4.9.05

Reconocimiento

Hay gente extraña por el mundo. Gente que odia la burocracia, la prepotencia; el predominio del dinero sobre los afectos. Gente que obra en consonancia con esas convicciones. Mientras viví tuve la dicha y la fortuna de conocer gente así. Llevo a esas personas en mi corazón y en la memoria. Y cuando me levanto pienso en esas personas y en lo que les diría. Son como diamantes que sufren y padecen con el sufrir de los otros. Su padecer no es una pose ni una frase hecha, sino genuino dolor. Y cuando brillan con la alegría de los otros, su alegría también es genuina. Y algo increíble: no adolecen de envidia si esa alegría no repercute en ellos ni les renta beneficio alguno. El único beneficio es ser felices con la felicidad, la disfrute quien la disfrute. Es gente que intuitivamente sabe distinguir el confort de la felicidad. Es gente alegre y vital, aunque a veces sucumba a los infiernos del hastío y de la impotencia. Y si les dicen que mañana se va a acabar el mundo, sonríen; y en su sonrisa no hay amargura, ni sarcasmo, ni resentimiento. Amo a esas personas. Son jóvenes de edad, pero eternas de mente. Son tesoros y diamantes con los que las fuerzas que rigen el mundo comercian o intentan comerciar. Sin estas personas hubiese desaparecido la sal de la tierra. ¡Cuánto amor por esa gente extraña! Y confieso que mientras viví tuve la dicha y la fortuna de conocer gente así.

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