Más recuerdos
Madrugada de sábado 15 de diciembre del 2001, 00:42 horas.
Una persona se equivocó -debido a un toque de ebriedad- al enviar una respuesta por teléfono. Me envió un comentario sobre mí que iba dirigido a otra persona.
Noche del lunes 22 de abril del 2002, 23:51 horas.
Otra persona se equivocó de igual manera y en similares circunstancias.
Madrugada de viernes 1 de noviembre de 2002, 00:05 horas.
Exactamente igual.
Tres personas distintas y una sola hipocresía verdadera. ¡Qué ironía! Un "amigo" me comentó un día algo respecto a esto. Su teoría era, cuando menos, curiosa.
"A los que tienen el don de la ingenuidad y la virtud de la paciencia es como si el destino les mostrase lo que todos se esfuerzan por ocultar... Considérate afortunado por ello, siempre que sigas mi consejo para estos casos."
Yo pregunté cuál era ese consejo. La respuesta me pareció dura en su momento, ahora me parece la única alternativa para ser bueno en este mundo.
"Deja que se ahorquen con el hilo con el que pretenden ahorcar. Casi siempre son ellos los que acaban colgándose. Cuanto menos te ocupes de ellos, peor lo pasarán. El olvido hacia los otros es un don que va aparejado con la ingenuidad y la paciencia." A día de hoy, la primera persona ya no sabe quién es; la segunda deambula por centros de acogida y la tercera ha dejado de sufrir: todas ellas por absurdos del destino. Me pregunto si he de sentirme halagado o triste por este don o por estos sucesos. Sigo el consejo de mi amigo, ni lo uno ni lo otro.
Nunca me ha importado el "qué dirán". Soy lo suficientemente mierda y piltrafa como para que puedan ponerme peor de como soy. Por eso y por educación entiendo que muchos han callado los comentarios. Pero... los dioses se encuentran en el fango.

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