Antes y ahora
Harto, aburrido, impotente... ¡Palabras, palabras, palabras! Por sistema hacer y opinar lo contrario de lo que hagan y opinen; esa es la tarea.
Esta mañana lanzaban una pregunta en la radio: ¿En qué has cambiado de unos años a esta parte? La pregunta surgía a raíz de una noticia en la que se decía que la tesis doctoral de Zapatero trataba del peligro y la inconsecuencia de los nacionalismos. (¡Quién lo diría!)
¿En qué he cambiado yo? ¡Ja!
Antes creía que el bien, la vida y el amor estaban por encima de todas las cosas.
Ahora estoy cierto de que es lo contrario lo que ha de ser promovido hasta verter el último aliento.
Antes veía las buenas intenciones en los otros.
Ahora todos los demás son una mala intención que no pilla de improviso a nadie.
Antes la felicidad de los demás suponía la felicidad de mí mismo.
Ahora la inexistencia de los demás es la felicidad.
Antes todo eran posibilidades, puertas abiertas, perspectivas; proyectos, esperanzas, cosas a realizar.
Ahora todo es un continuo "lo mismo" verdadero, pétreo y real.
Antes había cosas intocables y derechos universales.
Ahora lo único universal es que todo carece del derecho a alentar y permanecer.
Antes sentía pasiones intensas: amores y odios.
Ahora sonrío cansado cada vez que la resta crece.
Antes la meta de todo era un beso, una caricia, un poder decir "te quiero" con todos los sentidos.
Ahora tras cada jeta veo la sonrisa de la calavera que se mofa de todos, e incluso de sí misma.
Antes el De Amicitia de Cicerón era mi clásico favorito.
Ahora Ibis de Ovidio es el libro con el que me incineraría.
Antes muchas cosas herían mi sensibilidad; y me tapaba la cara con las manos para no ver ciertas imágenes en la televisión o en el cine.
Ahora los telediarios no me parecen lo suficientemente crueles y el gore es una derivación de los cuentos infantiles que, incluso llevado a la práctica, sería monótono.
Antes, en la infancia, me sentía seguro y tranquilo, en paz.
Ahora me dicen que eran tiempos de crueldad, tiranía y exterminio; que es ahora cuando reina la paz. Y es ahora cuando no pasa una noche sin que estalle en carcajadas.
Antes me hechizaba la luz de la Luna.
Ahora sé que todas las lunas arden hechas cenizas ante los soles.
Antes me daban miedo los perros.
Ahora lloro todas las noches por la pérdida del único perro que he tenido.
Antes creía en la inocencia.
Ahora la inocencia es algo que hay que mostrar a los demás; y mostrarla es tanto como demostrar que se ha perdido.
Antes me estimulaban los premios y las recompensas y temía los castigos.
Ahora "premio" y "castigo" son términos de una moral gastada y podrida; pues todo es igual, ajeno a la bondad y la maldad, al estímulo y a la sanción.
Antes era un niño.
Ahora soy un Dios.

2 comentarios:
Pues si eres un dios, ves poniéndote las pilas, vas a trabajar más de lo que has trabajado en tú vida. No veas la de cosas que se le piden a un dios.
A quien los dioses tocan, queda marcado para siempre.
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