Un rebuzno, con toda la falta de respeto.
Recomiendo la lectura de El libro negro de Giovanni Papini. [Es decir, lanzo una recomendación que no será atendida, pero que me otorga créditos intelectuales ante los demás de modo que me tachen de pedante, antisocial, solitario; inadaptado, pobre paria y otras cosas que el cansancio me hace omitir].
De lo que he leído hay un texto que me llama la atención. [Por cierto, soy persona un tanto alérgica a esas declaraciones profundas y versadas ante la lectura de un libro como: "me encantó", "muy bonito", "arrollador"; "flojito", "no es lo mejor que ha escrito", "insuperable"; "genial", "me gustó", "para pasar el rato". Prefiero un alarde de cinismo y que se diga en esos casos: "¡mu potito!" Al menos es una expresión más honesta que manifiesta la superficial profundidad de quien la profiere.]
Éste es el texto extraído de la conversación número 11: El enemigo de la naturaleza.
"-Puesto que me escuchan, quiero decirles que odio con especial intensidad a las flores, desde que he sabido que son desvergonzadas exhibiciones sexuales hechas por las plantas para inducir a los insectos a que actúen como intermediarios en la diseminación del polen. Esas poéticas flores que vosotros, personas sabias y virtuosas, oléis con tanta dedicación y ofrecéis galantemente a las castas doncellas, no son más que obscenos órganos genitales carnosos y viscosos.".
Pienso al leer esto en la enorme caterva de ilustres que han utilizado la metáfora mujer/flor. Y he de reconocer que más que una metáfora, me parece toda una descripción científica. Schopenhauer no desmentiría esto. Pero, claro, ¿qué autoridad tiene un Schopenhauer aquí y ahora? Corro además el riesgo de que me pregunten en qué cadena sale Schopenhauer o cuál es la dirección de su blog. O peor aún: algún joven esclarecido y estudiante de informática podría decirme que a qué tanto cacarear si no tengo ni puta idea de lo que es un protocolo de transferencia de hipertexto.
Conclusión: les recomiendo que se diviertan, que paseen y que hagan lo que quieran. Olviden mis rebuznos.

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