10.12.05

Necesidad

Los que vemos desde la distancia, desde tan lejos, no podemos dejar de sentir náusea y necesidad de alejarnos de la apestosa presencia de los que viven del halago y de la mediocridad. A veces, incluso, de los que viven.
La contradicción mueve a los guiñoles que veo. Y ya no merece la pena fabricar más balas. ¡Que se pudran! Que vivan del conformismo y la autocomplacencia. Y ya basta de diplomacia. Dan asco, vergüenza ajena e infunden impotencia cuando los ves con esa fe en sí mismos... sabiendo lo que hay en ellos mismos. ¡Pero ellos siempre se reirán pensando que tú no los conoces!... Ya cansa escribir, ya cansa contemplar, ya cansa lo que ralla el guano de los plumíferos que vuelan tan bajo.
Parecen tener la palabra exacta, estar en el momento exacto, tener lo justo; apreciar el punto medio en el que creen estar. Sin duda, jamás estaré a su excelsa bajura de normalidad. Escribir cansa, hablar cansa, verlos ciega. ¡Y se sienten hundidos y extraviados! ¡Pero si su culo tiene forma de butacón y su mirada se mide en pulgadas!... Los encontrarán donde siempre, pegados como lapas a una papelina de reconocimiento.
No hay remedio. Incluso el alcohol te lleva a esas ratas de cloaca. No puedes evitarlas. Están dentro de la memoria, dentro de la esperanza, forman parte de una necesidad. Puedo detestar el mundo, pero lo necesito. Y esa contradicción me envenena los doscientos kilos de peso. La noche menos pensada me muero ahogado en mi propio vómito. ¡Puta profecía!
Una putada morir y perderse las conversaciones del patio, los "muakis muakis" de la puta madre que parió a los "inocentes" que te siegan con alabanzas de cartón piedra; pero que te sajan con muecas de mono y pompas de mierda. Cada cara que veo me recuerda los ancestros; los chimpancés me persiguen idiotizados y arrastrando los brazos. Algunos se rascan el chichi o el palitroque mientras me siguen estragadamente a través de la imaginación. Y las balas no les hacen nada. ¡Al contrario! Cada bala que lanzo es una penetración que les lleva al orgasmo. La porculización se ha convertido en la comunión de los santos de hoy día.

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