Ebrisión
Como procurando llevarme un buen recuerdo de todo lo (in)vivido, vuelvo a poner esa cinta de vídeo de Led Zeppelin en el Madison Square Garden. La última vez la vi acompañado... Ahora no. Pero la admiración y el asombro son los mismos. Stairway to heaven y Dazed And Confused no son de este mundo. Y no es tal vez una hipérbole. Ambas canciones fueron consagradas al diablo por un experto en satanismo como pocos habrá en el mundo. Si esto es cierto, los himnos más bellos se los está llevando el de abajo. ¿Por qué la oscuridad siempre resplandece más que la luz?... Veo esa incursión de Jimmy Page por el bosque, ascendiendo por el monte hasta dar con el viejo de la montaña y ver su pasado, su presente y su futuro. ¡Siniestro y adorable! ¡Bello! Y sobrecogedor... Porque es posible que el fin no sea el fin... Y esto, pues, como que acojona. Y es para creer si tenemos en cuenta las masacres que han tenido lugar por lo transcendente. Ha sido lo transcendente lo que ha acaparado la sangre del mundo. (Mientras, el viejo ilumina a Page mientras Plant gime como mil niños que han sido torturados y depositados a los pies del Maestro de la Negación hechos trizas)... Y la guitarra también masacrada, con las cuerdas colgando como venas cercenadas por los certeros hachazos de Page... Todo oculto, todo oscuro; con la belleza de lo macabro que se apodera de ti y te lleva a pactar con el reino de las sombras. Y a continuación el no va más: la velocidad de la luz sobre el mástil de la guitarra. No hace frío ni calor en ese escenario: las almas no sienten cosas tan banales.... Y así transcurre la actuación hasta que un mástil fabricado con las lágrimas de Eros entona el Whole Lotta Love con el hambre de mil piratas ebrios de mujeres y ron. Es un mástil que necesita vagar por Malasaña clavado en el alma.

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