Divagaciones sin retorno.
"Fumar puede matar". Esto está escrito en el paquete de Winston que tengo frente a mí. Es como un versículo de San Mateo. Sólo que San Mateo le daría otra forma seguramente. "Bienaventurados los que no fuman, porque no serán ajusticiados". Sí, fumar puede matar. No es seguro que lo haga, es solo una posibilidad. "... puede matar". Es decir, cabe la posibilidad de que no mate. Puede matar o no matar. Pero, el verbo "matar" tiene connotaciones. Implica que la vida se pierde de un modo antinatural, forzado. Y me mata "el fumar". No yo, no las autoridades sanitarias, ni siquiera el tabaco: "el fumar". Me puede matar "el fumar". Lo que mata es el verbo y la acción que expresa, no el sujeto del verbo. Matan los verbos, no quienes los actúan. Exención absoluta de responsabilidades, el eufemismo por delante, que nadie se sienta responsable. Puede matar "fumar"; no el tabaco, no quien lo vende, no lo que impulsa a fumar. Si no fumas, no te mata el fumar. Si no engordas, no te mata el engordar. Si no bebes, no te mata el beber. Si no escribes, ni hablas, ni lees, ni amas; entonces no te puede matar el escribir, el hablar, el leer ni el amar. Y la gran conclusión: si no actúas, nada te puede matar. Solo mueres, que es muy distinto.

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