Breve reflexión
Cuando compruebo la cantidad de versiones de programas de software o de versiones de hardware, me pregunto si los instrumentos se han hecho para el hombre o si es el hombre el que ha de vivir para los instrumentos.
Nuevas versiones añaden novedades que aportan poco a la funcionalidad del programa en sí; en ocasiones incluso lo hacen más complejo y, por tanto, menos útil. Se argumenta que es una conditio sine qua non para que se mantenga la competitividad del mercado y el comercio.
En estos tiempos pululan miles de instrucciones, como si uno hubiera de ser el receptor de instrucciones y de millares de "interfaces fáciles de comprender", para no llegar a ninguna parte. Hay personas que, como si de productos de marca se tratasen, alcanzan el orgasmo con la última versión de Nero, ACDSee, Photoshop... etc. No se preguntan el fin (algo en lo que hacen hincapié los buenos comerciantes). Es como perderse entre los cientos de reproductores y conversores de mp3, wav, mpeg... Sin tener la idea clara de qué se quiere. ¿Se pretende escuchar una melodía o analizar los modos de descuartizarla? ¿Se pretende ver una secuencia o diseccionarla con afán de forense morboso? ¿Amor al programa o amor al objeto del programa?
Es solo el preámbulo de una reflexión que debería aplicarse a las personas.

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