Lava
Hay canciones que duelen demasiado a veces. Esta tarde me duele el Lava de Protopsalti. El crepúsculo, la basílica de Atocha, el panteón de hombres ilustres... Colores que no se pueden describir, un paisaje del que conmociona lo efímero, un cielo repleto de claroscuros y presagios... Dolor... El lancinante dolor en el costado del alma. ¿Fue el gran dolor de Jesús morir en primavera? Siempre se muere en primavera... Y el miedo nunca cesa, ni cesa la melancolía; a no ser que todo ello, el amor incluido, evoque el antídoto inútil de la crueldad.
Esta tarde duele demasiado que la muerte se siente frente a ti tan suavemente, incluso con cariño, e intente comprensivamente que seas comprensivo. Y duele esa marcha entre fúnebre y gloriosa, genesíaca y agónica a la vez, de una Lava que quema los últimos cartuchos.
Esta tarde, sin irreverencias, me encuentro ante luces que se apagan y siento ese "aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya". Es una tarde cenicienta y mustia...

1 comentarios:
Cuando las canciones duelen, intento oir otras más alegres para no dejar paso a la melancolía.
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