17.9.05

Saturnal

Hay gente que nos quiere. Y hay quienes no se dejan querer por quienes les quieren.
Esas dos frases bastarían para escribir una enciclopedia, mil diarios... Bastarían para hallar el tan traído y llevado "sentido de la vida".
Me encuentro lo suficientemente cuerdo o lo moderadamente loco como para querer a quienes me quieren. Y necesito agradecer y me gustaría dar algo de mí. Pero las luces llevan apagadas mucho tiempo y no he aprendido a bailar en la oscuridad.
Se anticipan catástrofes y miserias; se anticipan de tal modo que las vivimos sin que hayan tenido lugar muchas veces... Incluso parece que las deseemos para sentirnos vacunados del sufrimiento. Hasta ese punto nos puede la impotencia a algunos. Y mientras has ido dejando la vida. Sólo queda esta tarde de sábado en la que la necesidad de agradecer, o de pedir perdón, o de dar lo que no sabes que puedes dar te vuelve impasible.
Y te tumbas en la cama, boca arriba, olvidando la pila de quehaceres pendientes. Y te dejas... te dejas; porque sencillamente ya nada está en tu mano. Y en un instante de falso orgullo o de arrebato de dignidad te avergüenzas de que todo se pueda solventar con una de esas frases hechas que pretenden animar.
Cuando te sientes pleno, buscas soledad; cuando desciendes de una cima de ficción has sembrado tantas tempestades con tus desprecios, que la soledad coge el tenedor y el cuchillo, se pone la servilleta, sonríe y antes de comerte hace un breve comentario: "Estás más gordo, pero tierno. Y yo estoy hambrienta."

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio

Free counter and web stats