21.11.05

Carta a Sigma

Estimada Sigma:

Le deseo todo aquello que necesita: la autosatisfacción de la mediocridad, implicarse en la corrida y jugar el partido. Cásese con sus padres o con quien estos decidan. Sea dependiente a su modo. Créase libre y acabará tomando los engaños como un evangelio (o como una película de amor sin sexo, ya que es usted atea). Oiga música; y no se preocupe por escucharla. Para usted la música es como lluvia en Londres. De vez en cuando una serie lacrimógena no le vendría mal, ayuda a adelgazar y deja el saco conjuntivo como la patena. Haga uso de la condición de mujer. Si reniega de ella, está perdida. La mujer suple con su condición lo que en otros requiere virtud y esfuerzo. Muéstrese difícil; a las calientapollas se las descubre enseguida y usted no es de esas: usted puta o virgen, ¡radical y sin tapujos!
No lea demasiado, vea mucha televisión; atóntese con vino de mesa o con porritos de té y peladuras de plátano. Siéntase como Rimbaud y Baudelaire pero con grietas. Y no se preocupe de manejar el lenguaje; limítese a manipularlo con algunos lloriqueos y jadeos. Las interjecciones son un buen sucedáneo si enseña un escote que llegue a la entrepierna.
Y no se preocupe por más. Igual que detrás de todo gran hombre hay una excepcional mujer; detrás de toda mujer está el dólar de quien sea: persona, animal o cosa. No malgaste la instrucción que reciba. El high standing, si hinca bien los codos, es una salida para su vida. Un high standing de callejón sin salida, es cierto, pero high standing al fin y al cabo.
Estoy a su disposición para aquello que pueda surgirle.
Con todo mi afecto,

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