Otro paso en el vacío. Todos los pasos son en el vacío.
Y esa Casablanca de nuestros padres es el Closer de nuestros hijos. En medio, La sirena del Mississippi se va apagando. Siempre es lo mismo, pero hay que vivirlo y repetirlo y sufrirlo y dejar de sufrirlo.
Hay que llevar esa pila en el corazón y en el cerebro para estar vivo y saber que estarás muerto y que nada habrá servido para nada. Una pila que se recarga cada vez peor y que no puedes cambiar por otra batería, aunque seamos móviles.
Miras alrededor y cualquier canción podría ser la última; pero cuando las escuchamos en su momento hubiésemos deseado que fuesen la última. Hoy sin embargo nos da miedo todo lo que pueda ser último... y todo puede serlo... y todo nos da miedo.
Noche tras noche, día tras día, tarde tras tarde dejo mi cabeza sobre la silla y la aplasto al sentarme. Entro en mí, me devoro desde el recto hasta el cuello; y vuelvo a salir con la testa embadurnada de vísceras tan pútridas como sus ideas. Quiero dormir, pero al dormir me llevo todo conmigo como si durante el sueño pudiese contemplarlo a distancia; y entonces los esqueletos de cada pensamiento montan un campamento macabro para cenar en mi azotea. Una ráfaga de viento derriba las cortinas, me devora y mientras lo hace me dice: "ahora sí, ahora sí que estás definitivamente muerto".

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