Nefastamente sorprendido
Acabo de llegar a casa tremendamente cansado y sentenciado. Camino de casa me he hecho un último regalo: La Stravaganza, de Vivaldi. Edición de lujo. Aunque no haya para comer, con dos cojones, ¡La Stravaganza! Entonces, antes de hacer lo que tengo que hacer, ha sucedido algo que me ha dejado, como aquél que dice, para el arrastre.
He leído algo de alguien a quien conocí. Cualquiera que conozca lo que sucedió entre Wagner y Nietzsche puede entender en estos momentos mi decepción, mi rabia, mi incredulidad. ¡Cómo alguien en quien deposité un mínimo de mi estima ha podido escribir semejante... -¿cómo puedo denominarlo? ¡No hay palabras!- ¡Qué bajeza! ¡Qué cosa tan infumable! Es lo más detestable y mediocre que he leído en milenios. Un tonel de azúcar, chocolate, nata, vainilla; sirope, caramelo y miel ingerido en diez minutos no haría tanto daño a mi paladar como semejante ejercicio de debilidad y de reptar. ¡Nunca la fuerza y la nobleza fueron más agredidas que en semejante advocación a la mediocridad! Siempre detesté la compasión; pero en este caso lo leído es abominable. Maldigo la casualidad que me ha llevado a posar mi mirada en esa inconsecuencia. Aunque no es tal inconsecuencia. Las palabras escritas comulgan con el rasísimo y vulgar adocenamiento de quien ha pegado tales estampitas en la pantalla. La crueldad, el odio, el desprecio; la agresión, la falta más absoluta de estima están a años luz de distancia frente a ese babosear sobre lugares comunes transitados por la más cristiana y socrática actitud ante la vida. ¡Qué peste de llaneza y sentido común almibarado! ¡Qué asco de tipicidad y topicidad! ¡Cómo es posible que un gusano llegue a tales subterráneos de planicie por aspirar a ser escama de una serpiente!

2 comentarios:
¿Pero qué has leído? ¿La homilía de alguna insatisfecha caridad venida a menos?
Mira que te he dicho veces que no leas la biblia al revés, no tiene el mismo efecto que los discos,jejejeje
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio