Guerra de palabras

Y aquí estoy... todos duermen menos yo... todo está en calma...
Y digo: "aún queda el silencio, queda el recuerdo; aún queda el recuerdo, partido por el viento: queda el silencio."
Sapere aude!


Y un solo dios verdadero:

On the floor
P.D. : Marsoqui fue el apelativo cariñoso de Estiges... Una foto en blanco y negro que se disolvió en un irrecuperable disco duro.

On a long road, miles to goComo es posible que pase un tiempo hasta la vuelta; no hay mejor "despedida" que ésta. ¡Salud!
No quiero engañarme. Dejemos estar y seamos. Escribo para mí mismo, sólo para mí. Ahora sólo para mí. Como un extraño, ajeno, frente a la pantalla... para intentar comprender. Y compruebo que no hago más que repetir. Recuerdo ese final de El Profesional, con Jean Paul Belmondo. Siempre tiramos de máscaras y pieles ajenas para explicarnos la confusión. Recuerdo a Josselin Beaumont en la explanada de un castillo francés, rodeado de policías que le apuntan... y esa prostituta de lujo que baja del helicóptero, se llega a él y le dice: "¿Qué sucede?" Y esa respuesta de Josselin: "N'Hala está muerto... Rossin está muerto... Y en cuanto a mí, en estos precisos momentos lo están decidiendo". (Después de esas palabras surge Chi mai de fondo... la mejor melodía para mí de Ennio Morricone)... La prostituta le dice "¡Vámonos en el helicóptero!" Y Beaumont da un último consejo: "Yo que tú, me apartaría de la línea de tiro".
No puedo escuchar Chi mai sin ver esa escena... Incluso cuando Dulce Pontes reinterpretó esa melodía, he de poner el vídeo para sumergirme en la tremenda decepción de ser héroe de cartón piedra. Dada mi imbecilidad y mi falta de gusto, y por mor de ambas, he de preferir este final al de Casablanca. ¡Si no, no sería un imbécil!
Otro apunte: En la nada cotidiana de la vida, ¿quién no es una especie de Zelig? Si fuese profesor de filosofía pondría esa pregunta de examen después de proyectar el film de Woody Allen. Sin embargo, al ser albañil he de conformarme con poner el dvd de En Construcción. Quien haya visto la película sabrá lo que quiero decir. Así que, como la cosa va de albañiles, me quedo con ese albañil inmigrante de la película de José Luis Guerin y viajaré hasta la almohada intentando descubrir la lentitud.



CarA