14.9.05

Sin desperdicio

Ana Obregón, Isabel Preysler, Carmen Martínez Bordiú; la baronesa Thyssen y otras personas tienen en sus labios piel de presos chinos ejecutados. La noticia se ha confirmado hoy en Inglaterra. China ha respondido que la exportación de colágeno fabricado con esa piel es una práctica totalmente legal y que, en breve, exportarán rellenos fabricados con fetos: no es algo que atente contra su moral ni que les escandalice. No entienden el revuelo hipócrita que se ha montado en occidente. De hecho, los 3300 chinos que fueron ejecutados el año pasado y los 6400 que serán ejecutados en el 2005 son una importante fuente de ingresos gracias a esto. Los burgueses de occidente tienen derecho a mantenerse bellos mientras paguen.
Mientras, la competencia ha dicho que el colágeno así fabricado puede tener consecuencias nefastas para el organismo; pero según aseguran es un bulo para que sus productos tengan más salida que los de China.
De todos los libros, muchos o pocos, que pueda haber leído en mi vida, uno de los que más impacto me causó fue Rigodón. Muchas veces se me habrá visto citarlo. Me gusta Céline, pero Rigodón es esa obra de alguien al que ya solo le quedan unos pocos meses de vida y su lucidez es como la de Don Quijote en el lecho de muerte. En las primeras páginas de esa obra se habla de la amenaza china. Destouches afirmaba que así que pasase un siglo (Céline murió en 1961), China demostraría que Hitler sólo jugó un poquito con los falsos sentimientos de Europa y del mundo. Cuando China mostrase de lo que era capaz, Hitler sería elevado a los altares, porque el verdadero monstruo mostraría sus colmillos. China, aseguraba Destouches, está protegida por algo muy importante: su moral, totalmente respetable, no admite los escrúpulos de occidente y su religión considera natural lo que para nosotros es una torpe herencia de un mundo cohibido y reprimido.
Nadie se atreverá a plantar cara a China por lo del colágeno, ni por sus masivas ejecuciones, ni por sus decisiones. Y, curiosamente, en China se encuentra la mayor longevidad del planeta; y la gente no padece la asquerosa miseria del resto de los países. (Sin duda, padecen una gran miseria; pero no la elevan como estandarte para darse golpes de pecho compungidamente como cualquier reptil occidental). El pueblo acepta que cada pareja sólo puede tener un hijo y punto. No hay discusión que valga. Todo desacato a esa norma se paga con la conversión en colágeno o en relleno de mamas.
Por otro lado, de mi reciente lectura de El libro negro de Giovanni Papini, recojo aquí la conversación 16. El que tenga oídos, que oiga; el que tenga ojos, que lea.
Muy buenas tardes.

Giovanni Papini El Libro Negro

Conversación 16
UNA VISITA A LIN-YUTANG
(O DEL PELIGRO AMARILLO)
Cambridge (Mass.), 29 de octubre.

Finalmente he logrado conocer personalmente a Lin-Yutang, el chino más inteligente entre todos los conocidos por mí. Había leído con grandísimo gusto algunos de sus libros, y me urgía saber cuáles eran sus últimas opiniones acerca de su patria. Lin-Yutang es un hombre franco y cordial, no tiene nada de profesoral, pedantesco ni diplomático; sonríe frecuentemente, incluso cuando habla de cosas serias. Hasta respondió a mi pregunta sin anticipar los habituales preámbulos de precaución. Me dijo así:
- El pueblo chino es el pueblo más peligroso que hay en el mundo, y por eso está destinado a dominar la tierra. Por espacio de siglos permaneció encerrado en los confines del inmenso imperio porque creía que el resto del planeta carecía de toda importancia. Pero los europeos, y después los japoneses, le han abierto los ojos, los oídos y la mente. Han querido desanidarnos a la fuerza, y ahora han de pagar caro su ambición y su curiosidad. Desde hace un siglo los chinos aguardan la hora de vengarse, y se vengarán.
»La sublevación de los Boxers, del año 1900, no fue más que la primera tentativa, mal conducida y mal lograda. Pero el pueblo chino, que es astuto y paciente, ha elegido otros caminos. En el año 1910 se convirtió a la democracia republicana, en 1948 al comunismo. En realidad, de verdad, los chinos no son ni conservadores, ni democráticos ni comunistas. Son simplemente chinos, o sea: una especie humana aparte, que quiere vivir y sobrevivir, que se multiplica y debe expandirse por necesidad biológica más que por ideologías políticas.
»El pueblo chino es inmortal, siempre igual a sí mismo bajo todas las dominaciones. Ni los tártaros, ni los japoneses, ni los norteamericanos, ni los rusos han logrado o lograrán transformarlo. Pulula y se expande como un gigantesco pólipo tenaz y compacto, que ningún extranjero logrará desarraigar.
»Las invasiones no lo han domeñado; las guerras perdidas no lo han vencido; las carestías no lo han diezmado; el opio no lo ha embrutecido, las revoluciones no lo han sacudido. Ningún otro pueblo puede tener esperanzas de superarlo y rechazarlo. Es un pueblo astuto y cruel, un pueblo de gente mercante y embrollona, de bandoleros y verdugos, que sabe utilizar para sus fines ya el engaño, ya la ferocidad. Por esto está destinado a convertirse en amo del mundo, porque los demás pueblos son más ingenuos y más buenos que él. Transcurrirá el tiempo que sea necesario, pero el futuro le pertenece.
»Cuando el emperador Guillermo II denunció hace ya cincuenta años el «peligro amarillo», demostró el mayor rasgo de genio de toda su vida. Se burlaron entonces de la imperial ave de mal agüero, pero la Historia se prepara a darle la razón.
»Los chinos han comenzado por enviar vanguardias a todos los países del mundo: a la Malasia, a la Indonesia, a casi todas las tierras del Asia; hay barrios chinos en San Francisco y en Nueva York, en Londres y en París. En el primer período postbélico aparecieron vagos chinos por las calles de Berlín, de Roma, de Madrid y de El Cairo; iban con la excusa de vender perlas falsas, pero en realidad eran los primeros mensajeros del gran desborde.
»Los chinos se han servido de la república de Sun-Yat-Sen para librarse de los parásitos del antiguo imperio manchó; utilizaron al bolcheviquismo para liberarse de los parásitos de la república burguesa; un día u otro, bajo una bandera de conveniencia, se liberarán de los parásitos del comunismo. Son un pueblo sin escrúpulos, que se sirve de las ideas pero se niega a ser esclavo de las mismas; con el tiempo les pertenecerá la tierra.
»Para la interminable masa de chinos, lo esencial es engendrar hijos y tener arroz suficiente para mantenerlos; el resto es ficción, máscara, pretexto. Su país es grande pero pobre, por lo cual y poco a poco serán impulsados a ocupar otros países: el Tíbet, Corea, la Indochina, la península de Malaca, tales serían los primeros bocados. Pero el apetito viene a medida que se come. Cuando tengan cantidad suficiente de las armas más modernas, nadie será capaz de atajar a esos quinientos millones de ladrones hambrientos y crueles, ni siquiera los doscientos millones de eslavos. Ya en la Edad Media los mongoles invadieron a Rusia y llegaron hasta los confines de Italia; en la nueva Edad Media que se prepara se difundirán como un diluvio por toda la Europa; América logrará salvarse, pero no para siempre. Después de algunas generaciones, el «peligro amarillo» se convertirá en el «dominio amarillo». El color amarillo, según vosotros, los occidentales, es el color de la envidia y del odio; los amarillos no pueden tolerar la idea de que haya razas superiores a la propia y las someterán. Su dominio no será dulce ni fácil, pero a pesar de todo, el Imperio del Sol Naciente llegará a ser un día, aunque lejano, el Imperio donde el Sol no se levantará ni se pondrá jamás».
-¿Habla seriamente? - pregunté a Lin-Yutang.
- Nada hay más serio, míster Gog - me contestó el genial chino, y estalló en una sonora carcajada, tan alegre y prolongada que me espantó. Yo no lograba decir una palabra más, y cuando lo dejé aun estaba riendo.

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