20.2.06

Ascensión



El gran altar, la gran fuerza, lo que ni los dioses pueden cambiar aunque todo fuese un sueño:
que lo que ha sucedido no pueda suceder.
Esta es la nueva religión: carecer.
Así es posible subir tan alto y volar tan ligero: sin nada.
La esperanza no es un símbolo entre el dios y los hombres.
Todo dios es hombre para el hombre.
La magia ha deshecho sus propios encantos cuando todos decidimos ascender.
Ni lágrimas ni luz, ni lluvia ni risas: sólo un arco iris hacia ningún hogar, porque el hogar no existe.
Abuelos, padres, hijos y nietos: escalera de color en manos de la muerte -esa es la suerte-.
Ascensión desde las aguas rotas por el útero después de que la carne rompiera la cuna del ser.
¡Qué alto hemos retrocedido!
¡Hemos progresado hasta nuestros orígenes!
¿Qué queda por hacer? Renacer.
El pasillo azul está flanqueado por esqueletos con casullas de carne.
Bajo las capuchas cada durmiente está decapitado.
Alza tu mano amputada hacia el cielo: ¡mira cómo brilla mientras sostiene lo que jamás pudiste ser!
Muchos han muerto, muchos mueren y más morirán por alcanzar el hogar que no existe.
Construye la torre, asciende, recupera -si puedes- lo que engañadamente pensaste que era tuyo.
Usa la fe y comprueba cómo el tiempo se detiene: ¿sientes cómo se para el corazón en la boca del estómago mientras se bautiza con el nombre de infarto?
Ahora, en ese acuminado dolor en que el tiempo se detiene, la sangre deja de fluir: el corazón está dejando la tierra como un arco iris de sangre.
¿Ves tu cuerpo inerte sobre la arena?
Y no por estar muerto has vuelto a tu hogar.


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