Bios
Esta tarde lo he hecho. He entrado en la Bios de mi ordenador. Momentos antes me despedí de amigos, familiares y enemigos (de estos últimos especialmente).
Recordé lo que me dijo el maestro Obi Wan Kenobi:
"Sólo hay un modo de demostrarse a sí mismo que se ha alcanzado el grado de jedi. Entra en la bios y manipula las configuraciones. O al menos, intenta descifrar lo que eso significa. Cuanto más arriesgues, mejor jedi serás."
Después de introducirme en la Bios he comprobado que soy un minúsculo átomo de energía en este universo sideral. De nada valen los noúmenos kantianos, las noesis transcendentales husserlianas, la ereignis del ser heideggeriana ni los juegos de lenguaje wittgensteiniano. Ni siquiera me ha servido el álgebra booleana, el teorema de Qantor ni el teorema de Gödel. Y he comprobado la cantidad de cosas que están por hacer. ¡Y yo preocupándome por una ninfa llena de esplendor y magnificencia capaz de iluminar todas las estrellas! ¿Acaso puede un hombre llegar a los pies de su amada para vestirla de besos y caricias y acabar diciendo: "Vida mía, la Bios sigue siendo un misterio para mí"? No, no es posible. Un hombre necesita saber los entresijos de una Bios para poder tener una familia y ser alguien comme il faut.
Así pues, desde este momento, cojo el bolso, me pinto los labios, me calzo el tanga de leopardo y me voy a la calle. ¡Ea!

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