16.10.05

La cama

Entonces abrió la puerta y le tiró los nombres al suelo.
"Ahí los tienes. Ninguno supo jugar."
Sabía que todo acabaría así.
"Ninguno de esos nombres era capaz de tener una vida propia. Dependían de lo que los demás les ofreciesen. A lo sumo podían llegar a amantes, pero nunca podrían llegar a ser amados por sí mismos... Y luego está la presunción... De todos modos he rescatado un nombre que introduje en un sobre. Te lo envié por correo. Ya te llegará. Esa persona es la única que ha vivido y vive."
Se dirigió a él y le besó en la frente.
"Imagino que ya ni siquiera estás quemado... Sólo pasas... Eso está bien. Así debía ser."
Él no dijo nada.

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