26.11.05

Adiós, modernidad

He rescatado un viejo libro y de ese libro un artículo que le da título. Veo que los subrayados de antaño no tienen por qué ser borrados. En efecto:
Ante el nihilismo y lo revolucionario Occidente ha respondido con el hedonismo consumista y con las fórmulas hueras de los sistemas demoliberales. Al subconsciente afán de heroísmo de la juventud, los adultos han contestado con tácticas mercantiles; a la confusión de mística y toxicomanía se ha adoptado una mezcla de tolerancia represiva (Marcuse) y moral de mostrador (Baudelaire). El nihilismo de la juventud respondona se ha disuelto en el hedonismo de la burguesía permisiva. Se dice que en 1968, en la polémica que sostuvo con Edgar Faure, Sartre decía preferir el fascismo al capitalismo reformista, porque el fascismo provocaría la revolución socialista ante la que el fascismo, ineluctablemente, habría de sucumbir. Hoy ni los partidos revolucionarios hablan de revolución por temor a provocar al fascismo -ese fantasma que recorre Europa-. Pero mientras, esa realidad tan concreta que domina el mundo, el capitalismo, es el recinto amurallado tras el que se parapeta la revolución aburguesada.
En palabras del autor:
"En estas condiciones estaba la modernidad en Europa cuando España tuvo por fin acceso a ella, y por eso no pude compartir el entusiasmo de mis compatriotas ante una modernidad en la que Italia y Europa me habían hecho perder la fe. Yo, que siempre había creído en la libertad, la veía ahora, como también ha dicho Octavio Paz, convertida en "alcahueta de los medios de comunicación". La contracultura, asimilada por la burguesía permisiva, imponía un nuevo conformismo en virtud del cual, dentro de la mejor tradición totalitaria, todo estaba y está permitido en tanto en cuanto no atente a los principios fundamentales de la izquierda. Si me he venido rebelando y reaccionando contra todo eso no es porque tenga madera de héroe, sino porque no tengo estofa de mercader.
Decía Nietzsche que escribir era para él una necesidad de la que le repugnaba hablar. Yo quisiera hacer mías sus palabras. Sólo quiero salir al paso de los que me dicen que escribo bien pero que pienso mal. Cuando se escribe bien es que se piensa bien; cuando se piensa con claridad se escribe con claridad... La razón no es de derechas ni de izquierdas, sino que es la historia la que unas veces se la da a las izquierdas y otras a las derechas. No hay que confundir la verdad, que es permanente, con la realidad, que es transitoria. Cuando Gramsci dijo que él no tenía la culpa de que la realidad de su tiempo fuera revolucionaria, dijo una gran verdad. La culpa en efecto no la tenía él. La tenía Mussolini."
Creo que el espíritu revolucionario es eso, un espíritu -como el de la Vanidad-. Y en un mundo de microscopios y cifras computerizadas los espíritus no asustan, salvo que denominen "spirit" a algún virus de alta peligrosidad o a algún huracán devastador. ¿Contra qué rebelarse? Hoy un emperador como Cómodo sería aplaudido. De hecho lo es. Nadie plantaría cara a Bush. Sólo le plantan palabras. Algo muy burgués.

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