabia que te permite perder miedos, prudencias y resquemores a la hora de escribir en un hipotético diario lo que piensas del mundo y de quienes lo habitan. Y sé que en la medida en que quiera conservar algo, lo perderé. Por fortuna o desgracia nada tengo (ni siquiera el lugar donde vivo, el cual he de abandonar en un mes para irme a la callecita que tanto idealizo). En eso Jesús, a través de sus evangelistas, tuvo razón: El que quiera conservar su vida, la perderá; el que la pierda en mi nombre, la ganará. Y también dijo que no teníamos por qué preocuparnos acerca de qué comeremos, beberemos, vestiremos. ¿Se preocupan acaso los pájaros y los lirios del campo? No. Pero cada vez más a menudo veo pájaros aplastados en el asfalto (¿el calor? ¿el adormecimiento? ¿la falta de prevención? ¿la velocidad de los conductores?); y las hierbas que veo están resecas, podridas, lacias, fulminadas por el paso del hombre. Pero sigo confiando en la divina providencia; y sigo creyendo con una certeza matemática que fuimos expulsados hace mucho del Paraíso y que hemos de pagar nosotros y las generaciones venideras por un pecado que no hemos cometido. Y creo también en aquellas palabras de Jesús: "Aquél que me siga deberá dejar padres, hijos, familiares y amigos y tomar su cruz; pues no se puede servir a dos señores". Pues, querido Jesús, te aseguro que estoy más solo que la una, soy toda una víctima, un despojo; una genuina mierda. Por lo tanto, espero ser el último de la fila y ser el primero en ese Reino de ahí arriba, tan cuco y pulido.
P.D.: Solicito alojamiento en lugares de misericordia y bonhomía. Tengo capacidad de trabajo, soy educado, servil y miserable hasta el punto de dejarme humillar y dar y obtener placer por ello. Difundir por todo el espacio. (Felpudo)

2 comentarios:
...Había una vez una casita de doce metros cuadrados...
... Ese comentario tiene un nombre: "esperanza".
... Había una vez un solitario, al que le visitó un ángel de la guarda rubio y vestido de pantera rosa. Era eso: un ángel.
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio