Revueltas
Amo Francia. Quizás en alguna vida anterior sucedió algo que me hace amarla. La libertad, la igualdad y la fraternidad nacieron donde debían nacer. No es extraño que el mismo Kant dijese que el entusiasmo tenía un fundamento en Francia, a raíz de la revolución.
Cuando los de abajo se mueven, los de arriba se caen. Eso decía Ángel Ganivet. De acuerdo. Pero no hay que olvidar también que cuando los de abajo se mueven demasiado, lo que cae es la hoja de la guillotina. Eso Francia también nos lo enseñó y nadie lo olvida.
Nosotros, los españoles, tenemos el orgullo de nuestra guerra de la Independencia. Hasta tiempos recientes el español siempre se ha enorgullecido de perder cualquier tren que le haga realmente independiente. Y dicen que estas revueltas en Francia algún día sucederían en España. Lo dudo. Lo dudo mucho. El espíritu hispano es muy sui generis. Cabe una opción: o entrega el país con buen talante al extranjero para que haga de él su casa; o fleta unos cuantos buques y alimenta a los tiburones en alta mar. La primera alternativa está por ver; la segunda ya la practicó el señor X durante su mandato limpio, transparente, incorrupto y diáfano.

1 comentarios:
Pero diga usted el nombre del señor X; no se corte: el señor Glez.
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