Cartas a las amigas de Destouches II (Extractos)
A Karen Marie Jensen (bailarina danesa, ante la que Céline "flaqueó" llegando a mostrar una vulnerabilidad real y expresando sus sentimientos y sus emociones de manera extremadamente directa. Destouches resume el estado de su espíritu con esta frase: "Amo a las bailarinas. Es lo único que amo. Todo lo demás es horrible." (carta XV))
No debe preocuparse más sobre este punto. Yo la quiero mucho y la querré siempre. Sólo que, a su llegada a Nueva York, se volvió usted loca como le sucede de vez en cuando. Su hermosa naturaleza femenina y, sobre todo, artística, se hace malvada ante los viejos afectuosos de mi tipo y, entonces, me produce mucha tristeza. Naturalmente, me vengo como puedo -no le gusta a uno verse alejado de su afecto porque un pequeño Romeo, más bello, más rico, más joven, llegue todo pimpante de California, de Canadá o de la Argentina. Sé que todo esto es muy americano, país que no solamente es el de los perfectos entusiastas sino también de cretinos y borrachos al cien por cien. Dice usted que hay que tomarse las cosas con humor, pero no conozco nada más desgarrador y siniestro que América, un país completamente desprovisto de profundidad (lo que se comprende), en cuanto uno deja de estar deslumbrado y empieza a reflexionar- de aquí viene la inconsistencia absoluta de todo ese grotesco "Art circle"-, gentes que ni siquiera pueden concebir el punto sensible y orgánico del nacimiento de las cosas. Son de una inaudita impotencia espiritual. Un lirismo de Galerías Lafayette -entusiasmos de ascensor. Para ellos, el alma es un trombón de varas bien reluciente. Aman que los focos les apunten y es entonces cuando están más contentos. (Practican) una total inversión, perversión y depravación de todas las místicas. Son una nación de garagistas borrachos y de alborotadores que, muy pronto, será completamente judía. La Naturaleza, que sin duda quiere que existan divinas compensaciones, ha producido en ellos esos cuerpos admirables, esos milagros de gracia y de forma, así como cierta exaltación musical, una poesía que, engañosamente, se desliza como el agua, ágil, infinitamente ágil, que a la vez es asfixiante y que asesina en muy poco tiempo.
Todo esto, Karen, lo sabe usted muy bien, sin duda mejor que yo. Estaré muy contento cuando se haya centrado. No pretendo quitarle su libertad pero sí ganar su afecto y, espero (ya va siendo hora), lograrlo de una vez para siempre. Sin embargo, quiero que quede bien claro que es usted completamente libre para casarse, aunque en tal caso me causará mucha pena; eso es todo. Sabe que no soy nada celoso integralmente, pero, al fin y al cabo, no soy más que un hombre y de los que se entregan, quizás, un poco más que los otros. Estoy convencido de que es muy agradable ir cambiando sexualmente -encontrar otras personas más jóvenes que despierten un nuevo entusiasmo-, que es atroz tener que renunciar siempre a una cosa y otra. Créame, pues, si le digo que estas cosas no me suelen ocurrir. Me las arreglo, Karen. Hago algunas trampas, pero cuando siento el verdadero peligro rompo, limpia, dura y brutalmente. Poesía, Karen, poesía que no es más que la continuidad de una historia, que si es posible va desde la niñez a la muerte. Por mi parte, nunca he cortado el hilo, jamás. No soy moderno, no soy fracasado, he guardado, gracias a dios (sic) el sentido de los valores profundos. No hablo nunca de ello, Karen. Ya lo sabe. Siempre es desagradable hablar. Es usted quien me fuerza a ello, pues, en otras situaciones, aún actualmente, me reprocho haber sido demasiado discreto a este respecto. Se diría que a las mujeres debe decírseles absolutamente todo -que ellas sólo quieren saber las palabras. Es América y el cine lo que nos causa esta suprema vergüenza: contarlo todo, enseñarlo todo. Cuando usted vuelva en sí, ¡si vuelve!, se organizará mejor con respecto a su vida práctica. Me refiero a su baile, ya que en esto es siempre tan activa. Supongo que le será fácil -si es que aún quiere bailar en Europa -esto no es nada- todo está tan cerca- y sobre todo en París. Yo la tendré en casa, la alimentaré y la vestiré, si quiere, pues actualmente puedo hacerlo. Siempre ganará algún pequeño sueldo para sus gastos -yo mismo seré muy feliz de dárselo (¡si me lo permite!).
El Voyage se sigue vendiendo. El otro libro me causa bastante preocupación. Quisiera que fuese más concreto, menos declamatorio, más musical. De momento lo intento. Pienso que lo he empezado bien, pero tengo que trabajar en todos los sentidos. Me estoy haciendo viejo a causa de tanto trabajo. Cuando me haya muerto, habrá en dinero una buena renta para usted y mi hija, solamente con que viva un poco más y pueda trabajar diez años aún. Después, todo habrá terminado y estaré contento, muy contento de morir, Karen, se lo aseguro, pero no quisiera morir en soledad. Espero que aquel día no estará usted en Australia o en Shangai, dispuesta a bailar la polca. A mí también me gustaría bailar la polca, Karen, no tengo nada en contra de la polca - si uno pudiera morir bailando la polca.
No sé cómo comportarme con usted... Tengo la constante impresión de que la molesto mucho con mis historias sentimentales, que quiere que la deje tranquila sobre estas cosas, que me quede en mi sitio, así como que su espíritu y sus gustos son distintos. Sabe suficientemente bien, Karen, que soy bastante discreto por naturaleza y, en cuanto a sentimental, no mucho y con poca frecuencia, y que me hace falta muy poco para volver a ser yo mismo y quedarme allí. No me impongo nunca, sino todo lo contrario. Y el tiempo pasa, Karen, sobre todo a mi edad. Debe comprender todo esto.
También sé perfectamente que usted dedica todo su tiempo y su espíritu a la danza y que, fatalmente, volverá a marcharse a América pronto y, seguramente, para siempre (o casi para siempre). ¿Qué puedo decir o hacer yo? Nada. La carrera está por encima de todo lo demás, cosa normal y natural. Usted no puede vivir de otra manera. ¡Tiene ese vicio de la misma manera que yo tengo otros muchos!, misteriosa Karen.
Tengo miedo de hacer cualquier presión sobre usted. Sé perfectamente lo molesto que soy casi siempre, pesimista y sin duda horrorizado de vivir. Uno se da poca cuenta de sus propios defectos. Pero deben ser infectos para los demás. No he pensado bastante en eso.
Yo la quiero mucho, Karen. Me gusta ser duro de vez en cuando, pues la soledad es un poco áspera. Así es, en fin. He estado en Leningrado un mes. Todo aquello es abyecto, espantoso, inconcebible, infecto. Hace falta verlo para creerlo. Un horror. Sucio, pobre, repulsivo. Una cárcel de larvas. Todo policía, un caos burocrático e infecto. Todo bluff y tiranía. Bueno, ya le contaré.
La situación aquí no es muy brillante. Sin duda va a ocurrir algo del tipo de lo de España. Como sabe, los judíos están jugando todas sus cartas y Francia es su último refugio. ¡Esto promete! Las huelgas se suceden sin cesar. Para los artistas, ¡ay!, creo que la situación es completamente imposible, a no ser que vengan contratados. Pero usted puede venir a pasar unas vacaciones conmigo. No tendrá que realizar ningún gasto. Pero se aleja siempre, Karen. Es su modo de ser.
¡Dónde estaremos dentro de unos meses! Sin duda ya no habrá otra ocasión de volver a U.S.A., o estaré ya tan viejo que todo será horroroso. ¡No conozco a nadie allí, salvo a los periodistas, pobre de mí! ¡De qué manera todo el contenido de una vida se hace seco y formulario cuando uno se va haciendo viejo! El jugo se va escapando y sólo quedan las arrugas.
Ya sabe que Clichy es comunista. Seguro que no seré el último que caiga. ¿Pero a dónde ir? ¿Por qué huir? ¿Volver a empezar? ¿Por qué? ¡Dios mío, realmente no me molestaría que me matasen! Ya me da igual. Ya lo he visto todo. No tengo nada que perder. Si vivir es ver, ¡veremos mucho!
Sí, en efecto, los años pasan. Para usted, que aún es joven, esto no tiene ninguna importancia pero, para un servidor, los días están contados... Realmente el porvenir está muy cargado. ¡Qué mundo! ¡Creo que los pobres escandinavos tampoco quedarán exceptuados! ¡Será una catástrofe general! ¡Tal vez incluso más para ellos que para los demás! ¡Lo de Rusia es algo horrible! ¡Qué escoria piojosa! ¡Cien veces aún peor que los polacos! Los que quedarán definitivamente vencedores de todo, serán los judíos. ¡Vanguardia de los asiáticos, su victoria será breve! ¡Los blancos desaparecerán vencidos por la avaricia, el egoísmo y el alcohol! ¡Les estará bien empleado! ¡Qué mezcolanza! No hablo de los USA -allí todo está ya en perfecta descomposición- ¡y de qué manera! ¡Prodigioso!
Como puede imaginarse, aquí en Clichy navego entre asesinos. No salgo de noche. Pero los judíos y los comunistas se hacen cada vez más insolentes. Seguramente no está tan lejano el momento en que tendremos que huir o reventar.
¡Brava y loca Florencia! ¡Bien por mis amigos! Cualquier cosa vale más que un negro. Apasionada Florencia. Todas las mujers se pirran por los negros.
¡Así pues, ha salido de nuevo de Dinamarca! No le he mandado mi libro, pues le esperaba de un día a otro... Decididamente su padre es imposible, aunque, ¡ay!, tampoco los demás somos muy posibles. ¡Ni los unos ni los otros! "Bagatelles" tiene un gran éxito, pero como el franco va a llegar a cero, materialmente no cobraré casi nada. Nunca he tenido demasiada suerte con el dinero. Y, sin embargo, lo necesito para defenderme. He sido despedido de todos mis empleos. Mi vida se va haciendo muy deportiva. Consiste en elegir el momento oportuno para escaparme al extranjero. Las cosas están aquí casi en el mismo estado en que estaban en España antes de empezar la revolución -peor aún, quizás-... No puedo tener enemigos más numerosos, más formidables, ni más vengativos. En fin, no lloro más. Mi vida no importa mucho, pero tengo horror a la cárcel y, además, no quisiera ser vencido. Siempre es bochornoso perder.
En cuanto a Dinamarca, lo mejor que puede ocurrirle es convertirse en alemana. Si no llega a serlo, terminará por ser judía y comunista. No hay otra alternativa en el mundo de hoy.
Lucette aún está aquí, pero son los últimos días. La pobre chica es tan poco dispuesta que es incapaz de hacerse una fotografía apropiada. Es desafortunadísima en todo lo que hace. ¡Pobre de mí, no puedo hacer nada por ella! Esto es un "¡sálvese quien pueda!" general. La piel se me funde en los dedos, de tal manera que soy piel y huesos. Aprovéchese de estos bellos días...
[A partir de este momento Céline se volverá más inquieto, tanto por la situación mundial, como por su propia seguridad, llevando una vida cuya sola luz parecen ser las bailarinas y la danza. A partir de ahora Céline tendrá auténticos motivos para caer en el más profundo nihilismo y para ser objeto de una implacable persecución que le amargará la existencia hasta el final de sus días]
Continuará
Nota: Por eso del copyright... Estos textos han sido extraídos del siguiente libro:
Cartas a las amigas, Louis F. Céline
Colección El Laberinto
Ediciones de Nuevo Arte Thor
Título original: "Lettres à les amies"
Editions Gallimard, París

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio