Hay sensaciones que no se puede más que evocar con las palabras.
La ráfaga de aire frío al abrir la ventana y asomarte... Los colores del ocaso... La carrocería predominantemente blanca de los coches aparcados (como un signo)... La chica de paso lento con el abrigo largo y negro... El hombre con una enorme bolsa de los grandes almacenes... El niño con el abriguito rojo siguiendo a su madre... El olor a frío y a aceite del puesto de churros cercano... La presencia de quienes no parecen presentes, pero que están... Los árboles inclinados, el tráfico lento... El coche con L de "lentitud" que atraviesa mi calle (o la calle de los otros, que no es mi calle)... Y todo ahí, como parte de mí, suscitando lo que quizás fue, lo que pudo ser, lo que está siendo... lo que jamás será. Sufro por amor a la vida.
La ráfaga de aire frío al abrir la ventana y asomarte... Los colores del ocaso... La carrocería predominantemente blanca de los coches aparcados (como un signo)... La chica de paso lento con el abrigo largo y negro... El hombre con una enorme bolsa de los grandes almacenes... El niño con el abriguito rojo siguiendo a su madre... El olor a frío y a aceite del puesto de churros cercano... La presencia de quienes no parecen presentes, pero que están... Los árboles inclinados, el tráfico lento... El coche con L de "lentitud" que atraviesa mi calle (o la calle de los otros, que no es mi calle)... Y todo ahí, como parte de mí, suscitando lo que quizás fue, lo que pudo ser, lo que está siendo... lo que jamás será. Sufro por amor a la vida.

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