27.11.05

He desayunado en un mesón taurino. ¡Cuántas divagaciones durante el desayuno!
Hay una cabeza de toro en la pared. ¡Qué gesto de nobleza! Uno comprende al mirar detenidamente esa efigie por qué el toro ha sido y será un animal especial y sagrado.
Nunca me ha gustado "la feria". En principio ni me iba ni me venía. Sencillamente, no me atraía. Después sentí atracción por el toro y desprecio hacia el torero; pero no entro en una polémica baldía sobre el sí o el no a la fiesta de los toros. Me quedo con esa obra del taxidermista que he contemplado en el mesón taurino. Uno llega a comprender por qué son apreciados los trofeos de caza y el orgullo de exhibirlos. Y tambien llega uno a tener la certeza de por qué nunca serían apreciados como trofeos las cabezas de seres humanos. Están exentas de cualquier nobleza. Obviamente, hay otros motivos para que no sean apreciadas las cabezas humanas como trofeos, por más que un taxidermista ejerciese su arte con la mejor de las voluntades. Hay cosas que no se pueden exhibir sin que provoquen náuseas.
Y al pensar en esto he asociado con Apocalypse Now. El coronel Kurtz o Marlon Brando (ya no llego a distinguir al actor del papel que representa en esa obra) esparce por la jungla las cabezas de quienes decapita. Carecen de valor. Son excrecencias. Algunas son colocadas sobre los estratos del enorme monumento que preside la aldea y parecen ridículas. Sólo muestran lo profano invadiendo lo sagrado. Ni siquiera representan un sacrificio. Son esperpénticas. Es curioso que en la guarida del coronel se encuentre uno de los libros más notables de toda la antropología: La Rama Dorada de James Frazer. Y es curioso que recite los versos de Elliot sobre la decadencia del hombre. O no tan curioso. Hay una extrema coherencia en los actos de ese personaje que será tildado de loco y que, sin embargo, es la pura voz de la razón en toda la obra. En esos libros se da una explicación natural y lógica a lo que uno pudiera juzgar como aberrante.
Y en el final, cuando los indígenas sacrifican a la vaca y la decapitan, uno tiembla en convulsiones cada vez que el cuchillo asesta un golpe sobre ese cuello. Hasta que cae cercenado no puedes apartar la vista ni mover un músculo. Quizás eso sea catarsis. (Por cierto, Coppola rodó un sacrificio real, lo cual hace que esa escena estremezca aún más). Y al ver el sacrificio de ese animal y su cabeza arrancada del cuerpo sientes algo que no sentías al ver las cabezas humanas. Hay un sentimiento más "humano" -en su sentido más cargado de valor y de respeto-.
También pensé en algo más mientras desayunaba. Pensé en la idea de la culpa, en esa ficción que ha corrompido al hombre y lo ha convertido en algo despreciable para sí mismo y para cualquier otra especie. No se pueden decir más cosas sobre la culpa después de que Nietzsche escribiese "La genealogía de la moral". Después de esa obra no se puede, al menos desde un punto de vista psicológico, dar pábulo a la idea de culpa; sino execrar ese engendro. No hay culpables. La culpa no existe. Todo lo demás puede ser relativo y en todo lo demás se puede correr el riesgo de generalizar. Pero hay verdades universales, pocas, pero las hay. El hombre nace, se alimenta, hace sus necesidades, duerme y no es culpable. Quizás esas sean las únicas verdades universales. He escrito "ser" culpable, otra cosa es que se sienta culpable. Pero alcanzar la madurez es comprender que no se puede ser culpable de nada. Nietzsche hablaba de "superhombre". Y es cierto. Sólo un superhombre puede afrontar esa verdad que los débiles no pueden soportar. La culpa es un instrumento de dominio. Un instrumento perverso.
En algo no se equivocó la iglesia católica. Cuando afirmaba que para que un pecado fuese mortal hacía falta pleno entendimiento, plena voluntad y materia grave estaba en lo cierto. Realmente esto lo ha heredado de la moral intelectualista socrática. Sócrates decía que nadie puede obrar mal a sabiendas. Nadie, conociendo plenamente las consecuencias de un acto antes de realizarlo, obraría mal. Así pues todo radica en la falta de entendimiento que limita al ser humano. De ahí que conocerlo todo o ignorarlo todo suponga excusarlo todo. Esto es duro y no se puede extender más que como filosofía o pseudo filosofía. Cuando alguien observa las atrocidades que se cometen, en seguida desea que "el culpable" sea ajusticiado por esa crueldad que ha llevado a cabo. No se preguntan qué hubo detrás. Atribuyen un perfecto entendimiento y una total voluntad. Como si un criminal hubiese planificado durante años su acción llevando un higiénico método de vida y a cada minuto y a cada segundo hubiese diseñado su acción como un arquitecto una torre. Pero basta un momento de sosiego para saber, aunque no sentir, que ha de ser así. Que nadie es culpable. Pero esto es una utopía. La sociabilidad exige la mutilación de unos pocos, la marginación, el ghetto consentido y legalmente refrendado. Nuestro mundo, el mejor de los posibles como decía Leibniz, tiene su papelera de reciclaje para desechos fabricados por la buena conciencia del hombre civilizado.

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